
Carla Barbotó: “Las mujeres han sido el corazón de Paccari”
La cofundadora de Paccari reflexiona sobre 24 años de empresa y el papel de las mujeres en la cadena del cacao
“Nuestro propósito siempre ha sido generar condiciones dignas y oportunidades reales para las mujeres, porque sabemos que al reforzarlas, fortalecemos a toda la sociedad”.
Con esa frase, Carla Barbotó sintetiza una visión empresarial que comenzó hace 24 años y que hoy la posiciona como una de las voces del liderazgo femenino en el país. Junto a Santiago Peralta fundó Paccari con una idea clara: construir un negocio con propósito.
“Siempre tuvimos las ganas de hacer algo con alma, que fuera orgánico y que trabajara con la cadena de valor. Esos eran nuestros principios no negociables desde el inicio”, recuerda. Cuando empezaron, no sabían que el camino sería el cacao. Incluso exploraron otros sectores. Sin embargo, encontraron en los pequeños productores una posibilidad de impacto directo. Hoy la empresa trabaja con 3.500 agricultores de pequeña escala.
El giro implicó también apostar por el valor agregado en Ecuador. “Era importante poder hacer el valor agregado en nuestro país, generar ese orgullo, crear una marca que pudiera contar nuestra cultura a través de los sabores y reconectarnos con esas raíces a las que muchas veces no les damos la importancia que merecen”.
Dos décadas después, la marca acumula numerosos premios internacionales y presencia en mercados exigentes. Pero Barbotó subraya que el crecimiento fue un proceso sostenido. “Nada se hace de la noche a la mañana. Los retos han sido muchísimos: encontrar agricultores orgánicos, fortalecer asociaciones, trabajar en equidad de género, ser eficientes sin afectar al productor. Nuestra eficiencia no está en pagarle menos al agricultor, sino en producir mejor, con menos reprocesos y más organización”.
Trabajar desde la empatía
En la construcción de la marca, la mirada femenina -dice- ha sido una pieza central. Actualmente, el 70 % de la nómina de Paccari está conformada por mujeres, cuya participación atraviesa toda la cadena de valor: desde el cultivo de cacao en el campo hasta la producción en planta y la gestión administrativa.
“Cuando comenzamos a ver que las mujeres no nos estaban entregando el cacao, observamos desde la empatía qué necesitaban. Nos dimos cuenta de que los sacos eran demasiado pesados. Entonces empezamos a bajarlos y a pagarles directamente a ellas. En ese momento entraron al círculo económico del cacao”, cuenta. Ese cambio -añade- modificó dinámicas dentro de las familias y abrió nuevas posibilidades de autonomía.

Para Barbotó, el liderazgo no se construye desde la competencia, sino desde la complementariedad. “Creo que el hombre y la mujer pueden crear un equipo maravilloso. No somos iguales y la idea tampoco es ser iguales, sino encontrar nuestras fortalezas y salir adelante juntos. Nunca me he puesto a pensar que por ser mujer haya algo que no pueda lograr”.
Ese trabajo conjunto fue reconocido recientemente por el ranking de Merco, que evalúa la reputación empresarial en el país y las acciones vinculadas al desarrollo económico y a la mejora de las condiciones laborales, entre ellas las dirigidas a mujeres.
Mirar hacia el futuro
La evolución de la empresa no se detuvo en el chocolate en barra. Con el tiempo surgió otro ‘despertar’: la educación del consumidor. “Para nosotros la educación es muy importante. Cuando tú conoces cómo es la cadena de valor y lo que hay detrás del alimento que consumes, lo valoras más”. Así nacieron las catas gratuitas y, más adelante, las tiendas propias -siete en Quito y dos en Cuenca- donde pueden ofrecer sus más de 60 productos y conversar de manera directa con sus clientes.
La innovación, afirma, forma parte de la dinámica cotidiana de Paccari. Helados veganos, premezclas para preparar en casa, nuevos sabores y ediciones especiales se suman constantemente al portafolio. Recientemente también apostaron por una línea de productos sin azúcar. “Tenemos esa sangre de emprendedores que no podemos parar de innovar”, comenta entre risas.
El equilibrio entre empresa y familia ha sido otro aprendizaje construido con los años. “Me apasiona el trabajo, pero también me apasiona estar con mi familia. Lo que he encontrado es estar presente en cada momento. Cuando estoy trabajando, estar al 100 %. Y cuando estoy con mis hijos, también estar ahí y sentir que no me perdí esos momentos”.
Al final, cuando se le pregunta qué consejo daría a las jóvenes que buscan emprender, responde sin dudar: “Que el miedo te acompañe, pero que no te frene. Este es un mundo de personas que accionan, no de personas que se quedan con la idea”.
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