
Moda e identidad: vestirnos revela nuestro deseo de pertenecer y diferenciarnos
La moda revela una tensión humana profunda: pertenecer y diferenciarse, entre lo colectivo y la búsqueda de identidad propia
La moda es tan digna de reflexión como cualquier otra esfera de la vida, y más aún por la sorpresa -y a veces el ridículo- que nos produce interesarnos seriamente en ella. Desvalorizar suele ser una forma de defender nuestro amor propio frente a algo que puede revelarnos una verdad incómoda sobre nosotros mismos; es, por lo tanto, una señal de que allí hay algo que nos concierne. Precisamente esto es lo que trabajó Georg Simmel en su ensayo Filosofía de la moda.
Para él, la moda expresa una contradicción asentada en lo más profundo del ser humano: el deseo simultáneo de pertenecer y de diferenciarse. Se trata de una tensión irresoluble: no queremos ser tan diferentes que dejemos de ser reconocidos, pero tampoco tan parecidos que desaparezca nuestra singularidad.
Piénsese en un adolescente de quince o dieciséis años. Si se le dice que compra un nuevo par de zapatos para ser igual a sus amigos, lo negará y afirmará que él no es como los demás. Si, en cambio, se trata de un adolescente que se viste de forma deliberadamente oscura o rebuscada, y se le señala que su atuendo busca sobresalir y probar que no es como el resto, responderá que no le importa lo que nadie piense.
En ambos casos, sin saberlo, está determinado por el mismo movimiento colectivo de imitación y diferenciación que, según Simmel, precede a toda posibilidad de que una persona pueda reconocerse como individuo.
Imitar o distinguirse: la paradoja social que define cómo nos vestimos
Tanto seguir la moda como rechazarla implica admitir que siempre somos deudores de algo más grande que nosotros mismos. Esto no resulta fácil de aceptar, sobre todo en una época en la que se celebra al individuo y se desconfía de lo colectivo. Sin embargo, por más que se insista en que el ser humano puede desconectarse completamente de lo social, jamás podrá hacerlo. Incluso quienes rechazan la vida en sociedad forman comunidades, adoptan estilos y prefieren ciertas marcas por sobre otras.
La moda nos enseña, así, que toda vida en común exige una renuncia mínima: siempre se paga una pérdida en el sentimiento de amor propio para poder vivir con otros. Del mismo modo que la lengua castellana impone ciertas reglas básicas para que la comunicación sea posible, la manera de vestir y las tendencias establecen códigos que deben respetarse para que una comunidad se mantenga unida.
¿Quieres acceder a todo el contenido de calidad sin límites? ¡SUSCRÍBETE AQUÍ!