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Diario de una madre en cuarentena, día 28: Los amigos en la pandemia

"Nunca las vi en mi vida, pero conversamos con una familiaridad asombrosa, con una libertad temática envidiable". Lee esta nueva entrega

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'Los amigos y la pandemia'. 'Diario de una madre en cuarentena', por Cecilia Tecchi.Engin_Akyurt/Pixabay

La amistad en tiempos de coronavirus es todo un tema digno de tratar. Rápidamente hemos logrado organizar reuniones en diferentes plataformas que permiten las videollamadas (mi favorita es Zoom y WhatsApp) y estamos conversando más que nunca con amigos que no veíamos con tanta frecuencia.

Más allá de los tradicionales grupos de WhatsApp con amigos del colegio, de la adolescencia, del deporte, del trabajo, del barrio, entre otros, por estos días nos hallamos reforzando vínculos con personas a las que, muchas veces, ni siquiera conocemos. Por ejemplo, de un grupo enorme de madres, derivó un subgrupo con las 15 o 20 que más interactuamos. Nunca las vi en mi vida, pero conversamos con una familiaridad asombrosa, con una libertad temática envidiable y con una soltura que, se piensa, lleva años lograr.

Los amigos de siempre, esos a los que vemos todo el tiempo, con quienes nos juntamos a comer o vamos al cine, están ahí, en la misma que nosotros. No son, durante esta pandemia, las relaciones que más estamos cultivando. Quizás porque creemos que la cercanía física nos garantiza una especie de amistad para siempre y no consideramos necesario o tan necesario, estar permanentemente en virtual contacto.

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Con los que viven lejos estamos más cerca que nunca. De pronto este tiempo de encierro nos puso al lado y pasamos horas conversando, recordando aquellos tiempos juntos, los viajes, la aventuras, las travesuras, anécdotas de todo tipo. Es un buen ejercicio de síntesis, contar en un par de horas qué ha sido de nuestras vidas durante estos últimos años.

Hablé con mi amiga que vive en Noruega y nos mostramos nuestros hijos. Hacía como 10 años que no hablábamos más allá de algún like o mensaje por alguna red social. Fueron dos horas de reírnos y de reconocernos en estos nuevos roles que tenemos en la vida.

Mis amigas de la infancia están más activas que nunca. Pienso que hoy no habría forma de que seamos amigas. Vivimos en lugares distintos y, además, somos diferentes a las que éramos hace 30 años atrás. Así que la cuarentena nos ha permitido hacer una suerte de renovación de votos y encontrarnos con que sí hay cuestiones que todavía nos unen. No son las mismas de antaño, pero las hay y con eso nos quedamos. Hablamos todos los días.

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Todos tenemos “ese” amigo. En mi caso es “mi” amiga. Ella no es una amiga como cualquier otra, es esa que sabe leer tu mirada, tu mente, sabe cómo piensas y cómo sientes sin necesidad de mediar palabras. En nuestro caso, hace muchísimo tiempo que vivimos en ciudades y países diferentes. Nos hemos visto en ocasiones especiales y volveremos a hacerlo en cuanto podamos, le debemos esa visita. Esta mañana hablé por horas con ella y rápidamente nos convenció de dos o tres cosas que veníamos pensando hacer. Sí, le vamos a sacar los pañales a nuestro hijo mayor... suerte con eso.

Y hay dos tipos de amistades que abundan por estos días. Por un lado el optimista, que cree que esta es la gran oportunidad que tiene la humanidad para cambiar y ser mejores personas, cuidar a nuestro planeta y que todo empiece a funcionar con otra dinámica. Ese es el que está haciendo de todo: ordenando, escribiendo, leyendo, gimnasia, alimentación saludable, homeschooling con los hijos. El optimista tiene fe en ese futuro mejor que sólo él ve.

Por otro lado aparece el pesimista, ese que insiste en vivir un día a la vez, que considera que la crisis que vendrá será una tragedia. Es aquel que no sabe qué hacer con los hijos encerrados, al que trabajar en casa se le hace demasiado pesado y difícil. Es el amigo al que todos quieren botar de los grupos porque nos obliga permanentemente a bajar a la tierra, a esta realidad que puede llegar a ser muy desigual, donde los niños en casa encerrados nos agotan, donde limpiar y fregar todo el día no es divertido, donde no te dan ganas de hacer nada más que llorar a gritos.

Estos dos últimos somos todos.

¿Cómo vive la cuarentena por el coronavirus una madre de dos niños pequeños en Guayaquil, Ecuador? Todas las entregas, aquí: 'Diario de una madre en cuarentena'