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Diario de una madre en cuarentena, día 31: La moda sin salir de casa

La cuarentena por coronavirus sigue en Guayaquil, Ecuador, y el vestir ha cambiado en muchas familias confinadas en sus casas

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'La moda sin salir de casa', una nueva entrega de 'Diario de una madre en cuarentena. Por Cecilia Tecchi, desde Guayaquil.Annalise Batista/Pixabay

Hoy me puse zapatillas por primera vez desde el 13 de marzo, cuando decidí comenzar a hacer la cuarentena por el coronavirus. Me desperté y sentí una gran necesidad de levantarme como si fuera un día normal, de los de antes. Me niego a aceptar que estar encerrada en esta casa sea algo siquiera cercano a la normalidad.

Así que me bañé, me puse cremas en la cara y en el cabello y me vestí con un jean y una de mis blusas favoritas. Y me puse zapatillas.

Bajé las escaleras con actitud triunfante, me sentía una reina y estaba demasiado optimista hasta que vi a todos en calzones y pañales pidiéndome desayuno. Se me hizo un poco de nudo en la garganta con tal caída estrepitosa a lo que es la vida hoy… y no lo digo como queja, sino con cierta resignación. Todos los días yo preparo el desayuno, pero es distinto desayunar para salir a trabajar, al jardín, al colegio, al supermercado o a donde sea, que desayunar en esta especie de día de la marmota en el que estamos metidos.

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Desde el primer día fueron muchas las voces de especialistas que nos sugerían levantarnos cada día como si no pasara nada, que nos saquemos el piyama, que nos vistamos como si fuéramos a trabajar a la oficina y demás recomendaciones por el estilo. Debo reconocer que al principio me ponía la ropa del día a día, como que lo necesitaba para que el rotundo choque del coronavirus, la cuarentena y todo lo que ocurre allí afuera cayera sobre mí poco a poco. Y de algo sirvió.

Ahora ya casi no me pongo jeans, no es la prenda más cómoda para estar en casa, con dos niños pequeños y todos los quehaceres, de los que vengo hablando hace un mes, encima. Más bien, estoy usando muchos pantalones cortos y ropa deportiva. Eso sí, tengo algunas prendas que son una especie de colección cápsula de la cuarentena. Esa ropa se irá de mi vida el día que se vaya el encierro y la pandemia.

Necesité destinar varias prendas de vestir a este momento y seleccioné algunas camisetas medio viejas y unos 3 o 4 pantalones. Pero nunca me había sacado las pantuflas hasta hoy.

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Mis pies no estaban tan contentos como yo, se ve que se acostumbraron a andar sueltos o descalzos y cuando llegó el mediodía subí, me cambié la ropa y volví a las pantuflas y a la colección que armé especialmente para atravesar el encierro.

Pero no todo está perdido en esta casa. Mi hija tiene 9 meses y no para de crecer, entonces, ella sí que se viste como si nada estuviera sucediendo. Es que crece y crece y crece y crece. Si no le ponemos toda esa hermosa ropa que tenemos para ella, cuando podamos salir a la calle es muy probable que nada le quede.

Así que ella pasa algunos días en pañal, otros con monitos y algunos con unos espléndidos vestidos bordados, medias con volados o blusas dignas de una sesión profesional de fotos. La consigna con los niños está clara, debe haber una diferencia entre la ropa de dormir y la del resto del día.

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Mi hijo es otro fashionista. Él también se viste como si nada hubiese cambiado de un mes a esta parte, sólo que está descalzo todo el día. De hecho, una semana antes de iniciar la cuarentena le compramos un par de zapatillas que sólo usó 3 días y que, creemos, no volverá a usar porque sus pies son cada día más grandes.

Mi esposo, en cambio, sí parece haber entendido el asunto a la perfección. Él sabe muy bien qué camisa elegir o cuál polo ponerse para trabajar.

Pero, claro, la cámara sólo muestra su cabeza y hombros.

¿Cómo vive la cuarentena por el coronavirus una madre de dos niños pequeños en Guayaquil, el confinamiento y desconexión dentro de una casa y en una ciudad en la que la pandemia causa estragos? Conócelo en 'Diario de una madre en cuarentena', por Cecilia Tecchi.