Donde empieza el poder y termina el derecho
Preparemos a nuestros hijos para el mundo futuro: la economía espacial definirá quién controla los mercados y la libertad en los próximos años

La economía espacial no será un sector adicional, sino la infraestructura sobre la cual se apoyarán los sectores tradicionales.
Si uno tuviera que aconsejar hoy a su hijo, no lo prepararía para pilotar aviones sino naves espaciales.
El próximo mayo, en Lisboa, se celebrará la Cumbre Europea de la Economía Espacial 2026, organizada por The Economist Impact. No es un encuentro técnico ni una vitrina científica. Es un espacio donde convergen reguladores, empresas y estrategas para discutir soberanía, datos, resiliencia industrial y control de infraestructura orbital.
Los nombres importan porque revelan la dirección. Participan actores como Amazon, Vodafone, Airbus, SES, Eutelsat y Thales Alenia Space, junto con agencias como la Agencia Espacial Europea. No es una conversación académica. No es un encuentro científico. Es un espacio donde se diseña poder económico. Es un cruce de poder público, empresa y tecnología, donde también aparecen perfiles regulatorios, científicos y operadores de infraestructura crítica.
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El mensaje es inequívoco. Esas organizaciones ya están mirando hacia arriba porque entienden que el espacio no es un destino, sino una infraestructura. El lenguaje lo confirma. Autonomía de datos, capacidad de lanzamiento, resiliencia industrial. Conceptos que, en términos reales, describen control, independencia y ventaja competitiva.
El mayor error posible: no participar en el cambio
Lo que allí se discute no es el futuro lejano. Es la arquitectura del comercio que viene. Un comercio que no se ve pero que ordena todo lo demás. Redes satelitales que determinan conectividad, sistemas de observación que redefinen agricultura, defensa y finanzas, capacidades de lanzamiento que operan como barreras de entrada. Quien controle esas capas no participará en los mercados en igualdad de condiciones. Tendrá la capacidad de configurarlos.
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América Latina observa todavía con distancia. No participar en esta conversación no equivale a mantenerse al margen, sino a aceptar una posición subordinada en la estructura que otros diseñan. La economía espacial no será un sector adicional. Será la infraestructura sobre la cual se apoyarán los sectores tradicionales.
Las misiones recientes ayudan a entender el cambio. Artemis II no busca grandes hallazgos científicos. Su valor es otro. Restablecer la presencia humana en trayectorias que durante décadas fueron excepcionales y, al mismo tiempo, consolidar una cadena industrial y tecnológica que permitirá operaciones cada vez más rutinarias.
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India ofrece otro ángulo de esta transformación. Su programa espacial, inicialmente concebido como instrumento de desarrollo, ha evolucionado hacia un ecosistema donde el sector privado participa activamente, con cientos de empresas y una clara ambición de posicionamiento global. La apertura regulatoria, combinada con avances tecnológicos y costos decrecientes de lanzamiento, ha convertido el espacio en una extensión natural de su estrategia industrial.
De vuelta en la cabina de los pilotos, uno de ellos dice que allá arriba no habrá solo innovación. Habrá concentración. Que no será un espacio de pluralidad, sino de poder. Dice que no es necesario mirar tan lejos. Que cuando el poder se concentra, incluso en la Tierra, la crítica empieza a incomodar y los medios independientes se vuelven un estorbo. Y cuando eso ocurre, el problema ya no es el mercado. Es el poder.