
Propietarios de edificios cuestionan nueva norma de medidores de agua en Quito
Medidores de agua individuales en Quito: nueva exigencia del Municipio genera dudas por costos y trámites
En medio de los cuestionamientos por el incremento del valor de la Tasa de Recolección de Basura (TRB) en la planilla de agua, el alcalde de Quito, Pabel Muñoz, anunció el 3 de marzo de 2026 una nueva medida para las edificaciones de la capital: todas las construcciones nuevas deberán contar obligatoriamente con medidores de agua individualizados.
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La decisión busca corregir uno de los principales problemas detectados durante el primer mes de facturación de la tasa: los mayores incrementos se han registrado en edificios y condominios que comparten un solo medidor de agua.
De acuerdo con el Municipio, esta situación dificulta calcular de forma justa el consumo y, por ende, el cobro de la tasa de basura. Sin embargo, la propuesta ha generado inquietud entre administradores y vecinos de conjuntos residenciales, quienes advierten altos costos de adecuación y procesos burocráticos complejos.
Costos elevados para conjuntos existentes
Andrés Oviedo, administrador del conjunto Torres de San Isidro, explica que implementar medidores individuales en edificaciones ya construidas no es una tarea sencilla.
Según detalla, en este complejo residencial cada torre funciona con medidores comunales que abastecen a entre 33 y 34 familias, debido a que el sistema hidráulico fue diseñado con una tubería matriz central.
“La medida sería fantástica si todos los conjuntos tuvieran la infraestructura para colocar medidores individuales. En nuestro caso tendríamos que rehacer todo el sistema de tuberías internas para que cada departamento tenga su propio medidor”, señala Oviedo.
El administrador explica que los ductos del edificio no tienen espacio suficiente para nuevas instalaciones, por lo que los tubos deberían colocarse por el exterior del inmueble.
Esto implicaría una inversión considerable. De acuerdo con sus cálculos, adaptar una sola torre costaría alrededor de 15.000 dólares.
“Nuestro conjunto tiene 14 torres. Si multiplicamos ese valor, estamos hablando de cifras exorbitantes. No es simplemente decidir hacerlo; significa prácticamente reconstruir el sistema de abastecimiento de agua”, añade.
El gasto también recaería directamente en los propietarios.
“Estamos hablando de unos 500 dólares por departamento. Es dinero que tendrían que poner los vecinos de su bolsillo”, afirma. A esto se suma otro problema: la disponibilidad de medidores.
“En los últimos tres años, la empresa municipal ha tenido escasez de medidores. Nosotros esperamos casi dos años para que nos instalen apenas dos. Entonces surge la duda: ¿para qué hacer una inversión tan grande si luego tendremos que esperar años para que coloquen los equipos?”, cuestiona.
Diferencias en el cobro de la tasa
Otro de los reclamos se relaciona con las diferencias en el valor de la TRB entre edificios.
Víctor Pozo, administrador de un conjunto residencial del norte de Quito, señala que en su edificio la planilla llegó con una tasa cercana a 280 dólares, monto que luego debe dividirse entre los habitantes.
“En otros edificios se cobraron alrededor de 42 dólares. Es una diferencia abismal”, afirma. Para Pozo, antes de aplicar medidas estructurales como la instalación obligatoria de medidores individuales, el Municipio debería transparentar los estudios técnicos que respaldan el cálculo de la tasa.
“Al inicio se dijo que los valores no afectarían significativamente a los vecinos y ahora vemos facturas mucho más altas. ¿Qué garantiza que el promedio que menciona el Municipio sea realmente exacto?”, cuestiona.
Testimonio desde el centro de Quito
En el centro histórico de la ciudad, donde abundan edificaciones antiguas adaptadas como departamentos, la preocupación también crece.
María Fernanda López, presidenta de un edificio residencial cercano al sector de San Blas, considera que la implementación técnica sería muy complicada.
María Fernanda López
“Nuestros edificios tienen más de 50 años. Las tuberías pasan por paredes antiguas y espacios muy reducidos. Instalar medidores individuales implicaría romper pisos y paredes en varios departamentos”, explica.
Según López, los vecinos temen que los costos de adecuación superen la capacidad económica de muchos propietarios, especialmente adultos mayores que viven en el sector.
En el sur de la capital, en el sector de Chillogallo, los residentes también expresan inquietudes.
Carlos Yánez, dirigente barrial de un conjunto de departamentos, cree que la medida podría generar conflictos entre vecinos si no se define una transición clara.
“Estamos de acuerdo con que los cobros sean justos, pero el problema es cómo se implementa. Si el costo de instalar medidores individuales es alto, muchos conjuntos simplemente no podrán hacerlo”, comenta.