
Álvaro Uribe: lección de manejo de crisis para empresarios
En medio de una crisis de seguridad que afecta la vida de todos hay que desenvolverse y surgir
Sin duda el liderazgo y la experiencia en manejo de crisis del expresidente Uribe son dignos de reconocimiento. En su reciente charla en Guayaquil habló con claridad sobre cómo enfrentar una crisis y lo hizo desde sus experiencias, que por supuesto son valiosas para cualquier político, y que son totalmente válidas para los empresarios de este país.
Vivimos una aguda crisis de seguridad que afecta la vida de las personas y el desarrollo de las empresas, pero en ese entorno hay que desenvolverse y surgir. No solo tenemos inseguridad, hay incertidumbre económica, regulatoria y jurídica. A esto hay que añadir el enrarecido ambiente creado por el ruido de los troles y ‘seudoperiodistas’ que mienten y desinforman. El abanico de riesgos es amplio y el terreno es fértil para generar crisis.
Álvaro Uribe dejó lecciones a líderes corporativos, partió de una idea clave: la crisis es un escenario para mostrar liderazgo. Y esa afirmación aplica con la misma fuerza a una empresa que enfrenta una crisis operativa, reputacional o financiera. La diferencia entre las organizaciones que resisten y las que colapsan no está en evitar los problemas, sino en cómo se los enfrenta.
Uno de los mensajes más relevantes que dejó fue su énfasis en que la comunicación no es un accesorio ni una tarea cosmética. En crisis, la comunicación es gestión. Cuando una empresa guarda silencio, minimiza el problema o emite mensajes contradictorios, el vacío es ocupado por rumores, especulación y desconfianza. Exactamente lo mismo que ocurre con un Estado.
Para Uribe, liderar en crisis implica hablar claro y a tiempo. En el ámbito empresarial, significa explicar decisiones difíciles -recortes, cambios de estrategia, reestructuraciones- con honestidad y coherencia. Los colaboradores, clientes y aliados pueden aceptar medidas duras cuando comprenden el propósito y perciben consistencia entre lo que se dice y lo que se hace. Lo que no toleran es la ambigüedad o los silencios que comunican quemimportismo.
Otro aprendizaje clave es el valor del marco ético. Uribe advirtió sobre el riesgo de normalizar lo inaceptable. En las empresas, relativizar errores, maquillar cifras o justificar malas prácticas puede aliviar tensiones en el corto plazo, pero destruye reputación en el largo. La ética es un activo estratégico.
Subrayó que la comunicación sin hechos es insuficiente. En el mundo corporativo, prometer soluciones que no llegan o anunciar cambios que no se ejecutan erosiona la credibilidad interna y externa. La confianza se construye cuando el mensaje está respaldado por acciones visibles, aunque sean graduales.
Punto especialmente relevante para los empresarios fue su insistencia en la alineación interna. Así como el Estado no puede darse el lujo de tener instituciones que se contradicen, una empresa en crisis no puede permitir vocerías dispersas ni mensajes inconexos entre directivos, gerentes y áreas clave. La descoordinación amplifica la crisis.
Finalmente dejó una lección que todo líder empresarial debería asumir: en momentos críticos, el liderazgo no se delega. Los equipos de comunicación y asesores son indispensables, pero la organización espera ver al principal responsable dando la cara, asumiendo decisiones y marcando el rumbo.
La enseñanza para el sector empresarial ecuatoriano es clara: las crisis no se superan solo con acciones concretas, planes financieros o nuevos procesos y responsabilidades. Se superan cuando el liderazgo combina decisión, coherencia ética y comunicación clara. En un entorno crítico, la manera de comunicar puede marcar la diferencia entre perder la confianza o salir fortalecidos.
“El líder no le puede tener miedo a la comunicación, debe estar abierto a ella”.
Para leer EXPRESO sin restricciones, SUSCRÍBETE AQUÍ