Editorial | Cumbayá: obras que no acaban nunca
La ciudad tiene derecho a las obras que necesita, pero también tiene derecho a saber, con precisión, cuándo van a concluir
Cumbayá lleva meses convertida en cuello de botella para la movilidad en el valle de Tumbaco. Los cierres viales, desvíos, polvo, ruido y congestionamientos que se extienden desde el túnel Guayasamín hasta el corazón comercial del valle, son evidencia de este fenómeno. Ahora, con el inicio de dos nuevas intervenciones -la rehabilitación entre el redondel de Las Bañistas y la avenida Pampite, y la estabilización urgente del talud en Miravalle- la zona enfrenta otra larga etapa de caos vial que parece no acabará hasta finales de abril.
Nadie niega que las obras son necesarias: la avenida Oswaldo Guayasamín era una deuda histórica de infraestructura, y los taludes inestables representaban un riesgo real para decenas de miles de conductores que diariamente conectan Quito con los valles orientales. Invertir en esta vía es, sin duda, una decisión correcta aunque muy postergada.
Pero la ejecución fragmentada y sin una comunicación clara hacia la población, ha convertido lo urgente en algo que parece ser interminable. Los negocios reportan caídas en ventas y los vecinos acumulan frustraciones. La ciudad tiene derecho a las obras que necesita, pero también tiene derecho a saber, con precisión, cuándo van a concluir.