
Entre ceniza y lluvia, Guayaquil pidió rumbo y compromiso a sus autoridades
Feligreses de Guayaquil cumplieron la tradición del Miércoles de Ceniza pese a las lluvias e inundaciones
La lluvia que cayó desde la madrugada de este 18 de febrero sobre Guayaquil alteró la jornada de cientos de feligreses que tenían previsto acudir temprano a las iglesias. Sectores del norte, centro y sur resultaron afectados por anegaciones; el tráfico colapsó en varias avenidas y, en el sur, vías altamente transitadas como la 25 de Julio registraron incluso la formación de “olas” de agua que dificultaron la movilidad. Calles inundadas, transporte irregular y barrios prácticamente bajo el agua obligaron a posponer visitas que, cada año, marcan el inicio de la Cuaresma.
Los feligreses se adaptan pese a las inundaciones
Cerca de las 10:00, el aguacero disminuyó y, de forma progresiva, los guayaquileños comenzaron a salir hacia las calles y parroquias de la ciudad. Muchos feligreses avanzaban con paraguas y procuraban cubrirse la frente para no borrar la ceniza, mientras otros optaron por llegar con botas de caucho, ante el nivel de agua que aún persistía en varias calles tras las inundaciones de la mañana. La cruz marcada en la frente de los fieles confirmó que la jornada religiosa se reactivaba pese a las complicaciones de las primeras horas.

La ceniza como símbolo de reflexión y renovación
El Miércoles de Ceniza, según enfatiza la Arquidiócesis, simboliza el llamado a la reflexión, al cambio interior y a la preparación espiritual que conduce hacia la Semana Santa. Para muchos creyentes, como la guayaquileña Marcia Ledesma, recibir la ceniza en la frente es un gesto que recuerda la fragilidad humana y la necesidad de renovación personal.
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En medio de esta jornada de fe, el sentido de la oración también reflejó el momento que vive la ciudad. En los últimos años, como ha venido publicando EXPRESO, el pedido recurrente durante las celebraciones ha sido la seguridad, debido al aumento de la violencia, sicariatos y extorsiones. Esta vez, muchos ciudadanos señalaron que su principal intención era pedir por el rumbo de Guayaquil, en un contexto marcado por las tensiones políticas.
Voces de los ciudadanos: fe y preocupación por la ciudad
“Guayaquil se está fracturando y eso me apena. Más allá de quién es el alcalde de la ciudad, pido que la tranquilidad llegue a los barrios, a los comercios, a las familias. El ambiente que vivimos es extremadamente conflictivo, deprimente… Queremos que las autoridades se preocupen por Guayaquil. En esta fecha es lo que pido”, expresó Doménica Vélez, residente de Acuarela del Río, quien cerca del mediodía se disponía a ir al centro para participar en una de las misas en la Catedral.

La tradición se mantiene pese al agua
La lluvia no apagó la intención de los fieles de cumplir con la tradición. Nathalia Andrade, de Samanes, contó que cada año acude en la mañana a la Catedral, pero esta vez le resultó imposible salir de casa por las inundaciones. “Todo estaba inundado, tuve que esperar. Ahora iré a una iglesia del norte, pero en la noche. Así llueva iré, saldré antes de casa. Esta fecha es importante para mí; contra todo pronóstico conmemoraré el Miércoles de Ceniza”, relató.
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Una situación similar vivió Vanessa Junín, residente de La Alborada, quien desde las 7:30 enfrentó el ingreso de agua a su vivienda. “Tenía todo listo para ir a la iglesia, pero el agua entró a mi casa. El transporte público está detenido y no todos los buses están parando. Salir así en Guayaquil es demasiado riesgoso… Todos los años yo celebro el Miércoles de Ceniza, no quiero ni puedo faltar”, señaló la ciudadana de 62 años.

Con el paso de las horas y la disminución de la lluvia, la afluencia a los templos aumentó. “Hoy todos debemos orar, volcarnos a nuestras parroquias. No estamos pasando por nuestro mejor momento. Y no hablo de seguridad, hablo de ciudad, como sociedad”, sentenció Abdón Rosero, quien se encontraba cerca del mediodía en Nuestra Señora de Czestochowa.
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