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Diario Expreso Ecuador

Cargos sin preparación

La improvisación política agrava las crisis en Ecuador. Urge contratar perfiles técnicos en los sectores de salud y energía eléctrica

Ecuador enfrenta hoy dos crisis que responden a problemas estructurales: en la salud pública y en el sector eléctrico.

Ecuador enfrenta hoy dos crisis que responden a problemas estructurales: en la salud pública y en el sector eléctrico.Archivo Expreso

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En política se ha instalado una idea peligrosa: que cualquier persona, con voluntad y un buen equipo, puede dirigir cualquier sector o institución del Estado. En tiempos normales esto ya es discutible. En medio de una crisis, es irresponsable.

Ecuador enfrenta hoy dos problemas estructurales. El sistema de salud arrastra desabastecimiento de medicamentos, deudas con proveedores y hospitales que operan al límite. No es una falla puntual: es el resultado de muchos años de mala gestión, decisiones equivocadas y prácticas corruptas

El sector eléctrico repite el patrón. La demanda crece, la oferta no. La dependencia de la hidroelectricidad expone al país al estiaje, la falta de reglas claras ha frenado la inversión y tenemos dificultades en el sistema de transmisión y de distribución. El sistema no está en riesgo: está tensionado al máximo.

Solo los expertos pueden tomar las decisiones adecuadas

Ambos sectores son sistemas complejos que exigen de sus autoridades formación, experiencia y criterio. Aquí no basta con delegar: hay que entender lo que se decide.

Se suele señalar que los ministros pueden apoyarse en equipos técnicos. Es cierto, pero no suficiente. Un equipo asesora; no decide. Y si las autoridades no entienden el sistema, tampoco pueden distinguir entre una buena decisión y un error costoso. El problema de fondo, entonces, no es de personas, sino de estándares, o de falta de ellos. La designación de autoridades sin la preparación adecuada introduce un riesgo institucional que termina trasladándose a la calidad de las decisiones públicas.

El Estado no es un espacio de aprendizaje. Es un espacio de decisión. Y en sectores críticos, esa improvisación tiene consecuencias concretas: hospitales sin insumos, sistemas eléctricos colapsados, crisis que se agravan por decisiones mal tomadas.

Si se quiere un Estado que funcione, la designación de ministros no puede responder únicamente a cálculos políticos, cercanía o confianza. La competencia técnica no es un lujo ni un valor agregado. Es el mínimo exigible.

La falta de preparación, en el sector público, no es un detalle. Es, muchas veces, el origen del problema.

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