
Nueva Acrópolis promueve voluntariado ambiental con señaléticas en el Cerro Paraíso
La organización impulsa voluntariado ambiental y colocará señaléticas en senderos del Cerro Paraíso
Una filosofía que busca llevar las ideas a la acción. Esa es la base del trabajo que impulsa Nueva Acrópolis, una escuela presente en más de 40 países y con sedes en varias ciudades del Ecuador, donde promueve el estudio de la filosofía y el voluntariado como herramientas para transformar la sociedad.
En el país, la institución mantiene sedes en Quito, Guayaquil, Portoviejo, Ibarra y Machala, entre otras ciudades. Desde estos espacios impulsa actividades académicas, culturales y sociales inspiradas en las corrientes filosóficas clásicas.
Según explica César Salazar, miembro de la escuela, la enseñanza que promueven busca ir más allá de la teoría. “Nueva Acrópolis tiene básicamente dos ejes. Uno es fomentar el estudio filosófico a la manera clásica, lo que implica que no solamente hay que leer filosofía, sino ponerla en ejecución para la vida cotidiana. Es una filosofía práctica la que estudiamos”, señala.
Filosofía aplicada al voluntariado
El segundo eje de la organización es el voluntariado, que se divide en dos áreas principales: social y ecológica.
Durante varios años, los voluntarios realizaron actividades de apoyo en comunidades vulnerables de Guayaquil, donde desarrollaban charlas educativas y entregaban alimentos a niños.
En el ámbito ambiental, la organización impulsó durante años jornadas de limpieza en playas de la isla Puná, especialmente en el sector de Bellavista, donde se acumulaban grandes cantidades de desechos arrastrados por las corrientes marinas. “Nosotros cruzábamos en bote, recogíamos la basura y la traíamos otra vez al continente para que se la lleve el servicio de recolección”, recuerda Salazar.
Salazar también detalló cómo se organizaban las jornadas de voluntariado y el impacto que estas tuvieron en las comunidades. Según explicó, las convocatorias se realizaban a través de redes sociales y grupos internos, reuniendo generalmente entre 15 y 30 voluntarios por actividad. “Nos organizábamos previamente para trasladarnos en buses facilitados por la ESPOL y, en algunos casos, utilizábamos un bote para llegar a ciertos sectores costeros”, señaló.

Durante las jornadas se realizaban principalmente limpiezas de playas, donde los participantes recolectaban grandes cantidades de desechos como plásticos y redes de pesca utilizando fundas y herramientas básicas. Según indicó, en algunas ocasiones también existió apoyo externo. “Una de las empresas que brindó su apoyo a estas iniciativas fue la compañía Escudo Verde”, señaló Salazar, al referirse al aporte de empresas privadas que promovían materiales y herramientas para estas actividades.
Sin embargo, los cambios en las condiciones de seguridad en algunas zonas costeras obligaron a suspender temporalmente estas actividades.
La nueva iniciativa en el Cerro Paraíso
Actualmente, el voluntariado ecológico se desarrolla en el Cerro Paraíso, un espacio natural ubicado en Guayaquil que ofrece senderos y miradores con vista hacia el Estero Salado y gran parte de la ciudad. En este lugar, el grupo impulsa una nueva iniciativa que busca mejorar la orientación de los visitantes y fomentar un recorrido más organizado dentro del área natural.
Según explicó César Salazar, el proyecto contempla la colocación de aproximadamente 24 señaléticas, el sábado 25 de abril, las cuales estarán distribuidas a lo largo de la ruta del sendero dentro del cerro. Estas señalizaciones permitirán guiar a las personas que recorren el lugar, facilitando el tránsito por los caminos y ayudando a identificar mejor las rutas disponibles.
La ejecución de este plan se encuentra actualmente en fase de gestión institucional. Salazar aclaró que el grupo está coordinando con el Municipio para obtener la autorización correspondiente antes de proceder con la instalación física. “Todavía no tenemos una fecha definida porque primero debemos cumplir con los permisos para poder colocar las señaléticas”, explicó el vocero.
Una vez obtenida la autorización, la instalación se realizará mediante jornadas de voluntariado similares a las que el grupo ha organizado anteriormente. La convocatoria se difundirá a través de redes sociales y entre los propios miembros del colectivo. “Hacemos la convocatoria por redes y entre nuestros miembros; cuando ya estamos en el lugar, se asigna un trabajo específico a cada persona”, señaló Salazar sobre la forma en que se organizan las actividades.
La iniciativa busca identificar especies de árboles y guiar a los visitantes en los caminos del cerro. “Pensamos señalizar algunos árboles, para que la gente y los niños se vayan familiarizando con la naturaleza y sepan los nombres de los árboles que tenemos aquí”, detalla.
Más allá de este componente pedagógico, la nueva señalética cumple una función esencial de seguridad. Al respecto, el colectivo enfatiza que la ruta presenta bifurcaciones que pueden desorientar a quienes exploran el cerro por primera vez. Por ello, la instalación de flechas indicativas hacia la izquierda o derecha será clave para complementar el aprendizaje con un recorrido intuitivo y sin contratiempos.
Voluntariado con recursos propios
En cuanto a los recursos necesarios para el proyecto, Salazar señaló que los materiales se obtienen gracias al apoyo de la comunidad. Las señaléticas se elaboran mediante donaciones realizadas por los propios miembros del grupo y por ciudadanos que desean colaborar con la iniciativa. Este tipo de aportes permite que el proyecto pueda desarrollarse sin depender de financiamiento institucional y, al mismo tiempo, fortalece la participación ciudadana en las actividades de conservación del entorno natural.
La iniciativa de señalización es, en esencia, un reflejo del compromiso del colectivo por promover el voluntariado ambiental y el cuidado de los espacios naturales en Guayaquil. Al incentivar la participación ciudadana en la protección del Cerro Paraíso, el grupo busca que cada acción contribuya a un sentido de pertenencia más profundo con el entorno.
Servir sin esperar recompensa
Esta labor se fundamenta en una visión de servicio desinteresado. Para los miembros de la organización, el voluntariado trasciende la ejecución de tareas técnicas y se instala en una dimensión filosófica: actuar sin esperar beneficios personales. “Nos enseñan que hay que hacer las cosas sin esperar nada a cambio, ni siquiera las gracias o el reconocimiento”, afirma Salazar.
Bajo esta premisa, el trabajo comunitario se convierte en una herramienta de transformación personal. “La bondad hay que ejercitarla y la generosidad hay que practicarla. Mientras más lo haces, más se vuelve parte de tu vida”, concluye Salazar, subrayando que el verdadero impacto del proyecto no solo queda grabado en los senderos, sino en el carácter de quienes los cuidan.
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