
Pop Up, la exposición colectiva que reúne arte local en Piece of Cake
La exposición Popup reúne escultura y pintura para reflexionar sobre identidad, paisaje y cotidianidad desde el arte local
Samborondón consolida su agenda cultural con la llegada de 'Pop Up', una ambiciosa exposición colectiva que convierte a la galería Piece of Cake en el epicentro de la creación visual de la zona. La muestra reúne el talento de 30 artistas locales con más de 100 piezas, que reflejan la riqueza y diversidad de los lenguajes artísticos actuales.
La exhibición, que abrió sus puertas el 15 de diciembre con la intención de fomentar el coleccionismo y la adquisición de arte durante las festividades, mantendrá su permanencia en Moderna Plaza hasta el 15 de enero. Esta propuesta ofrece un recorrido dinámico que busca conectar la creación visual con la comunidad, distinguiéndose por no limitarse a una sola técnica ni a un estilo específico; por el contrario, despliega un abanico de expresiones que abarcan desde la escultura hasta la pintura sobre soportes como papel, tela y madera.
En este espacio, el manejo del acrílico, el óleo y las técnicas mixtas dialogan entre sí, permitiendo al espectador apreciar las distintas formas de concebir y materializar el arte contemporáneo. Esta convergencia de estilos en un mismo recinto no solo enriquece la oferta cultural de la zona, sino que invita a una reflexión profunda sobre la diversidad estética de nuestros creadores.
La galería recibe al público de lunes a sábado, en un horario de 10:00 a 18:00, consolidándose como una parada obligatoria para quienes buscan conectar con la sensibilidad artística antes del cierre de la exhibición.
La primera muestra colectiva de la galería Piece of Cake
Sebastien Melieres, parte del equipo de la galería y de la Fundación ProArte, explicó que la selección de los artistas se basó principalmente en el talento y la calidad de su trabajo. Además, señaló que esta es la primera vez que Piece of Cake realiza una exposición colectiva, ya que anteriormente las muestras se enfocaban en artistas individuales con grupos de 20 o 30 obras.
Respecto a este cambio de formato, Melières comentó: “La idea era que la gente comprara arte para Navidad. En lugar de comprar lo que siempre se compra, que regalaran una obra de arte. Esa fue la motivación”.
A través de las piezas, se comparten historias, experiencias y miradas personales que se traducen en lenguajes visuales diversos y complementarios. “Cada ser humano tiene su historia; los artistas, más aún. Cada uno tiene una historia que contar”, indicó Melières, destacando que en la muestra conviven el collage, la escultura y la pintura en óleo o acrílico.
La muestra también busca acercar al público a los artistas, a quienes Melières define como “los héroes de la vida cotidiana”, pues “se levantan por la mañana para pintar, para crear, sin saber si van a vender”. En ese sentido, "Pop Up" propone romper con la rutina e invitar a los ciudadanos a explorar nuevas experiencias estéticas, ya que, según el vocero, “sin ellos, creo que la sociedad no crece, no evoluciona”.
Además de la contemplación, la exposición ofrece la posibilidad de adquirir las obras, permitiendo que estas salgan de la galería y formen parte de espacios cotidianos. Para Melières, este vínculo es vital porque “una obra te dice mil cosas, el artista te despierta, te genera preguntas, y quieres comprar la obra, tienes que llevártela, que es la idea”. De esta manera, el arte llega a los hogares para perdurar, bajo la premisa de que “la obra tiene su propia vida. Todos saben que te sientas en una sala y ves un cuadro, y cada día ves algo diferente”.
Bajo esta premisa de voces únicas y miradas profundas, tres de estos 'héroes cotidianos' abren las puertas de sus procesos creativos para revelarnos el origen de sus piezas: la conexión con la tierra, la exploración del color y la identidad plasmada en el lienzo.
Diego Cuesta: La búsqueda de lo natural a través del barro

El artista y escultor Diego Cuesta define su propuesta creativa desde una concepción ligada a lo indómito. Para él, su obra es el resultado de una búsqueda personal por reconectar con la naturaleza. “El estilo básicamente trata o pretende ser salvaje, en la medida de lo posible, porque no soy un ser salvaje, me he criado en la ciudad, pero siempre he tenido esa ansiedad o esa gana de vivir el modo natural, libre quizás”, señaló.
Esta pulsión por lo elemental se manifiesta no solo en el concepto, sino en la esencia misma de su técnica. A través del barro —material que emana directamente de la tierra— el artista construye formas inspiradas en paisajes naturales, como las montañas de las playas ecuatorianas, y en figuras animales que desafían la mirada del espectador. La elección del barro es estratégica: el uso de este elemento orgánico refuerza el vínculo físico entre la pieza terminada, la naturaleza y su origen común.
En su repertorio de animales, Cuesta otorga un lugar protagónico a criaturas que suelen ser incomprendidas. Entre ellas destaca la zarigüeya, una de las esculturas centrales de su muestra. El artista explicó que la elección de este animal responde a que se trata de una especie que suele generar rechazo social y temor. “Me agrada la fobia que puede dar, pero en términos visuales nada más, porque obviamente ha sido por ignorancia”, señaló.
Para el escultor, esa aversión es el punto de partida para una reflexión sobre el prejuicio. Cuesta sostiene que la percepción negativa sobre este marsupial responde al desconocimiento de su comportamiento y su función vital en el ecosistema. “Porque al saber que el animal se espanta y se paraliza y no hace nada y que solo come todo lo que nos puede hacer daño realmente a nosotros, como serpientes y cosas así”, indicó, subrayando así la distancia que existe entre la apariencia salvaje y la nobleza de su rol natural.
El paisaje como un instante en movimiento

Además de su enfoque en la fauna, Cuesta explora la geografía cambiante a través de esculturas que recrean paisajes naturales. Una de sus piezas clave toma como referencia la montaña La Punta, en Montañita, un entorno que el artista utiliza para reflexionar sobre la transformación constante del territorio.
Al referirse a esta formación natural, el escultor explicó que su obra funciona como un testimonio de un paisaje que el tiempo ha modificado. Señaló que la montaña ya no se observa como hace algunos años, por ejemplo en 2022, sino que ha experimentado cambios progresivos. Esta elevación, conocida por su forma particular, de la cual emerge una punta que da origen a su nombre, ha sufrido un visible desgaste. “Ahorita ya ha caído más todavía, claro. Ya está totalmente transformada”, relató.
Para el artista, este proceso de erosión y cambio no es un defecto, sino la esencia misma de la naturaleza. Según señaló, el aspecto actual de la montaña responde a ciclos naturales inevitables: “El paso del tiempo ha hecho que esto tenga esta forma y durante el tiempo seguirá cambiando”.
Bajo esta premisa, Cuesta subraya que su intención no es congelar la naturaleza de forma permanente, sino capturar un eslabón dentro de su evolución biológica y física, afirmando que “la escultura data de un momento en el tiempo”. De este modo, la pieza se convierte en un archivo visual de una etapa específica, un lapso que el artista sitúa entre los últimos años.
Realismo espontáneo: la cotidianidad convertida en imagen
En contraste con la escultura, la pintora Pamela Arcos propone un recorrido por lo cotidiano a través de lo que ella denomina Realismo Espontáneo, una mirada que se detiene en escenas simples y fragmentos de la vida diaria. “Lo que trato de expresar son momentos cotidianos, fragmentos cotidianos, esos pequeños escenarios que muchas veces, algunas veces, los pasamos por desapercibidos totalmente”, explicó la artista
Arcos señaló que esta colección, titulada Mini Postales, marca una diferencia con su trabajo habitual. “Esta colección es un poco distinta a mi lenguaje artístico que he venido trabajando”, indicó. A través de escenas como el vendedor ambulante de granizado, conversaciones entre adultos mayores o espacios urbanos, la artista construye lo que define como “postales emocionales comunes, pero con significado”

En cuanto a la técnica, la pintora explicó que el carácter espontáneo de su obra está directamente relacionado con su forma de trazar. “Lo digo espontáneo porque mis trazos son realmente espontáneos”, señaló, al detallar que trabaja con acrílico, tinta y espátula.
Para esta exposición, Arcos decidió alejarse del color, una elección consciente dentro de su proceso creativo. “Normalmente, yo trabajo con muchos colores y en formatos grandes, pero quise hacer algo distinto en esta ocasión, hacer un formato más pequeño y quitar en esta ocasión el color, es decir, trabajarlo en blanco y negro”, explicó.
Según indicó, esta decisión le permitió enfocar la atención en escenas recogidas de distintas partes del país y en la carga emocional que estas contienen.
Una mirada estética sobre lo cotidiano
Esa misma voluntad de rescatar lo que el ojo ignora se manifiesta en la obra de Gaby Cabezas, aunque desde una vereda cromática distinta. Si Arcos apuesta por la síntesis del blanco y negro, Cabezas utiliza la luz como una herramienta para transformar la rutina en un escenario de contemplación estética. Bajo esta premisa, su pincelada se inscribe dentro de una línea inspirada en el impresionismo, corriente que reconoce como su mayor referencia por el uso del color como eje narrativo. Así, mediante escenas y objetos comunes, la artista invita al espectador a detenerse ante aquello que suele extraviarse en el ruido de la rutina diaria.
La artista explica que su elección de la cotidianidad como tema central responde a una manera distinta de mirar el entorno. “Muchas veces pienso que cuando cambiamos nuestra forma de ver las cosas, incluso si suena redundante, las cosas que vemos también cambian”, señala. En ese ejercicio de observación, afirma que existen “elementos, escenas y objetos que usamos y vemos todos los días, pero que pasan totalmente desapercibidos”, y que su trabajo busca precisamente resignificarlos a través de la pintura.
La técnica y la identidad en lo cotidiano

Más allá de la herencia del impresionismo en su propuesta, Gaby Cabezas otorga un rol protagónico a la materialidad como eje de su proceso creativo. Si bien el óleo es su lenguaje predilecto, la artista transita hacia el acrílico con una exigencia técnica clara: preservar la unidad visual de su obra. “Todo está hecho principalmente en óleo, pero cuando uso acrílico siempre trato de que se parezca un poco a la textura del óleo”, explica, revelando una búsqueda constante por la densidad y el relieve, independientemente del pigmento utilizado.
Esa preocupación por la forma y la textura trasciende lo puramente estético para adentrarse en una reflexión sobre el valor de lo cotidiano. Según la artista, su propuesta invita a detener la mirada en el entorno inmediato: “La idea es que valoremos todo lo que está presente en nuestra vida todos los días”, señala. Para Cabezas, este ejercicio de apreciación no se limita a los vínculos humanos, sino que se extiende a aquellos objetos que, en su aparente sencillez, construyen identidad y resguardan la memoria.
En ese sentido, sus obras no buscan constituir un autorretrato personal, sino una reflexión más amplia sobre la identidad. A través de objetos cotidianos, la artista plantea que la representación de una persona no se limita al rostro, sino que también puede construirse a partir de aquello que la acompaña y la define en su vida diaria. “A veces el autorretrato no tiene que ser el rostro humano, sino los objetos que te representan”, reflexiona, ampliando la noción tradicional de identidad dentro de su trabajo artístico.
El arte local como espacio de encuentro
La exposición Pop Up, presentada en la galería Piece of Cake, se consolida como un espacio donde distintas miradas y lenguajes visuales dialogan en torno a la identidad, el territorio y la cotidianidad. Desde la escultura en barro que registra la transformación del paisaje y el paso del tiempo, hasta la pintura que resignifica escenas diarias y objetos comunes, la muestra propone una lectura diversa del arte contemporáneo local.
Más allá de las técnicas y estilos, las obras comparten una intención común: acercar al público a procesos creativos honestos, anclados en la experiencia y la observación, y abrir un diálogo entre artistas y espectadores que trasciende el espacio expositivo y reafirma el valor del arte como parte viva de la ciudad.
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