
¿Puede Venezuela volver a la democracia tras la captura de Nicolás Maduro?
El debate sobre la transición venezolana advierte riesgos institucionales y descarta una democratización inmediata
La captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero de 2026 marca un punto de inflexión sin precedentes en la geopolítica hemisférica. Lo que comenzó como una asfixiante presión diplomática y económica por parte de Washington, pasó a una incursión militar directa que produjo la detención del líder venezolano y su esposa, Cilia Flores.
Una transición bajo la mirada internacional
Con el exmandatario ya bajo custodia, la atención internacional se concentra en el inicio de una compleja transición política. Este proceso se desarrolla en una Venezuela profundamente fragmentada, atravesada por tensiones institucionales, sociales y económicas que condicionarán cualquier intento de recomposición del poder.
En este contexto, el nuevo escenario abre una interrogante decisiva para el futuro del país: ¿logrará Venezuela encaminarse hacia una democracia legítima tras la intervención, o se enfrenta al riesgo de una nueva forma de tutela política externa que redefina su soberanía?
¿Democracia posible tras la caída del chavismo?
Para el excanciller Patricio Zuquilanda, el debate sobre la democracia en Venezuela debe abordarse desde la experiencia comparada y no desde una lectura emocional. A su juicio, las intervenciones externas han dejado lecciones profundas que hoy condicionan cualquier análisis serio sobre el país.
Como antecedente, Zuquilanda recuerda el caso de Irak, donde el desmantelamiento abrupto del Estado derivó en un escenario de violencia y desorden institucional.

“Desmantelaron todas las instituciones públicas. Desmantelaron, no dejaron a nadie. Liquidaron, lo que es peor, las fuerzas armadas y la fuerza policíaca. Y dejaron a la población iraquí tirada al abandono, sin unidad, sin orden, sin autoridad. ¿Y qué sucedió con esa gente? Se fue a constituir los grupos subversivos, los grupos extremistas en el Oriente Medio”, sostiene el excanciller
Desde esa experiencia, considera que el escenario venezolano responde a una lógica distinta, marcada por un intento de preservar el funcionamiento del aparato estatal para evitar un colapso total. “En esta ocasión, a mí me parece, y esto es un pensamiento absolutamente personal, que ellos cogieron mucha experiencia de Irak y, en Venezuela, lo que están haciendo es una transición de alguna manera ordenada y absolutamente inteligente”.
El excanciller advierte que eliminar de forma inmediata toda la estructura chavista podría generar un escenario de violencia interna. “Si usted mantiene la estructura gubernamental, negocia con esa estructura gubernamental para que el orden, o sea, la policía, las fuerzas armadas, las instituciones, la banca, las cooperativas del sistema productivo, sigan funcionando, el país no se desangra y no se hace extremista”.
En ese sentido, plantea que la permanencia temporal de sectores del aparato institucional no implica una renuncia automática a la democracia, sino una estrategia de contención.

Desde una mirada jurídica y de política internacional, Hanne Blusztein, abogada y maestrante en política y economía internacional, coincide en que la captura de Nicolás Maduro no implica una democratización inmediata.
“A corto plazo es muy difícil que haya posibilidades de un proceso de democratización como tal, porque Venezuela enfrenta una crisis grave tanto a nivel institucional, político como económico, que son circunstancias y escenarios necesarios para que exista un proceso de democratización”.
Blusztein advierte que la estructura chavista sigue vigente y que cualquier salida democrática dependerá de cambios profundos.
El rol de Delcy Rodríguez en la transición: ¿pieza clave o factor de contención?
Dentro de esa estructura chavista, Delcy Rodríguez juega un papel clave para los Estados Unidos. Para el abogado internacionalista Esteban Santos, el escenario que se abre no implica una ruptura inmediata del aparato chavista, sino una lógica de control y transición condicionada.
En su análisis, Santos advierte que los actores externos buscan evitar un vacío de poder similar a otros precedentes fallidos. “Entonces los norteamericanos saben que no quieren otro Afganistán, no quieren otra Libia”, señala, al explicar por qué se permitiría una continuidad temporal de la estructura gobernante mientras sirva a intereses estratégicos.
En ese marco, la figura de Delcy Rodríguez aparece como un engranaje funcional dentro de una transición controlada. "Trump ha sido muy claro, mientras usted haga caso a mis intereses, seguimos trabajando", sostiene el internacionalista.

Santos también pone el foco en la ambigüedad jurídica del nuevo escenario y en el rol que asumiría Rodríguez frente a la Constitución venezolana. “Está muy confuso, porque no es vicepresidenta, y de acuerdo a la Corte Suprema de Justicia, se acaban de inventar un término, presidente encargada, eso no está en la Constitución”, afirma, al tiempo que cuestiona si habrá o no una convocatoria real a elecciones y quién controlará ese proceso.
Desde otra perspectiva, el excanciller Zuquilanda coincide en que Delcy Rodríguez cumple un papel central en una transición negociada, bajo fuertes condicionamientos externos. “Es un hecho que hay una negociación política de alto nivel entre el gobierno actual de Venezuela, de la señora Delcy Rodríguez, y el presidente Trump”, señala, al referirse a los contactos con Washington y al plan de transición segura.
Zuquilanda es enfático al delimitar el alcance del rol que va a desempeñar Delcy Rodríguez y descarta que exista margen para una permanencia prolongada en el poder. A su criterio, se trata de una función acotada y transitoria. En ese sentido, el excanciller añade que las tareas clave pasan por “controlar el ejército, controlar las fuerzas armadas, controlar la policía… y convocar elecciones”.
El verdadero motor de la intervención de EE.UU. en Venezuela
Tras la captura de Nicolás Maduro, el análisis geopolítico de ambos expertos coincide en un punto crítico: la operación estadounidense no responde a los protocolos tradicionales de ayuda humanitaria o derecho internacional, sino a una estrategia pragmática centrada en el control de recursos. Para el internacionalista Santos, este evento marca el inicio de un "nuevo orden" donde las reglas del juego "terminaron de cambiar para siempre"
Una ruptura con la diplomacia del pasado
Esteban Santos destaca que, a diferencia de administraciones anteriores como las de George Bush (padre e hijo), que intentaban "salvar las formas" mediante coaliciones o el Consejo de Seguridad, la administración actual ha sido "muy de frente". Según el experto, al ejecutivo de Estados Unidos "no le puede importar menos el derecho internacional". En su lugar, la motivación ha sido expuesta sin ambigüedades, dejando de lado la retórica de la libertad para enfocarse en la propiedad de los recursos.
Finalmente, Santos subraya que la cooperación en el nuevo escenario político venezolano con Estados Unidos se evalúa bajo una exigencia clara: "déjame ver tus pozos, quién los va a controlar y cómo empieza a moverse toda esa industria". Esta perspectiva revela una prioridad absoluta por el beneficio económico inmediato, relegando a un segundo plano cualquier consideración política o social.
Recuperar billones de dólares
Patricio Zuquilanda profundiza en que este interés nace de las cuantiosas pérdidas sufridas por corporaciones norteamericanas. El excanciller explica que "las empresas de Estados Unidos entrarán a recuperar la industria petrolera" , citando casos como Chevron, Conoco y Halliburton. Zuquilanda enfatiza textualmente: "no estamos hablando de 100 millones, estamos hablando de billones de dólares que perdieron esas empresas norteamericanas con esas nacionalizaciones y ese incumplimiento". Por ello, sostiene con firmeza que "Trump nunca se iría de Venezuela si no hay un reconocimiento de ese pago".
Más allá del resarcimiento económico de las multinacionales, la intervención plantea una encrucijada sobre el futuro político del país. Este enfoque pragmático de Washington obliga a cuestionar si la "transición segura" liderada por una potencia externa puede convivir con las aspiraciones de los líderes que ostentan la legitimidad popular en las urnas.
Legitimidad en espera: ¿Es posible una democracia sin el liderazgo de María Corina Machado?
Uno de los puntos más críticos del análisis de Zuquilanda es la razón por la cual Estados Unidos no ha entregado de manera inmediata el liderazgo de la transición a la oposición que cuenta con respaldo popular. Al referirse a María Corina Machado y Edmundo González, el excanciller explica que el presidente Donald Trump “quiere decir que ella no tiene las condiciones políticas necesarias en este momento para diseñar un gobierno”.

Según Zuquilanda, entregar el poder inmediatamente sería altamente riesgoso debido a que la estructura de control —fuerzas armadas, policía y sistema judicial— sigue consolidada por el chavismo y elementos extremistas. El analista advierte que si ellos tomaran las riendas ahora, "el país se volvería un caos".
En su lugar, el experto interpreta que la estrategia de Washington es de carácter preparatorio: "me parece a mí que le están pavimentando el camino para posibilitarle que ella vaya a la presidencia". Bajo esta óptica, la democracia plena queda pospuesta hasta que la tutela estadounidense garantice un entorno institucional manejable.
Un nuevo paradigma regional
La intervención en Venezuela marca un quiebre en la geopolítica actual, donde el pragmatismo económico y el uso de la fuerza parecen imponerse sobre la diplomacia. Este precedente abre una pregunta clave: ¿qué tan protegidos están otros territorios estratégicos frente a decisiones unilaterales de las grandes potencias?
El caso venezolano sugiere que la estabilidad ya no depende solo del voto popular, sino del control de recursos clave y de la reconfiguración del poder interno. Bajo esta lógica, países como Colombia o territorios autónomos de alto valor estratégico como Groenlandia quedan expuestos a un escenario en el que los acuerdos internacionales y los organismos multilaterales tienen cada vez menos capacidad para frenar este tipo de acciones.