
Lemaler: La historia de una familia que convierte tela en un sueño ecuatoriano
La familia González Robalino transformó su taller textil en Lemaler, una marca premium de ropa para mujer hecha en Ecuador.
La familia González Robalino ha vivido entre algodón, lino, poliéster y suafos por más de cuatro décadas. Sus máquinas trabajaron al servicio de muchos, mientras su propio nombre quedaba en segundo plano. En 2020, con el planeta en pausa, ese sueño guardado como un patrón perfecto pero nunca cortado, por fin encontró su tela. "¿Por qué no ahora?", se preguntaron. Dieron un paso arriesgado y pusieron todos esos anhelos en papel para que nazca Lemaler.
El impulso inicial derivó en resultados concretos en un corto plazo, con prototipos listos en tres semanas. Y en dos meses, la marca en la percha. Empezaron con ropa de hogar, esa que pide sofá y teletrabajo. Pero la esencia, el corazón del proyecto, siempre fue otra cosa. Era el momento de dejar de coser la visión de otros para tejer la propia, una que llevaba cuarenta años en espera.
Hecho en Ecuador: Un sello de honor, No solo una etiqueta
Ellos llevan el "Hecho en Ecuador" como un sello de honor, más que como una etiqueta obligatoria. Aquí, la calidad trasciende a un departamento: se vive como un ritual casi metódico. Ellas mismas (María Elena mamá, María Elena hija, Adriana, Daniela y Mariana) son las primeras modelos, las críticas más duras, las que prueban una prenda "mil veces hasta que queda". Creen, con una fe a prueba de aranceles, que si ellas no sienten la tela como propia, nadie lo hará. Este afán por el detalle, este compromiso con la excelencia, es lo que según ellas las hizo sobresalir en el mercado local. "La exigencia que tenemos hacia nosotros mismos es bien alta", confiesan. Ese nivel autoimpuesto garantiza que cada prenda que sale de sus talleres compita, sin complejos, con cualquier marca internacional que se encuentre en un centro comercial.
La producción local: Un desafío que forja la calidad
Producir en Ecuador tiene su épica particular. Hablando de una legislación que cambia como el clima de la Sierra, de una cadena de producción que compran con la de Colombia o Perú y se encoge, y del fantasma del contrabando. Comprar botones o cremalleras puede ser una odisea de nueve meses que, de la noche a la mañana, un decreto la vuelve más cara. "Es un desafío bien grande", admiten, pero en esa dificultad ven lo bueno: cada pieza lleva el sudor y el talento de manos ecuatorianas de principio a fin.
Ellas miran a sus vecinos y ven cadenas textiles verticales diez veces más fuertes. Pero en lugar de desanimarse, esa realidad alimenta su determinación. Cada camisa, cada blusa, es el resultado final de un ejército silencioso: quienes cortan la tela, quienes la cosen, quienes planchan y empaquetan. "Si le va bien al producto, es porque lo estamos haciendo muy bien", concluyen con un orgullo que sabe a victoria diaria.
El eeconocimiento en Magic Tradeshow: El "Wow" que los puso en el mapa
Llegó en una feria en Estados Unidos, la Magic Tradeshow. Tenían un espacio pequeño, la marca nueva entre cientos de gigantes. Cuando un carrito de golf con champagne y confeti se estacionó frente a su stand, ellas se miraron con una sonrisa de extrañeza, hasta que anunciaron el premio a la mejor marca emergente y su nombre sonó. "No me lo creía", confiesa Mariana. Ese reconocimiento fue un abrazo del universo: estaban en el mapa. De entre cientos de marcas, solo premiaron a cuatro. Y ellas eran una. Fue la confirmación de que su calidad y su visión podían brillar en un escenario global. Un "wow" que resonó como un eco de todo el camino recorrido.
Del rechazo a la estrategia: El aprendizaje que los hizo fuertes
El recorrido incluyó reconocimientos, pero también momentos de rechazo. Al principio, cuando eran "muy chiquitos", los centros comerciales no les abrían las puertas. "No nos escuchaban, no nos respondían". Era el clásico círculo vicioso: sin tienda física, nadie creía en ellos; y sin que nadie creyera en ellos, no conseguían una tienda. Ese rechazo fue una lección "macro". Aprendieron que a veces, para que te abran una puerta, primero necesitas hacer crecer tu marca lo suficiente como para que tu llamada sea imposible de ignorar. Esa frustración inicial la convirtieron en estrategia. Hoy, con una carta de presentación más sólida, eligen con cuidado donde quieren estar, invierten en locales que reflejen sus valores.
El catálogo de familia: Diseñar para y desde las clientas
Su conexión con las clientas es de esas que se construyen en libros. No hay espacio para campañas impersonales. Ellas son el catálogo viviente. Preguntan en redes "¿qué quieren ver?" y escuchan. Se enfocan en una mujer con un hueco en el mercado, la profesional entre 40 y 50 años que busca elegancia sin dramas. "Diseñamos para nosotras", repiten. Y se nota. Esta decisión de ser sus propias caras nació desde el día uno, de tener al cliente cerca. Esa conexión les da las retroalimentaciones más valiosas. El cliente no percibe un discurso de marketing, percibe el genuino entusiasmo de quien diseñó y usa esa prenda en su vida real.
María Elena, la matriarca, es el faro junto con una de sus hijas. Otra comanda la producción, y una tercera el diseño. Jaime domina el área de administración y Mariana lleva la magia del marketing. Cada uno en su isla. Tienen los roles "súper definidos" y respetan profundamente la responsabilidad específica de cada quien. Esta claridad evita conflictos y les da agilidad. Es la ventaja de una empresa familiar que funciona como un equipo bien aceitado.
Si hay una fibra que define la esencia de Lemaler, esa es el lino. Lo mencionan como su sello distintivo. Esta preferencia por un material natural, fresco y elegante refleja su filosofía de buscar la creación de prendas atemporales, cómodas pero sofisticadas, que vayan más allá de solamente seguir las tendencias pasajeras. El lino se convierte así en el lienzo perfecto para su visión de la mujer moderna.
El proyecto creció más allá de la idea inicial. Quieren cruzar fronteras, que el mundo asocie a Ecuador con moda de altura, y seguir siendo, ante todo, una familia que cose prendas con una historia detrás de cada puntada. Su objetivo es expandirse internacionalmente, competir con marcas globales en ferias, llegar a clientes en toda Latinoamérica, Estados Unidos y Europa
CARA A CARA
P:¿Cuál sería el 'uniforme oficial' de Lemaler?
R: Mariana: Un conjunto de botón y pantalón elástico en la cintura. Sirve para el home office, una cena con tacos o un domingo de pereza. Lo repetimos en cada colección porque es muy versátil. Es literalmente el 'uniforme de Lemaler'. Pero si hablamos de la esencia, un vestido de lino nos caracteriza muchísimo.
P: Si por 24 horas tuvieran que intercambiar su negocio con el de cualquier otro emprendedor en Ecuador, ¿con cuál lo harían y por qué?
R: Jaime: Creo que sería un restaurante y cocinaría platos deliciosos. Solo por un día, porque sé que es difícil manejar un restaurante. Pero si dices solo por un día, me encantaría ese sitio. Por lo que sé, es una locura.
P: ¿Cuál es la pregunta o el comentario más curioso, divertido o inesperado que les ha hecho una clienta?
R: Mariana: Una señora, en nuestra primera tienda, juró que éramos una marca francesa. Le pregunto a la vendedora cómo se pronunciaba "Lemaler" en francés. La cara de sorpresa cuando le dijeron "somos de acá, de Ecuador" fue épica. "¿Cómo? ¿Esta marca de ropa tan bonita es ecuatoriana?", se la oía (y de orgullo).
P: ¿Para esos momentos de 'brainstorm' o de crisis creativa, qué suena en la 'playlist' de su tienda?
R: Jaime: Como son tres generaciones en un grupo, es una mezcla de temas como "Stop by me" de Ben E. King, "Verano azul" de Juan Magán y alguna de George Ezra y Bomba Estéreo.
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