
Ecuador: Investigaciones contra el Fusarium R4T avanzan con presupuesto limitado
El INIAP busca ampliar capacidades y recursos, mientras Perú y Colombia evidencian los límites financieros y técnicos
Tras la detección y declaratoria oficial de la presencia del hongo Fusarium oxysporum Raza 4 Tropical (Foc R4T) en El Oro el 18 de diciembre de 2025, mediante pruebas realizadas en Sudáfrica, el país afronta la enfermedad con escaso financiamiento. Mientras pequeños productores del sur ensayan estrategias para convivir con la enfermedad desde laboratorios artesanales, la investigación pública avanza en un escenario de capacidades científicas y transferencia tecnológica al campo restringidas por baja inversión.
El Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIAP) concentra actualmente cerca del 60 % de su presupuesto anual de investigación en la sanidad de musáceas. Según explicó su director ejecutivo, Raúl Jaramillo, el presupuesto total para investigación bordea los USD 1,2 millones, de los cuales alrededor de USD 600.000 se destinarán en 2026 al manejo de banano y plátano. “Estamos ubicando alrededor del 60 % directamente para lo que tiene que ver con sanidad de musáceas”, señaló, al precisar que estos recursos permiten sostener líneas como bioseguridad, evaluación de materiales vegetales y transferencia tecnológica, aunque sin capacidad de escalar frente a un área cultivada entre banano y plátano que supera las 400.000 hectáreas.
En ese marco, el instituto busca reforzar estas líneas mediante cooperación público-privada y un reciente incremento al Fondo de Investigación para la Agrobiodiversidad, Semillas y Agricultura Sustentable (FIASA), del cual se evalúa destinar entre USD 80.000 y 90.000 a musáceas.
Las capacidades actuales se fortalecieron tras un proyecto de inversión aprobado luego de las mesas de emergencia por el riesgo del Foc R4T, que implicó una inversión estatal cercana a USD 7 millones ejecutada en aproximadamente cinco años. “Fruto de ese esfuerzo, el INIAP ahora cuenta con un jardín de materiales de élite de banano y plátano en Pichilingue”, explicó Jaramillo.
A ello se suman fondos específicos de organismos como FAO, Fontagro, la cooperación alemana GIZ y la Agencia Internacional de Energía Atómica. “La Agencia nos ayuda en la evaluación de materiales y la generación de mutaciones para identificar individuos tolerantes o resistentes a rasltonia”, indicó, al reconocer que, tras el primer brote, Ecuador aún no cuenta con áreas habilitadas para investigar al Fusarium.
Búsqueda de ampliación
Jaramillo señaló que, durante el primer trimestre del año, el INIAP espera culminar conversaciones para abrir un centro de investigación de banano en El Oro. El instituto mantiene diálogos con la Universidad Técnica de Machala, que ha ofrecido de manera preliminar infraestructura básica, mientras se coordina la operación con la estación Litoral Sur y Pichilingue.
En paralelo, el INIAP ha solicitado al Ministerio de Trabajo la aprobación de nuevas partidas, sujetas a validación del Ministerio de Finanzas. “Estamos planteando alrededor de 30 nuevas partidas”, indicó Jaramillo, aunque precisó que, para el trabajo específico en Foc R4T, dos o tres perfiles técnicos adicionales serían suficientes.
Diario Expreso solicitó información al Ministerio de Agricultura que redirigió el pedido a Agrocalidad sobre presupuestos y transferencia tecnológica, sin obtener respuesta hasta el cierre de esta edición.
Investigaciones
En materia de materiales vegetales, el INIAP confirmó que la variedad tolerante Formosana GCTCV-218 concluyó sus ensayos de validación agronómica en Ecuador, realizados en parcelas de Los Ríos y Santa Elena, con resultados favorables. “No hubo ninguna observación; los materiales se comportaron normalmente, con buena producción y calidad de fruta”, afirmó Jaramillo. El informe definitivo fue entregado en octubre al Ministerio de Agricultura y a Galiltec Ecuador S.A., empresa responsable del registro del material. El INIAP aclaró que no dispone de información sobre su nivel de adopción comercial, ya que la venta y distribución corresponden exclusivamente a la empresa, que no respondió a las consultas de Expreso hasta el cierre de la edición.
El instituto mantiene además ensayos en curso con materiales tolerantes de la línea GAL, aún en fase experimental. “Esto va a demorar por lo menos un par de años más”, explicó Jaramillo, al señalar que todavía se evalúa la estabilidad, productividad y calidad de estos materiales.
En ese contexto, fue enfático en precisar que, hasta el momento, no existen materiales comerciales resistentes al Foc R4T, sino alternativas con distintos niveles de tolerancia. “Lo que estamos alentando es seguir invirtiendo en estrategias de mejoramiento vegetal para que, en el futuro, Ecuador pueda ofertar sus propios materiales”, sostuvo.

Recambio varietal
Desde el sector productivo, Franklin Torres, de la Federación Nacional de Bananeros (Fenabe), introduce un límite económico al debate sobre las variedades tolerantes. Aunque reconoce avances en otros países, advierte que su adopción no es viable para pequeños y medianos productores ecuatorianos. “Para el caso ecuatoriano es inviable sembrar una variedad tolerante porque implica renovar la plantación cada cinco años; eso económicamente es imposible”, afirmó. Mientras no exista una variedad resistente, sostuvo, algunos de los pedidos planteados hace 5 años son: establecer créditos para bioseguridad con interés no mayor al 5%, financiar laboratorios para reproducción de microorganismos y priorizar investigaciones.

La experiencia colombiana ofrece un contrapunto. Según explicó Mónica Betancourt, investigadora PhD de Agrosavia, la estrategia se centró en la contención temprana del foco, más que en el recambio varietal, facilitada porque la afectación inicial se dio en grandes productores. “Es mejor manejar bajos niveles de incidencia de Foc R4T en un material tipo Cavendish sin afectar la comercialización que ensayar otros materiales”, señaló.
En los 20 predios afectados se reforzaron medidas de bioseguridad, erradicación oportuna, monitoreo y uso de microorganismos benéficos, manteniendo la producción sin alterar el modelo exportador. Aunque Colombia ha evaluado materiales con distintos niveles de tolerancia, estos no se consideran viables para un recambio productivo.
Aunque las variedades tolerantes no forman parte del manejo regular de las fincas afectadas por el Foc R4T en Colombia, sí se consideran una opción eventual en escenarios de alta presión del patógeno. Betancourt también relata que el país ha evaluado materiales con distintos grados de respuesta, desde híbridos resistentes no son tipo Cavendish —como los CIRAD 924, 931 y 938, orientados a pequeños productores— hasta materiales con resistencia intermedia, como Princesa y Platina, y opciones tipo Cavendish como Ruby, LothaR4 y Formosana, que en condiciones de campo presentan niveles de enfermedad similares al Cavendish tradicional por lo que no se consideran para recambio.
La financiación como problema estructural
Para Betancourt, la financiación es un problema común en la región. “Colombia también tiene déficit presupuestario”, advirtió, al señalar que los programas de mejoramiento genético dependen de recursos sostenidos y de largo plazo. Sin ese respaldo, afirmó, América Latina seguirá dependiendo de materiales desarrollados fuera de la región, por empresas privadas, con altos costos y patentes. El riesgo es no lograr materiales propios, considerando que estos procesos requieren más de 20 años para ofrecer resultados confiables.

Desde Perú, los estudios sobre variedades catalogadas como “resistentes” al Fusarium Raza 4 Tropical muestran resultados poco alentadores. Carlos Torres Limache, especialista en Fitopatología del Servicio Nacional de Sanidad Agraria (Senasa), indicó que varias de las líneas evaluadas en campo no presentan resistencia ni tolerancia clara, aunque algunas sobreviven con baja incidencia. Frente a ello, se han planteado cambios de cultivo solo como una medida temporal, pero “no es lógico pensar” en reemplazar el banano de exportación, que en zonas como Piura supera las 10.000 hectáreas.
La dimensión social agrava el problema: alrededor del 80 % de los productores peruanos dependen exclusivamente del cultivo de banano de exportación. A ello se suma la limitada disponibilidad de recursos: “los fondos son difíciles de conseguir” y gran parte de la investigación se ha sostenido mediante proyectos con financiamiento externo, ya que los presupuestos internos son mínimos y el aporte privado es prácticamente nulo.
En ese contexto, y ante reto de que las tecnologías investigadas lleguen al agro, Torres Limache subrayó que enfrentar el Foc R4T exige coordinación y organización entre instituciones, productores y academia, ya que ninguna entidad puede asumir sola la respuesta. La bioseguridad, concluyó, sigue siendo un componente básico.
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