Guayaquil

El declive de las librerías

Las clases virtuales frenan la venta de libros y las pérdidas son enormes. El gremio cree que necesita más de un año para recuperarse

Librerías
Escenario. En Papelib, en Urdesa, las ventas son nulas desde hace tres meses. A diario son contados los clientes que van en busca de libros al lugar.Miguel Canales / Expreso

No solo a los restaurantes y a los centros de diversión el coronavirus les ha dejado un mal sabor de boca. Las librerías especializadas en vender libros para estudiantes de escuelas y colegios se quedaron con las estanterías llenas del material. Las clases en la región Costa iniciaron en junio, pero teniendo en cuenta que, por ahora, se dictan en la inédita metodología virtual, las compras no han podido realizarse. Al menos no en las cantidades de siempre. Y con ello, las ventas han caído. Son prácticamente nulas.

Los negocios, como relatan a EXPRESO sus dueños, se abastecieron del material -como cada año lo hacen- antes de que inicie la cuarentena y de que Educación decida que los alumnos estudiarían desde casa, en el mejor de los escenarios, frente a un computador.

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Aunque hay que diferenciar los establecimientos que venden materiales para escuelas de los que ofrecen únicamente libros, en forma general los ingresos en ambos casos son escasos. Y en algunos, las pérdidas alcanzan los cientos de miles de dólares.

Por la emergencia se redujo la lista de útiles y libros, ya que se procura que todas las actividades se desarrollen de manera digital con los estudiantes.


Patricia Ayala, rectora del Liceo Panamericano

Ana María Vallejo es la propietaria de Educa-Papel y Libros S.A. Papelib, y asegura que debido a no haber vendido el material a los 15 colegios particulares de Guayaquil, ni a las pequeñas librerías a las que anualmente -siempre esta fecha- provee; sumado a los pagos de sueldo a su personal y a los proveedores (Papelib importa, en gran parte, los ejemplares), ha tenido pérdidas que superan ya, en estos tres últimos meses, el millón de dólares.

Y es que hoy son contados los padres de los centros educativos que van en busca del material escolar, manifiesta.

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Las razones de ello no se limitan al hecho de que los libros, en el caso de los planteles públicos, sean proporcionados por el Ministerio de Educación (en ‘calidad de préstamo’, como publicó semanas atrás EXPRESO); sino que en los particulares, los alumnos se preparan a través de libros digitales que cuentan con este formato. O adquieren, como dispuso Educación -teniendo en cuenta la crisis económica generada también por el virus y la declaratoria de excepción, a fin de evitar la movilización de personas- únicamente los de las materias principales. Esto, hasta que las clases presenciales se reanuden.

Aunque la posibilidad de mejorar cuando las clases físicas vuelvan, existe; no creo que haya mayor diferencia, puesto que la situación seguirá difícil para todos.


Enrique Cifuentes, gerente comercial de Bookpoint

Frente a ese escenario, Antonio Alcántaro, padre de un menor que cursa el noveno año de básica en la Unidad Educativa Cayetano Tarruell, ha tenido que adquirir apenas 5 ejemplares de los 12 o 15 que su hijo necesita. El resto de material, detalla, el plantel se los proporciona a través de PDF descargables o copias que son enviadas vía mail. Situación que, aunque da un respiro a las familias, asfixia a los negocios.

Tras tener el protocolo para atender a los clientes en las tiendas físicas, aceptado por las autoridades el pasado 3 de junio, las librerías están enfocadas en trabajar en varias estrategias como sacar créditos y hacer promociones para promover la lectura, precisa Oswaldo Almeida, presidente de la Cámara Ecuatoriana del Libro y gerente de la Editorial Océano Ecuador.

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La situación no es fácil, pero la meta está en resistir por las 150.000 personas que, en promedio, advierte, trabajan en el sector y que incluyen editoriales y librerías. Almeida estima que en un año empezarían a recuperarse, aunque tiene esperanza en las ventas de diciembre. “Aunque por Navidad el incremento de ventas por la compra de libros no es tan alto como con los juguetes, si hay un mayor ingreso que si duplica lo que vende una librería, en comparación con cualquier otro mes del año”, explica.

La cifraEl 12 de junio, 445.000 estudiantes de las unidades educativas fiscales y fiscomisionales de la Zona 8 recibieron los textos escolares. Fueron entregados en ‘calidad de préstamo’ y deberán ser devueltos al término del año.

Sin embargo, la venta que logren en diciembre no va a compensar lo que no se logró hacer durante este año. “En la apertura de clases en la Costa había la intención de recuperar ingresos, ya que en el paro de octubre de 2019 también fuimos afectados”, señaló Manuel Ortiz, propietario de la librería Coquito.

Por ejemplo en este negocio, reconocido en Guayaquil, para la apertura de clases se contrata entre 90 a 120 personas para atender a los cuatros locales que hay en el Puerto Principal, aparte del personal de planta. “Pero este año no se pudo contratar a nadie. He tenido que despedir a 7 personas”, indica.

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Para cubrir los pagos la empresa ha solicitado un crédito, porque deben el alquiler mensual de dos de sus locales, lo que suma $ 10.600. A esto se debe sumar el pago de los salarios.

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En las librerías ubicadas en el centro de Guayaquil sus dueños no logran vender prácticamente nada desde febrero.Miguel Canales / Expreso

Ortiz no cree que cuando los alumnos regresen al aula las ventas subirán de manera representativa. Estima que la situación será la misma, puesto que “habrá padres que han perdido sus empleos y alumnos que no acudirán al aula por el temor al contagio”.

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Una opinión similar tiene el gerente comercial de Bookpoint, Enrique Cifuentes, quien ante las pérdidas reflejadas cerrará algunas de sus sedes. “Tenemos nueve a nivel nacional y definitivamente tendremos que achicarnos. ¿Cuántas cerraremos? Lo estamos analizando, pero debemos hacerlo porque de lo contrario no sobreviviremos”, explica; al hacer hincapié en que, a fin de levantar las ventas, incursionarán en otros negocios que no necesariamente irán ligados al mundo de los libros.

Nuestro público siempre han sido los padres y los niños, y aunque reconozco que nos gustaría incursionar en una línea, en estos momentos no podemos descartar nada

Manuel Ortiz, propietario

Para lidiar con la situación, de igual manera el gremio, detalla Almeida, ha empezado a hacer más promoción para estimular la lectura. Por ejemplo, en la cuarentena lograron realizar la Maratón del Cuento en Casa: Ecuador, un país que lee. Una actividad que se hace todos los años, pero que por la epidemia se la hizo de forma virtual, captando lectores hasta del extranjero.

Sin embargo, esta no es la única táctica a la que le apuestan los negocios. Vallejo, quien hace hincapié en que el declive se agudizó por la disposición de Educación, lo que cataloga como un error al argumentar que los alumnos necesitan de todos los libros que integran la malla curricular para tener un aprendizaje completo; ha empezado a entregar ejemplares a domicilio. Y no es la única.

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La Asociación de Libreros y Editoriales Independientes de Guayaquil también lo hace. Promociona una especie de combos literarios, a los que denomina canastas, e incluyen además de libros, agendas y cuadernos, mermeladas, café y cerveza artesanal.