
Dejar salir sola a su mascota: una costumbre letal en Guayaquil
El 18 % de los animales se pierde durante paseos sin supervisión. Expertos denuncian normalización del abandono en la urbe
La desesperación de una familia que pierde a su mascota tiene una geografía clara en Guayaquil. No es azar. Los datos del proyecto Alerta Me Perdí revelan que el extravío de animales no es un fenómeno aislado ni producto de la mala suerte, sino la consecuencia directa de un urbanismo desordenado y una ciudad que creció de espaldas a la convivencia interespecie.
Estadísticas locales del 2025
Durante el 2025, se registraron 3.392 reportes de animales perdidos a nivel nacional, con un énfasis crítico en los entornos urbanos densos. De cada 10 animales que se extraviaron, solo 3 lograron volver a casa. Esta estadística fría esconde una realidad que expertos y activistas señalan como un síntoma de salud pública y planificación territorial.
Para el arquitecto y urbanista Fredy Olmedo, las cifras son el resultado de un "síntoma urbano". "Una ciudad que no planifica su relación con la vida humana ni no humana, termina produciendo desorden, abandono y violencia normalizada", explica.
Guayaquil, señala, se desarrolló priorizando la infraestructura dura y la velocidad vehicular, dejando al peatón —y por extensión a la fauna urbana— en la indefensión. "El resultado es una ciudad sin parques adecuados, sin bebederos, sin sombras, donde los animales quedan fuera del diseño".
La distribución territorial de los reportes respalda esta tesis. La pérdida se concentra en sectores de alta densidad como el Suburbio, Guasmo, Mucho Lote y Sauces. No son zonas aleatorias. Yvonne Roca, de la Fundación Rescate Animal, conoce bien el terreno. "Recibimos más reportes de zonas con crecimiento acelerado, informalidad y mucho tránsito vehicular. Donde hay más desorganización urbana, hay más animales perdidos", sentencia.
En el norte (Sauces, Mucho Lote), el diseño urbanístico repetitivo y laberíntico dificulta que un animal desorientado encuentre el camino de retorno. En el sur y el suburbio, la alta densidad y el acceso directo a la vía pública facilitan que un descuido, una puerta mal cerrada, se convierta en una tragedia. El 40,8 % de los casos se debe a escapes o puertas abiertas, lo que evidencia deficiencias en los cerramientos y control de accesos en las viviendas.


Pero el problema no es solo de ladrillo y cemento; es también cultural y político. Eliana Molineros, veterinaria de Proyecto Sacha y exdirectora de Bienestar Animal, apunta a la normalización del abandono. "Cuando la ciudadanía se expone permanentemente a un acto incorrecto, como ver animales en la calle, lo toma como normal. El abandono es uno de los actos más crueles porque dejas al animal vulnerado, imposibilitado de resolverse a sí mismo", reflexiona.
Molineros sugiere mirar modelos exitosos como el holandés, basado en esterilización masiva y educación. Sin embargo, reconoce que sin política pública, el esfuerzo es insuficiente. "La política pública traza las reglas para que la sociedad funcione", afirma. Coincide con Roca, quien cree que una normativa fuerte encamina la cultura. "Si tuviéramos una política clara de transporte público para animales, de espacios en parques con reglas de convivencia, la historia sería otra", añade la activista.
El informe de Alerta Me Perdí es lapidario en las causas estructurales: falta de esterilización (solo el 23 % de los extraviados lo estaba) y ausencia de identificación (el 75 % no tenía collar). Pero hay un dato que preocupa aún más: el 18,7 % de los animales se perdió tras salir "como de costumbre". Es decir, existe una práctica arraigada de permitir el libre deambular, una ruleta rusa en una ciudad hostil.
"Se ha normalizado que los animales paseen solos y vuelvan porque conocen el camino", critica Roca. "Pero nadie explica que ese perro puede ser atacado, envenenado o atropellado". De hecho, muchos de los que no vuelven, probablemente murieron en silencio bajo las ruedas de un vehículo en una ciudad diseñada para la velocidad.

Brick Reyes, arquitecto y docente universitario, pone el dedo en la llaga de la gestión: "Más que una falta de planificación urbanística, es una falta de administración y control del espacio público. Existen ordenanzas, pero no se aplican las sanciones". Para Reyes, la solución pasa por implementar espacios exclusivos y, sobre todo, hacer cumplir la ley a los propietarios irresponsables.
Una ciudad donde la falta de esterilización, la informalidad en la vivienda y la ausencia de cultura ciudadana convergen para crear una trampa mortal.
"Si tuviéramos a todos los animales identificados, con microchip, y las mismas reglas estrictas de convivencia que tenemos las personas, la historia sería otra", concluye Roca con una visión que va más allá del rescate: la integración. "Necesitamos elevarlos, considerarlos ya como parte de la sociedad".
Este Diario solicitó una entrevista con el director de ProAnimal, Carlos Román, pero el Municipio designó a Bianca Salme como vocera de la Dirección, y la entrevista será este viernes 16 de enero.



