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Se busca

FICCIONES DE LA DEMOCRACIA. Se busca un estadista que sepa diseñar el riguroso sistema constitucional y legal que impida esta repugnante debacle.

No, no aludo a ningún truhan. Esos ya sabemos dónde están, qué cargo y porcentaje de discapacidad tienen y por qué no obedecen al presidente: ha sido que no oyen por la discapacidad auditiva.

Es que cuando creíamos haberlo visto todo, aparece otra tarea de asaltantes a las arcas fiscales que, para aliviar sus dolencias, necesitan depositar sus asentaderas en las butacas de cuero de un lujoso Mercedes Benz, utilizando la misma ley que hicieron para que los impuestos solo los paguemos pendejos como usted o yo, lector.

-¡Mira mi amor… el cuero del asiento me curó la discapacidad de la artrosis en las posaderas!

Por eso lo que necesitamos es un estadista, luego del lamentable retiro de la contienda política del mejor administrador -probado- del país. Que nos diga cómo va a recuperar todo lo robado, porque si no se lo hace durante el próximo gobierno, la impunidad hará que el atraco continúe ‘forever’. Con nuevos nombres y mañas, pero seguirá.

De ahí que la prosperidad no sea la fórmula mágica, sino la receta incompleta. Ya no sirve la típica “haré miles de casas y crearé puestos de trabajo”. Quien solo ofrezca esto, difícilmente ganará las elecciones. Porque prósperos ya fuimos. ¿O es que hemos olvidado la próspera época de “ricos y famosos”, cuando el prófugo belga regalaba 30 millones de dólares a los Estados Unidos por las preferencias arancelarias?

Solo merece la presidencia quien sea capaz de arreglar este desbarajuste. Quien logre impedir que una vez creada la prosperidad, la corrupción y la impunidad se la vuelvan a llevar en peso, ambas disfrazadas de salcedos, ratones belgas y falsos discapacitados. 

Para eso hay que saber cómo privilegiar los derechos de la sociedad sobre los de los delincuentes. Se busca un estadista que sepa diseñar el riguroso sistema constitucional y legal que impida esta repugnante debacle. Y claro, que explique cómo lo hará, y que lo haga.

¿O el Ecuador tiene que seguir pagando las consecuencias de no haber votado por Álvaro Noboa, quien ostenta el nada despreciable mérito de haberle ganado al convicto belga en la primera vuelta?