Policia Nacional captura a alias Geoconda
Captura de alias Geoconda, señalada como presunta cabecilla de una red de extorsión telefónica y virtualCortesía

Más mujeres en el mapa del crimen: crece su participación en delitos en Ecuador

Especialistas alertan que bandas criminales incorporan más mujeres para operar con menor sospecha y mayor eficacia delictiva

En los últimos años, las estadísticas delictivas en varias provincias del país revelan una tendencia inquietante: el aumento sostenido de la participación de mujeres en delitos de extorsión y otras modalidades de crimen organizado. Las autoridades advierten que ya no se trata de casos aislados de cómplices pasivas, sino de mujeres que cumplen roles activos e incluso posiciones de liderazgo dentro de las estructuras criminales.

El caso más reciente y resonante fue la captura de una banda supuestamente dedicada a la extorsión telefónica y virtual, liderada por una mujer identificada como Geoconda. Las investigaciones policiales pusieron en evidencia un patrón cada vez más frecuente: organizaciones delictivas con una presencia femenina creciente, no solo en tareas secundarias, sino en funciones estratégicas dentro del proceso criminal.

El operativo se realizó el mes pasado, tras una investigación que se extendió por varios meses e incluyó seguimiento de llamadas, mensajes y transacciones electrónicas. Según la Fiscalía, la organización extorsionaba a comerciantes, transportistas y ciudadanos mediante amenazas enviadas por teléfono y aplicaciones de mensajería. Quienes se negaban a pagar eran intimidados con represalias, bajo el esquema conocido como “vacunas”, una forma de chantaje económico habitual en este tipo de delitos.

Aumento de mujeres en delitos de extorsión en Ecuador

La singularidad del caso radicó en que la presunta cabecilla era una mujer de 42 años, con antecedentes menores, que habría asumido el rol central dentro de la red. Fuentes policiales indicaron que Geoconda coordinaba funciones, asignaba objetivos y supervisaba el cobro del dinero obtenido por la extorsión. Algunos integrantes de la banda, detenidos durante el mismo operativo, declararon bajo reserva que “era la que mandaba”. Este episodio no es aislado. De acuerdo con datos recientes de la Policía y entidades judiciales, que comparan estadísticas de los últimos cinco años con las tendencias actuales, el porcentaje de mujeres procesadas por delitos de extorsión ha aumentado de manera progresiva.

En algunas regiones, las mujeres representan hoy entre el 20 % y el 30 % de las personas implicadas en investigaciones por redes de extorsión.

Aunque la mayoría de los involucrados sigue siendo masculina, la proporción femenina crece de forma constante.

Caso Geoconda: liderazgo femenino en redes de extorsión

Para la psicóloga y criminóloga Dra. Elena Ruiz, este fenómeno responde a cambios en las propias organizaciones criminales. “No es que las mujeres se ‘vuelvan malas’ de golpe, sino que las estructuras delictivas están transformándose y buscan aprovechar perfiles que históricamente han sido subestimados por las autoridades”, explica.

Las mujeres no desempeñan un único rol dentro de estas redes. Por el contrario, cumplen funciones diversas, algunas compartidas con hombres y otras específicas.

Una de las más frecuentes es la comunicación directa con las víctimas: realizar llamadas de extorsión, enviar mensajes intimidatorios y mantener contacto para recordar los pagos exigidos. Un investigador policial con experiencia en estos casos señala que: “Las mujeres pueden generar menor sospecha en las víctimas, lo que permite sostener la comunicación por más tiempo e intentar convencer o manipular emocionalmente a los afectados”.

Más mujeres investigadas por crimen organizado

Las mujeres son vistas como
menos violentas o menos peligrosas, lo que puede hacer que pasen más desapercibidas en las primeras fases de una
investigación y asuman roles
decisivos.

Claudia López

Socióloga especializada en crimen organizado

Otra función recurrente es la intermediación en el cobro del dinero, que incluye coordinar puntos de entrega, servir de enlace con terceros encargados de recibir los pagos o utilizar cuentas y giros a nombre de familiares o conocidas para mover los fondos. En organizaciones más estructuradas, algunas mujeres se encargan además de tareas logísticas, como organizar horarios, supervisar a quienes realizan las llamadas y llevar registros de los objetivos y montos recaudados.

Aunque con menor frecuencia, también se ha detectado participación femenina en labores de vigilancia, como observar zonas para alertar sobre la presencia policial, así como en la movilización de recursos: teléfonos, chips y equipos de comunicación.

La socióloga especializada en crimen organizado Dra. Claudia López sostiene que este fenómeno responde, en parte, a percepciones culturales: “Las mujeres son vistas como menos violentas o menos peligrosas, lo que puede hacer que pasen más desapercibidas en las primeras fases de una investigación”.

Roles estratégicos de mujeres en estructuras criminales

A ello se suma el impacto de la comunicación digital. El uso de aplicaciones de mensajería y redes sociales ha transformado la dinámica de la extorsión. En ese contexto, la voz o el perfil femenino puede resultar más eficaz para generar cercanía inicial o manipular emocionalmente a las víctimas antes de recurrir a la amenaza abierta.

Detrás de esta realidad también operan factores sociales. Muchas mujeres que ingresan a estas redes provienen de entornos marcados por la pobreza, la falta de oportunidades laborales o la presión familiar y de pareja, lo que las vuelve más vulnerables al reclutamiento por organizaciones que prometen ingresos rápidos o incluso protección.

Con el tiempo, algunas bandas han modificado sus estructuras internas y adoptado modelos más flexibles u “horizontalizados”, en los que el liderazgo ya no está exclusivamente en manos masculinas. Esto no implica igualdad ni proporciones similares, pero sí una mayor apertura a que mujeres con determinadas habilidades ocupen espacios de coordinación y mando.

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Desde el ámbito jurídico, la abogada penalista Sandra Pinzón, especialista en Derecho y Género, advierte sobre la necesidad de respuestas judiciales precisas: “En la justicia penal debemos distinguir entre participación activa, coacción y vulnerabilidad. Hay casos en los que las mujeres son reclutadas bajo amenazas o presión familiar, y otros en los que ocupan posiciones de mando. La respuesta legal no puede basarse en estereotipos”.

Pinzón subraya que la jurisprudencia aún está en construcción, especialmente para los roles intermedios, como aquellos en los que una mujer cumple tareas logísticas bajo órdenes de otros miembros de la organización.

El aumento de la participación femenina en delitos de extorsión y crimen organizado es, así, un fenómeno real y complejo. No se trata de una moda delictiva ni de una simple curiosidad estadística, sino del reflejo de transformaciones más profundas en las estructuras sociales, económicas y criminales, que obligan a repensar tanto las estrategias de persecución penal como las políticas de prevención.

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