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Acto. El presidente Guillermo Lasso en la entrega de 503 viviendas en la provincia.Presidencia

Guillermo Lasso y sus 900 días de fracaso: ¿Para qué quiso ser presidente?

Quisiera quedarme con el recuerdo del presidente de los tres primeros meses. Trataré de olvidar al que se va obligado porque su propio ego lo aplastó

Es una pregunta que me he realizado en innumerables ocasiones después de ver su fracaso. Tengo muchas respuestas en mi mente, pero no puedo escribir todas. Más de una persona exclamará: “¡pero si usted era su amigo y votó por él!”. 

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Es cierto y por eso es aún mayor la decepción, por las esperanzas que muchos teníamos en que su gobierno iba a lograr un verdadero cambio a favor de los ciudadanos. 

Sin embargo, siempre he podido separar las amistades de lo profesional, y en el caso de Guillermo Lasso puedo resumir su gobierno en una simple frase: ‘900 días de fracaso’. No obstante, la pregunta permanece en mi cabeza. ¿Para qué quiso ser presidente?

Decidí no dejarme llevar por mi instinto y hacer este análisis consultando a colegas periodistas especializados en política y a analistas que son parte de la opinión política del país.

Todos coincidieron en que Guillermo Lasso quiso ser presidente para satisfacer su ego. Una buena parte de su vida giró alrededor de la política y quiso demostrarse a sí mismo y a sus amigos y enemigos que podía llegar a la Presidencia. Es comprensible, no son pocos los ultra vanidosos que se involucran en política solo para llegar al poder, y su ego es el combustible que necesitan para convertir ese anhelo en realidad.

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El problema con esta clase de políticos egocéntricos se presenta una vez que llegan a la Presidencia y se dan cuenta de que el ego les sirvió para llegar, pero con ego y vanidad no se puede gobernar un país

Precisamente, para tener éxito en el arte de gobernar, el ego debe quedar fuera de las decisiones. Lo inteligente es reconocer las debilidades, explotar fortalezas, tener capacidad emocional para designar funcionarios y no empleados, peor amigos.

El líder de un país políticamente dividido debe estar muy consciente de que la gobernabilidad se logra con diálogo y sumando; no con caprichos y concursos de quién ‘orina más lejos’ ni alejando a sus aliados. Nada de esto entendió Lasso. Su ego se impuso, y por sus últimas acciones queda claro que aún se impone.

¿Su afán de servir al país fue inicialmente sincero? Casi todos dijeron que sí. Yo también lo creo. Sin embargo, quienes profundizaron en el análisis opinan que, si bien quiso servir para trascender como un buen presidente, también lo hizo por ego, pensando en SU éxito, en SU trascendencia y no con el afán desinteresado con el que los verdaderos líderes actúan a la hora de tomar decisiones.

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“Pensó que esto era una corporación”. “No escucha a nadie que lo contradiga”. “Pensó que podía ser un reformador como Yerovi, pero no estuvo a la altura”. “Quiso ser la derecha seria y no la populista”. “Tiene una visión muy particular de pasar a la historia”. “Le salió todo mal porque todo lo que hacía apuntaba para ese desenlace”. 

“No le interesa dejar un país sin rumbo, más pobre; es indolente ante la inseguridad”. “La forma en que se va no la merece el país”. “Le vale un cuerno y quiere irse cuanto antes”. “El éxito con el que empezó lo volvió soberbio, arrogante e indiferente”. “Nunca tuvo amigos, siempre tuvo empleados”. “Ninguno se atrevía a decirle las verdades y cuando lo hicieron fueron cancelados”. “Solo pensaba en cómo hacer daño a sus enemigos sin importarle el país”. “El problema de Guillermo Lasso, más allá de político, es de salud mental. No creo que se encuentre bien”.

Estas son algunas de las frases expresadas por periodistas que cubren política y que han conocido de cerca a Guillermo Lasso. Otras más dolorosas prefiero guardarlas en mi memoria y no publicarlas.

Guillermo Lasso se va como el peor presidente que he conocido. Quisiera quedarme con el recuerdo del presidente de los tres primeros meses, el de la vacunación, el del gobierno del encuentro que incluyó gente buena que después excluyó. El que les quitó la seguridad a los exmandatarios en el extranjero y a sus familiares. Ese fue el candidato por el que voté.

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Trataré de olvidar al presidente que se va obligado porque su propio ego lo aplastó. Aquel que mintió y subió los impuestos, aquel que destruyó la salud pública en los hospitales del Estado, aquel que se va con las cifras más altas de violencia delictiva, aquel que causó los apagones por descuidado, aquel que condecora a corruptos y que devuelve la protección a expresidentes y sus familias solo para beneficiarse él mismo. Ese no fue el Guillermo Lasso por el que voté, y nunca creí que en 900 días podía cambiar tanto como para hacer añicos un país.

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