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Diario Expreso Ecuador

Construir sin cimientos

La importancia de la educación inicial: los cimientos en el jardín de infantes son clave para el desarrollo cognitivo y la inteligencia

Las niños reciben nociones vitales y académicas en el jardín de infantes. Allí se empieza a preparar, fortalecer y formar la inteligencia.

Las niños reciben nociones vitales y académicas en el jardín de infantes. Allí se empieza a preparar, fortalecer y formar la inteligencia.Christian Vásconez / Expreso

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Es claro que la pandemia tuvo mucho que ver; por si fuera poco, la inseguridad hace lo suyo y a ello se suman también el desconocimiento generalizado sobre la educación inicial y la sobreprotección. Todo esto lleva a los padres de hoy a refugiarse en ideas como: “es muy chiquito” o “cuando sea más grande aprenderá”, enmascarando así las dudas, el temor sobre dejar crecer.

Parecería que no tenemos el norte claro, que enviamos a los niños a las escuelas para que jueguen, para que se asocien, para que algo aprendan, y perdemos, por tanto, perspectiva, creyendo que el objetivo está en el pequeño logro y no en la construcción de una inteligencia a la que se tiene que preparar, fortalecer y formar. No vamos por la vida diciéndole al Señor que devolvemos el modelo tres años para que nos entregue el cuatro. El niño es uno solo: es el mismo que se irá transformando a través de las etapas de la vida hasta llegar a ser el adulto que buscamos y para el cual debemos trabajar en procesos formativos, cognitivos, axiológicos psicológicos y socioculturales.

¿A qué edad debe empezar la educación?

Cuando comprendemos que el ser humano es uno solo, desde que nace hasta que devuelve la vida, recién entonces descubrimos que en esa inteligencia, en esa voluntad, debemos trabajar desde el principio, generando las vías y las pautas para que cada edad vaya haciendo lo suyo, soportándose en lo que viene de atrás, en lo que ya se hizo, en lo que ya se sembró.

Si se nos clarifica que entre dos y cinco años se producen grandes transformaciones, si esto se nos hace evidente, se vuelve necesario entonces comenzar a trabajar en ese cerebro y en ese espíritu pronto, casi urgentemente.

Las nociones vitales y académicas están en el jardín de infantes; no debemos negarles a nuestros niños la oportunidad de crecer y abrirse a un proceso formativo que los lleve a construir su propia personalidad en manos de equipos claramente preparados para ello.

Un edificio sin cimientos se cae; un árbol sin buena raíz, igual. Por eso la persona humana no debe correr esos riesgos, y nos obliga, a educadores y padres, a trabajarla y construirla con prontitud.

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