El fetiche ecuatoriano que frena inversión, empleo y crecimiento
La Constitución prohíbe la participación privada en sectores estratégicos, salvo excepciones; así dificulta la inversión extranjera y la generación de empleo

Los excesivos trámites burocráticos frenan la inversión, el emprendimiento y el empleo
Alguien necesita realizar un trámite en línea en el IESS y requiere, primero, imprimir un acuerdo de uso de medios electrónicos, firmarlo y entregarlo físicamente en una oficina. Otro ciudadano obtiene su firma electrónica, la utiliza para una demanda y el juez de turno le pide que vaya a reconocer firma y rúbrica (sic). Una cadena de supermercados desea invertir pero para abrir un nuevo local, primero deberá cumplir con más de ciento ochenta trámites (¡180!).
Pamela Aguirre Castro (la constitucionalista, no la política) publicó hace tiempo un artículo en el que nos definía como una “cultura fetichista de tipo normativista”. Tiene mucha razón: vivimos en un país en el que las reglas son más importantes que los bienes jurídicos que protegen. Cinco siglos después de las primeras Leyes de Indias y aún no hemos logrado modernizar nuestra concepción sobre cómo establecer acuerdos que funcionen, pues las normas siguen dictándose sin entendimiento de lo que se requiere para producir y funcionar. Estamos atrapados en una historia circular donde siempre terminamos regresando a gobiernos estatistas que concentran, controlan y limitan la capacidad humana para innovar.
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El camino a seguir es la simplificación normativa
La Constitución del 2008 es un perfecto ejemplo de esa dogmática reduccionista y miope, en la que unos pocos sabios creen entender qué conviene a cada persona. Se reservan el derecho de planificar y escoger a ganadores y perdedores, creando no solo un entramado jurídico imposible de navegar para cualquier mortal sino también condenando a todos al fracaso. Llenos de recursos naturales, con esa Constitución prohibimos la participación privada en los sectores estratégicos salvo condiciones excepcionales; dificultamos la inversión extranjera y las facilidades para generar empleo; o impedimos la libre elección de mecanismos de aseguramiento, perpetuando un monopolio ineficiente llamado IESS, cuyo hueco financiero amenaza con tragarnos a todos.
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Es difícil, en medio de tanto incendio, concentrarse en la simplificación normativa, pero si el Gobierno lo hace y corta de un tajo la mayoría de las regulaciones absurdas que nos rigen, propulsaría al Ecuador hacia el futuro.