Claudia Tobar Cordovez | La ingrata vejez
El envejecimiento poblacional no es un problema individual, es un desafío social
Cuando uno imagina su vejez, suele romantizar la idea de paz, tranquilidad, ausencia de trabajo y compañía permanente de seres queridos. La realidad es que para muchos envejecer es un proceso ingrato y profundamente solitario. Amigos y compañeros, si aún viven, ya no tienen la misma movilidad para visitarse o reunirse. Ellos también enfrentan sus propias limitaciones físicas y necesidades de cuidado. La familia que uno crió, lamentablemente, no siempre puede estar al lado; con sus ocupaciones y vidas propias, no siempre son fuente constante de compañía.
Envejecer es un proceso de pérdida progresiva de independencia. Poco a poco descubres que necesitas apoyo para realizar tareas básicas del día a día. Gracias a los avances tecnológicos y a la medicina moderna, la expectativa de vida aumenta y vivimos más años. Para 2040 se espera que haya alrededor de 1,9 millones de personas de 60 años o más en el país, lo que representaría un incremento de 85 % respecto a 2022. La pregunta es inevitable: ¿estamos preparados para enfrentar una vejez más larga?
En Ecuador ya existen servicios dirigidos al adulto mayor. Algunos ofrecen cuidado diario; otros, vivienda permanente con atención especializada. Estos espacios pueden ser un refugio que garantiza socialización, acompañamiento profesional y vigilancia continua. El problema son sus elevados costos.
El adulto mayor no solo enfrenta soledad y pérdidas emocionales, también debe sostener gastos crecientes. Sin un ingreso de jubilación suficiente, se ve obligado a cubrir costos médicos, medicamentos, cuidadores y adaptaciones del hogar sin contar con los recursos necesarios. La preparación para esta etapa no comienza a los 60 años. Empieza mucho antes. Si desde los 20 o 30 años cultivamos el hábito del ahorro y la planificación financiera para la vejez, el tránsito será menos incierto.
El envejecimiento poblacional no es un problema individual, es un desafío social. Debemos planificar y atender esta etapa con la misma prioridad con que invertimos en la niñez. Las condiciones de vulnerabilidad que viven miles de adultos mayores en nuestro país son críticas y exigen una conversación seria, estructural y urgente.