¿Dónde está el dinero?
Un país que se acostumbra a la impunidad empieza a perder algo más que 110 millones de dólares, pierde el pudor, la vergüenza y empieza a normalizar el “lleve”.

Celec entregó 110 millones de dólares a Progen a una cuenta la cual ahora está vacía.
Hay escándalos como el de Celec EP y Progen Industries LLC que no se explican, se evidencian. No es simple cuestión de un ingenuo “contrato fallido” ni la vieja foto de la “emergencia” usada para saltarse controles. Esto parece, más bien, un manual de alta eficiencia para hacer desaparecer 110 millones de dólares públicos hasta dejar, literalmente, una cuenta en cero. Cero. Ni un centavo para la obra, ni un dólar para el país. Solo el silencio del arca vacía.
Te invitamos a leer: Celec niega filtraciones del caso Progen en EE. UU.: "El proceso judicial es de carácter público"
La cifra no es solo escandalosa por el monto, sino por la limpieza del resultado, el saldo es cero. Ni siquiera la cortesía contable de un residuo. El dinero entró como “solución” para la urgencia eléctrica y salió convertido, según los rastros financieros difundidos, en un festival de transferencias, triangulaciones y empresas de utilería. La urgencia como coartada, el desorden como método, la clandestinidad como plan de negocios.
Pero cada dólar que salió hacia cuentas internacionales, primero tuvo que entrar por una puerta ecuatoriana. Y esa puerta se llama contratación de emergencia, lo que implica adjudicaciones con prisa, controles finitos, firmas que se amparan en la urgencia como si ésta fuera un indulto preventivo. El ecosistema perfecto para que el dinero fluya rápido y, claro, se esfume más rápido aún.
Política
"Fue para evitar tragedias": ministra Manzano justifica desconexión eléctrica no anunciada
Gabriela Alejandra Echeverria Vásquez
Por eso suena a chiste de muy mal gusto, que a los protagonistas locales del desaguisado se los refiera simplemente con el comodín de “están siendo investigados”, que no es otra cosa que un sedante. Es el prólogo habitual del archivo, la antesala de la amnesia y el puente hacia la impunidad.
Desde el poder mientras tanto, se ejecuta la coreografía conocida de minimizar, relativizar, repartir la culpa con humo hasta que nadie pueda señalar a nadie. Los altos funcionarios metidos en el desorden, por decir algo, traducen su papel en ausencia, como si los contratos se firmaran por generación espontánea, como si la administración pública fuera un fenómeno meteorológico y no una cadena de decisiones con nombres, sumillas, cargo y firma.
En medio de este teatro, el Estado ecuatoriano corre detrás del dinero a cortes internacionales como si el problema fuera solo recuperar lo perdido. No, el problema es más profundo. Recuperar el dinero sin pensar en Ministros pulcros y control de procesos, es preparar el terreno para el próximo saqueo.
Economía y negocios
Inés Manzano sobre ATM y Progen: “Hemos hecho un pésimo negocio, que se hizo antes de que yo llegue”
Vanessa López
Este caso deja, además, una lección súper incómoda, el peculado ya no se reduce a maletines o sacos de dinero, sino a filigrana financiera. Empresas como Astrobryxa S.A. o estructuras como Two Lions Holdings aparecen como piezas de un engranaje diseñado no para ejecutar contratos, sino para diluir responsabilidades, fragmentar el rastro y volver irreconocible el dinero.
No es improvisación, es ingeniería. Pero ni siquiera lo más grave es que el dinero haya desaparecido. Lo alarmante es que esto ya no sorprende. Se comenta, se comparte, se indigna por unos días y luego se guarda, como siempre, en el museo nacional de escándalos sin sanción alguna. Un país que se acostumbra a esto empieza a perder algo más que 110 millones, pierde el pudor, la vergüenza y empieza a normalizar el “lleve”.
Ese saldo en cero no es solo un dato bancario. Es una metáfora brutal del Estado frente a la corrupción, es el Estado cero. Un Estado vacío de control, vacío de consecuencias, vacío de vergüenza institucional. La pregunta, entonces, dejó de ser “¿dónde está el dinero?”. La pregunta es si queda Estado para recuperarlo, y, sobre todo, si queda Estado para impedir que vuelva a desaparecer con la misma facilidad con la que se firma una “emergencia”.