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Series Netflix | Ozark: La corrupción es una bola de nieve

"Ozark está, sin lugar a dudas, en el podio de las mejores series dramáticas que se emiten en la actualidad", asegura nuestro crítico

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Los personajes de Ozark evolucionan y crecer conforme esta gran serie va a avanzando.CORTESÍA

Es más que interesante desenmarañar las vicisitudes alrededor de los protagonistas del narcotráfico. Y esto no tiene que ver con adoptarlos como role-models. Al menos, en mi caso, me ayuda a entender desde diferentes ópticas las motivaciones y el descalabro moral en el que estas historias se revuelven. Ozark es una serie que pone más énfasis alrededor de la cotidianidad de la industria de la droga. Sin embargo, aquello que la hace poderosa y atractiva es su inusual enfoque hacia el testaferrismo y sus protagonistas. Y aunque esta es su premisa, Ozark se nos presenta como un apasionante thriller psicológico que inunda la pantalla y a sus protagonistas.

Ozark trata acerca de la vida de Marty Byrde (Jason Bateman), un consultor financiero que se ve envuelto en un negocio sucio dentro de una red de narcotráfico. Para salvar a su familia, la cual es amenazada, él deberá acceder a lavar una enorme cantidad de dinero para un cartel de drogas. Su increíble astucia lo llevarán a mudar las operaciones a un, en apariencia, tranquilo sector de Missouri donde sería mucho más sencillo estar lejos del ojo y escrutinio público y policial: la región Ozark. 

Para sazonar la historia, Marty descubre la infidelidad de su “perfecta” esposa Wendy (Laura Linney) quien se nos presenta como una mojigata que vive acostumbrada a la rutina de sus días. Desde allí, el drama empieza a presentarnos una espiral de situaciones que Marty deberá sortear, que no solo estarán alrededor de sus nuevos jefes narcotraficantes, sino también de los pintorescos y muy particulares habitantes de Ozark entre los que se incluye un abanico de personajes que va desde agricultores de sustancias ilícitas, delincuentes, policías corruptos, detectives sui-generis y demás.

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Ozark es varias cosas a la vez: una historia sobre el narcotráfico y sus tentáculos, un drama familiar intenso y brutal, una historia de hundimiento y amoralidad y un cuento de emancipación.

Lo interesante es que estas aristas tocan a casi todos los personajes principales de la serie de formas distintas y creíbles. Así, el espectador sucumbe y empatiza fácilmente con las historias presentadas, creando un hilo imaginario que siempre invita a engancharnos y querer más. 

Ozark no busca enseñarnos sobre ética y moral, tan solo nos muestra hechos que se ven salpicados por inusuales situaciones los cuales los hacen más entretenidos. Hay, eso sí, una lección que cada temporada se encarga de hacernos notar: todos los actos tienen consecuencias y no hay manera inmaculada de encubrirlos. Siempre hay daños colaterales.

Aquí, el tráiler de la tercera temporada de Ozark (Netflix):

Una buena historia siempre existe en los labios de quien la cuenta. Así, Ozark nos presenta un abanico de actores que, a lo largo de las tres temporadas, han evolucionado junto a sus personajes para presentarnos un derroche de excelentes interpretaciones. 

Jason Bateman, en su rol principal, se aleja de aquellos papeles cómicos con los que siempre brilló, para presentarnos un rol dramático cargado de cinismo, interiorización y cierto humor negro. Su participación se vuelve aún más elogiable cuando nos enteramos de que dirige y produce algunos de los episodios de la serie. Laura Linney, en su rol de Wendy, la esposa de Marty, es una muestra ejemplar de cómo mutar la esencia de un personaje mostrándonos una dualidad evidente entre la Wendy de la primera temporada y la de la tercera temporada.

Y Julia Garner en el papel de Ruth (mi personaje favorito de la serie) se roba el protagonismo con la potencia e irreverencia de sus escenas. Y sí, aún cuando estos son los personajes principales, Ozark nos presenta muchísimo más en pantalla y nos embelesa con grandes actuaciones.

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Gráficamente, Ozark es un deleite completo. Su paleta de colores conspira con el tono de la serie: gris azulado. La dirección nos transporta hacia el mismo corazón de los conflictos con su manejo inteligente y rítmico de la cámara. La fotografía busca siempre ambientarnos en los amaneceres y atardeceres de Ozark matizando los vastos verdes con el tono azul grisáceo de los lagos. El guión es ingenioso, con giros fascinantes que encajan muy bien en la desmoralización que experimenta la familia Byrde durante la serie. Es, realmente, una experiencia completa verla.

Ozark está, sin lugar a dudas, en el podio de las mejores series dramáticas que se emiten en la actualidad. Es entretenida, sorprendente y a la vez busca en el espectador la reflexión ante las situaciones extremas que sus protagonistas viven. Tiene en su palmares 32 nominaciones a los premios Emmy y no es para menos. Es una serie que recomiendo completamente. Es un viaje oscuro y fascinante hacia lo más nefasto del ser humano. Un viaje sin retorno, es verdad, pero muy… muy entretenido.