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Diario Expreso Ecuador

testimonios

Historias del Centro Histórico de Quito: quienes regresan para vivir, restaurar y emprender

Mónica Moreira y su familia, Nicolás Viteri y su novia y Andrés Morales apostaron por San Juan; Martín Real y su socia, por La Tola

Mónica Moreira y su esposo José María Sáez llegaron a su casa en la Galápagos, hace 31 años. La han ido interviniendo poco a poco, desde la terraza la vista es increíble.

Mónica Moreira y su esposo José María Sáez llegaron a su casa en la Galápagos, hace 31 años. La han ido interviniendo poco a poco, desde la terraza la vista es increíble.MATTHEW HERRERA/ EXPRESO

Rosero Mariela
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Lo que debes saber:

  • Historias de personas que escogieron el Centro para vivir; una pareja de arquitectos lleva 31 años en una casona, que rehabilitaron.
  • Tras vivir desde niño hasta los 18 años en el centro, Nicolás Viteri volvió, con un proyecto innovador; su casa está detrás de la Basílica.
  • En San Juan, un joven que creció en el barrio, mantiene un restaurante, que combina una vista espectacular y comida ecuatoriana.

Mientras algunos deciden mudarse a la periferia, sueñan con los valles, y acuden al Centro solo de visita, otros lo consideran un lugar ideal para residir. En ciertos casos, su vínculo nace del descubrimiento de la belleza y lo estratégico de la ubicación; y en otros, regresan movidos por recuerdos de la infancia. 

Sus viviendas y negocios, en todos los casos, sorprenden: se levantan en antiguas casonas, donde la arquitectura tradicional se conserva e incorpora elementos contemporáneos.

Detrás de la iglesia de la Basílica, en las calles García Moreno y Carchi, la fachada de una casa de adobe pasa desapercibida hasta que Nicolás Viteri abre la puerta. Al entrar, el espacio parece deshabitado. Se han retirado elementos que no formaban parte de la estructura original y que bloqueaban la entrada de luz. En el techo han colocado una sobrecubierta, avanzan poco a poco.

Viteri, de 36 años, vivió hasta los 18 a una cuadra de la casa que compraron hace dos años y medio. Junto a sus padres y hermanos residió en el Condominio Central, en la Galápagos y García Moreno. También visitaba casi a diario la vivienda de su abuela, en Montevideo y Estados Unidos.

A los 19 años, su familia se trasladó a Tumbaco, donde permaneció cerca de tres años. Entonces levantó la “casa parásito”, sobre la propiedad de su abuela. Más adelante, se instaló con su pareja en Guápulo, hasta que, junto con su hermano y su madre resolvieron invertir en ese sueño.

Junto a su novia, la también arquitecta, Carlos Chávez, Viteri decidió recuperar el espacio posterior, que tenía una escalinata, pero era un monte; y potenciarlo como un patio alargado. Construyeron pequeñas terrazas aprovechando ladrillos y otros materiales, de añadidos que estorbaban. 

En la García Moreno y Carchi, detrás de la Basílica, los arquitectos Nicolás Viteri y Carla Chávez guardan un secreto: una vivienda para dos, en la que habitan ya un año.

En la García Moreno y Carchi, detrás de la Basílica, los arquitectos Nicolás Viteri y Carla Chávez guardan un secreto: una vivienda para dos, en la que habitan ya un año.MATTHEW HERRERA/ EXPRESO

Levantaron un jardín que incluye plantas medicinales y que lleva a la vivienda, de 60 m2, que parece una obra artística, combina una construcción contemporánea, donde predomina la madera, que respeta algunos muros de adobe, más plantas que atrapan la humedad. Seguirán, surfeando la normativa, para avanzar; adelante habrá comercios.

31 años residiendo en el Centro

También en San Juan, en la Galápagos, entre Vargas y Venezuela, viven, desde hace casi 31 años los arquitectos José María Sáez y Mónica Moreira con su hijo Elías, su sobrino Emilio y su hermana.

Mónica, estudiante lojana de Arquitectura en la Universidad Central, formó parte de la toma del Centro impulsada por el profesor Jorge Benavides en 1988, un año después del terremoto. Recuerda que desde entonces quedó emocionalmente unida a esta zona.

En España, mientras se especializaba, conoció a su pareja, quien —según cuenta, mientras recorre su vivienda— compartió su “locura”. No abandonarían la propiedad, aunque en diciembre pasen hasta nueve chivas por hora comenta y su sobrino y socio en Cruce Común, Emilio Erraez, asiente. 

La casa es sobria; parece que evitaron romper con su origen, pero potenciarlo; predominan el blanco y el gris, por ejemplo, en una especie de piedra de lavar aprovechada para montar la cocina o huecos empotrados, como cajones, en lugar de estanterías. 

En la terraza, la vista es un privilegio: se ve de frente la Virgen del Panecillo; el cielo celeste y las nubes blancas, con el rojo terracota de las tejas de los techos y el verde; así como los contrastes de inmuebles mantenidos y otros no, pintan un cuadro que todos deberían poder mirar.

Sí, no tienen parqueo, alquilan un espacio; ajá, aún hay buses circulando con pocos pasajeros; y los cables de telefonía cuelgan de los postes. Pero desde que llegaron la panadería de la esquina se ha mantenido; saludan por su nombre a los vecinos; tienen todo a un paso.

En San Juan abrieron su restaurante

Más arriba, más cerca del cielo, aún en San Juan (Montevideo y Panamá), Andrés Morales y su esposa Nicole Rossignoli hablan de X lo Alto Restaurante. 

Andrés Morales se crió en San Juan y en la Montevideo y Panamá levantó X lo Alto Restaurante.

Andrés Morales se crió en San Juan y en la Montevideo y Panamá levantó X lo Alto Restaurante.MATTHEW HERRERA/ EXPRESO

Los abuelos Luis Morales y María Carlota Vásconez (fallecida) se establecieron en el barrio, en donde se enamoraron sus padres. 

Él creció allí, jugaba fútbol en el viejo Hospital Militar. Como chef no vio un mejor lugar para emprender. Allá hay carpintería, sastrería, mote, la tienda de barrio El Vecino, verdulería y a pocas cuadras el Mercado América

Previo reserva sirve comida ecuatoriana, con técnicas contemporáneas, por lo que sirve choclomote con mapahuira y cangrejo o costilla encocada y más a nacionales y extranjeros.

No son promotores inmobiliarios

Martín Real y Florencia Sobrero construyeron en La Tola.

Martín Real y Florencia Sobrero construyeron en La Tola.MATTHEW HERRERA/ EXPRESO

El ambateño Martín Real y la argentina Florencia Sobrero son los arquitectos detrás de San Tola, conjunto habitacional en Oriente y Vicente León, en La Tola. 

“Vivir en Quito se vuelve complejo por las distancias, nos quejamos del tráfico, no íbamos a contribuir con eso”, relata, por eso construyeron en el Centro. El proyecto se ajusta a los costos de lo que fue el Miduvi -$ 1.100 por m2-, para que accedan a créditos como MitiMiti. Lamenta que las viviendas de interés social estén en Conocoto, Mitad del Mundo. 

Tras concluir la obra en 2022, empezaron a recibir consultas de propietarios de casas heredadas, pero remarca: “no somos promotores inmobiliarios”. 

Como docentes, impulsan una cátedra para repensar lo que se puede hacer con inmuebles abandonados en 10 de Agosto y el Centro; requieren apoyo. 

Además, “la burocracia de la aprobación de un proyecto de intervención en la zona toma un año y eso frena. Las instituciones deberían facilitar estos proyectos. Si no fuéramos testarudos, nos habríamos rendido”.

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