
Pablo Alborán en entrevista: “Quiero que Ecuador se quede con un suspiro”
El cantante repasa el momento actual de su carrera, marcado por su gira KM0 y su debut como actor en la serie Respira.
A 15 años del inicio de su carrera discográfica, Pablo Alborán (36) vuelve a Ecuador como parte de su gira KM0, con dos conciertos programados para marzo de 2026. El artista español se presentará el 19 de marzo en el Coliseo General Rumiñahui, en Quito, y el 21 de ese mes en el Coliseo Voltaire Paladines Polo, en Guayaquil, en un recorrido que repasa su trayectoria y marca una nueva etapa creativa.
En esta entrevista con EXPRESIONES, Alborán explicó que esta gira responde a una decisión consciente de revisar su propio recorrido musical. El repertorio incluye canciones que han acompañado distintas etapas de su carrera, junto con los temas de su más reciente producción discográfica, KM0. “Es un repertorio de los más amplios de mi carrera. El show va a durar más que todos los anteriores”, señaló.
El músico indicó que el montaje del tour fue concebido para integrar su evolución artística con una puesta en escena que le permita recorrer distintos momentos de su discografía. “He decidido darlo absolutamente todo”, afirmó, al explicar que el espectáculo incorpora más músicos en escena y una estructura que conecta canciones de diferentes épocas. Además al tener canciones de salsa, también hay una sección de vientos que le llena de emoción poder incorporar a su espectáculo.
KM0: volver al origen
El disco KM0 surge, según el propio Alborán, como una necesidad de regresar a lo esencial. El título remite a la idea de volver al punto de partida, tanto en lo musical como en lo personal.
El artista explicó que el álbum está construido desde la observación de lo cotidiano y desde experiencias recientes que modificaron su manera de entender la vida.
“Es un disco muy auténtico, muy real… hablo del amor desde la parte más cotidiana. Hay mensajes sobre la salud, la enfermedad y el quererse a uno mismo”, expresó. En ese proceso, el cantautor incorporó vivencias familiares relacionadas con la enfermedad y la recuperación, elementos que atraviesan varias de las letras del álbum.
Una de las canciones que sintetiza ese proceso es Planta 7, tema inspirado en la experiencia hospitalaria vivida por su familia. “Describe lo que viven muchísimas personas en España”, explicó, al referirse a la enfermedad, los tratamientos y la espera. Para el artista, compartir esa experiencia también implica visibilizar procesos como la donación de médula. “La donación de médula salva vidas”, sostuvo, a lo que agregó:“La seguridad social es importante”.
Pablo Alborán debutó como actor
Pablo Alborán habló sobre su experiencia como actor tras participar en la serie Respira, proyecto que marcó su debut en la ficción televisiva de Netflix. El artista se refirió a este paso como un proceso significativo dentro de su carrera y destacó el impacto personal que tuvo formar parte del rodaje.
Alborán señaló que el trabajo en la serie le permitió conocer una dinámica distinta a la de la música. “Participar como actor ha sido brutal, una de las experiencias más felices de mi vida. Nunca había sentido ese compañerismo”, afirmó, al referirse al vínculo construido con el equipo técnico y artístico.
El cantante explicó que vivió el rodaje desde la preparación y el aprendizaje constante, valorando el acompañamiento recibido en cada etapa del proceso. Según indicó, la experiencia le permitió ampliar su mirada profesional y acercarse a la actuación desde un lugar de compromiso y trabajo colectivo.

Pablo Alborán: "Sigo siendo, en el fondo, ese niño de 15 años"
Hace poco vi una imagen en Instagram que decía: ‘Tu yo del colegio creería que eres muy cool’. Justo pensé en eso al escuchar su álbum, que habla de volver a lo básico. ¿Cree que eso pensaría su yo del pasado al verlo hoy?
Quizá sería del grupo de los raros, ¿no? Yo nunca pensé en ser cool ni en pertenecer al grupo de los guays (bacanes) o los chulos del colegio. Pero sí me daba cuenta de que la música me ayudaba a unirme a distintos grupos de gente. La música me permitió tener amigos muy distintos entre sí: los más estudiosos, los que no estudiaban nada y se pasaban el día saliendo, gente de distintas zonas de mi ciudad. Desde muy pequeño me enseñó que la música une y genera empatía. Si el Pablo de 15 años me viera hoy como un artista externo, probablemente no se lo creería. Nunca me he planteado qué pensaría de mí mismo viéndome ahora. No sé si admiraría a un artista como yo. Yo intento estar a la altura de lo que me enseña mi público y de lo que me enseñan mis referentes musicales y artísticos. En el fondo, sigo pensando que soy ese niño de 15 años.
De las canciones del álbum, ¿cuál es la que le toca una fibra más íntima?
Planta 7 es una canción que me va a costar muchísimo cantar. Habla de lo que sucede en la planta siete del Hospital La Fe de Valencia, donde se viven cosas muy traumáticas y también milagros muy grandes, como el que vivimos en mi casa. Describe lo que atraviesan muchas familias: la enfermedad, la esperanza, la cura, aunque no todas las historias terminan bien. Es una manera de defender la sanidad pública de mi país, de apoyar la donación de médula y de acompañar a quienes están pasando o han pasado por un proceso así.
¿El arte sigue siendo político para usted?
El arte tiene un poder social, sin duda. La política, en cambio, me tiene muy desencantado. Creo que hace décadas tenía un significado maravilloso y hoy me produce rechazo. No creo que a los artistas se nos deba imponer una responsabilidad política que no hemos elegido, pero sí es cierto que el arte tiene una capacidad enorme de generar empatía y diálogo. Aunque pensemos distinto, que es lo normal, lo importante es escuchar al otro. Antes, incluso en el desacuerdo, se escuchaba. Hoy eso se ha perdido. La música sigue siendo un espacio donde personas de distintos pensamientos pueden coincidir. Lo que vimos recientemente en los Grammy, con artistas de distintos géneros y visiones, es un ejemplo de eso. No es solo político: es social y humano. Y aunque no sea una responsabilidad buscada, no podemos mirar hacia otro lado frente a lo que sucede alrededor.
Cuando termina el concierto y suena el último acorde, ¿qué le gustaría que el público se lleve consigo?
Un suspiro.
¿Un suspiro bueno o malo?
Los suspiros nunca son malos. Es como cuando va a un fisioterapeuta: hay un momento de dolor intenso y, de pronto, el cuerpo suelta todo y suspira. Ahí es cuando realmente se relaja. Para mí, el concierto es eso: un espacio donde, sin darse cuenta, el público lo soltó todo. Lloró, bailó, disfrutó, se emocionó, se reconcilió con el pasado, incluso se enfadó. Que el cuerpo diga: ‘Estoy vivo, estoy viva’. Ojalá eso suceda en cada show.
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