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Diario Expreso Ecuador

La peor hora del arbitraje ecuatoriano

Análisis | La falta de árbitros en los últimos Mundiales no es casualidad. Errores, escasa presencia internacional y dependencia del VAR

Guillermo Guerrero, árbitro ecuatoriano, estaba en el proceso para llegar a Qatar, pero no entró en la nómina de colegiados.

Guillermo Guerrero, árbitro ecuatoriano, estaba en el proceso para llegar a Qatar, pero no entró en la nómina de colegiados.API

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Lo que debes saber

  • Árbitros ecuatorianos quedan fuera del Mundial 2026 por crisis de nivel y falta de formación.
  • FIFA excluye al referato de Ecuador para 2026 tras polémicas en Copa América y torneos de Conmebol.
  • Dependencia del VAR y errores académicos hunden la gestión de Néstor Pitana en la FEF este 2026.

Carlos Vera fue cuarto juez en la final de la Copa del Mundo de Brasil 2014. El manabita, junto al todavía activo Christian Lescano, formaron parte del equipo arbitral que dirigió aquel Alemania-Argentina. Difícil era imaginar, doce años después, que el referato ecuatoriano nunca más asistiría a un Mundial.

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Ecuador no clasificó a Rusia 2018 y tampoco hubo representantes arbitrales del país en esa contienda, marcada por la aparición del VAR. La ausencia de la selección en ese torneo pudo haber influido para que los mejores árbitros de entonces -Omar Ponce y Roddy Zambrano- no fueran tomados en cuenta.

Pero la selección regresó al Mundial en 2022 y, nuevamente, no hubo jueces nacionales considerados. Ya era la época de Augusto Aragón, Franklin Congo, Guillermo Guerrero, Carlos Orbe y otros, cuyo desempeño no ha estado a la altura de sus predecesores en esta línea de tiempo.

Augusto Aragón es el árbitro que dirigirá el primer Clásico del Astillero 2024

Augusto Aragón es el árbitro que dirigirá el primer Clásico del Astillero 2024cortesía

Es imposible compararlos también con nombres de épocas anteriores, como Byron Moreno, Elías Jácome, Alfredo Rodas o el ya mencionado Vera, todos con una real presencia internacional.

FIFA convocó a 123 árbitros para Qatar 2022, entre centrales, asistentes y VAR. El aumento de equipos y partidos obliga a nombrar 170 colegiados para el Mundial 2026.

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Ni siquiera ese incremento de cupos le dio oportunidad al referato nacional que, junto al de Bolivia, son los únicos de la Confederación Sudamericana de Fútbol que no han sido tomados en cuenta para el máximo evento del fútbol mundial.

Esto se veía venir. En la última Copa América 2024, celebrada también en Estados Unidos, Conmebol no designó como central a Augusto Aragón en ningún partido y este tuvo que conformarse con ser cuarto juez en tres encuentros.

El último antecedente de un ecuatoriano conduciendo un partido importante en competencias internacionales se remonta a 2019, cuando Roddy Zambrano pitó el Brasil-Argentina de la Copa América, que terminó envuelto en polémica por su desempeño.

El referato ecuatoriano es poco tomado en cuenta internacionalmente

El referato ecuatoriano es poco tomado en cuenta internacionalmentearchivo

Las designaciones internacionales, tanto en Libertadores, Sudamericana como en eliminatorias, son un síntoma claro de la poca calidad de los árbitros ecuatorianos. Están relegados a dirigir cotejos menores, donde también cometen errores que los dejan expuestos.

Si no lo creen, revisen las críticas a Augusto Aragón por sus decisiones insólitas en el partido de Libertadores entre Gremio y Montevideo City, el pasado miércoles. Entonces, la marginación de FIFA para el Mundial resulta muy sencilla de explicar.

El déficit de figuras emergentes en el arbitraje

¿Qué árbitro importante ha surgido en Ecuador después de Qatar 2022? Ninguno. ¿Bryan Loaiza? Ha tenido oportunidades y su irregularidad lo condena a ser uno más en el alarmante surtido de mediocridad que hoy soporta el referato. Semana a semana se repiten los errores generales: desconocimiento académico, falta de personalidad y firmeza, y descontrol de las acciones.

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A estos males hay que agregar uno de la nueva época: los jueces de reciente aparición han desarrollado una dependencia exagerada del VAR.

Dejan de sancionar acciones que un árbitro de la antigua escuela, sin disponer de esa herramienta, señalaba a golpe de vista, sin asistencia externa. ¿Un ejemplo? Anthony Díaz, en el partido entre Universidad Católica y Emelec.

Díaz no pitó el penal cometido por Luis Moreno (Católica) sobre Jeampaul Moreno (Emelec). Para rematar, los jueces del VAR (Mario Romero y Jaime Sánchez), pese a tener las imágenes a disposición, tampoco advirtieron la clara infracción.

Vera pitó en el Mundial de 2014 que se disputó en Brasil y estuvo además en la final.

Vera pitó en el Mundial de 2014 que se disputó en Brasil y estuvo además en la final.Archivo

Y así, fecha a fecha, los nuevos árbitros dirigen con el criterio de no sancionar porque en el VAR habrá alguien que, finalmente, los corrija y los salve. Es una generación que supedita su criterio a una herramienta que debe ser puramente asistencial y que, si no se usa bien -como ocurrió en el partido entre Católica y Emelec-, puede terminar causando perjuicio

La llegada del argentino Néstor Pitana para dirigir la Comisión Nacional de Arbitraje, hace dos años, parecía una medida para recuperar el nivel de la actividad local. Lo cierto es que el saldo de su gestión no entrega resultados visibles, sobre todo por la evidente falta de formación. La ausencia del referato nacional en el Mundial y la falta de nombres emergentes para el futuro inmediato deberían llamar la atención sobre el alcance real del trabajo del argentino.

La calidad de los árbitros ecuatorianos y su nula evolución es un pasivo totalmente imputable a la Federación Ecuatoriana de Fútbol. A escala local, se trata de un lastre que perjudica semana a semana a los equipos del medio local. Fuera de las fronteras, no contribuye a edificar el prestigio del fútbol del país, tan promocionado en estos últimos años.

La actividad referil ecuatoriana vive la peor etapa de su historia y, para rematar, no hay visos de recuperación. Y ni hablar de los constantes reclamos gremiales, de la lejana posibilidad de profesionalización y de la precarización que expone a los jueces a peligros muy visibles.

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