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Street Food es una contrapropuesta a su aclamada Chef’s Table.Internet

Netflix | Street Food: La comida entra por los ojos

Street Food es creada por David Gelb y Brian McGinn, quienes también crearon la muy popular Chef’s Table y Jiro Dreams of Sushi

En general, debo decirlo, no soy asiduo seguidor de los programas culinarios. Vi por recomendación de mi hermano Manuel la primera temporada de Master Chef Ecuador. Me gustó. Me enganché con los personajes, los retos y las maravillas que se cocinaban y presentaban. Pero antes, en abril del año pasado (2019) me encontraba yo postrado en cama producto de una fractura en el quinto metatarsiano de mi pie izquierdo. Ya le había dado vueltas a gran parte del catálogo de Netflix y de mi colección personal que alojo en un servidor de Plex. Era el momento de explorar otros títulos, diferentes a lo que habitualmente veo. Fue así como me encontré con Street Food y su primera temporada dedicada a los sabores de Asia. ¡Qué gran descubrimiento!

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Street Food es creada por David Gelb y Brian McGinn, quienes también crearon la muy popular Chef’s Table (con 6 temporadas ya) y Jiro Dreams of Sushi (un maravilloso documental sobre un hombre de 85 años que maneja un restaurante de sushi en una estación de metro con capacidad únicamente para 10 personas y 3 estrellas Michelin). Street Food es una contrapropuesta a su aclamada Chef’s Table. Aquí los lujos están descartados, lo que se busca es que nos adentremos al corazón de la ciudad y fluyamos en sus calles encontrándonos con maravillosos manjares que construyen el folclore urbano. No hay galardonados chefs, sombreros blancos ni mandiles. Por el contrario, los cocineros son personajes sencillos, humildes, con entrañables historias de superación y mucho sabor entre sus manos.

Si bien es cierto, el corazón de Street Food es la comida, su guion matiza los sabores con historias de los personajes que las producen. Es interesante todo lo que estas personas han tenido que escalar para sacar adelante sus negocios, y con esto, a sus propias familias. Ninguno es millonario o cuenta con varias sucursales. La mística de sus creaciones emerge en sus quioscos callejeros entre polvo, ruido y los ávidos comensales que compran, pagan y pasan de largo. Street Food nos propone entonces un viaje para interiorizar en el corazón de los que cocinan y también de los que comen para, juntos, moldear los olores que deambulan por las calles de sus ciudades. La comida es el motor que define y edifica la cultura popular.

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Un buen programa de cocina debe alardear de su buena fotografía. Y aquí está, a mi parecer, el punto más alto de Street Food. Su gran calidad de cinematografía ebulle a la vista del televidente, los platos emergen frente a nosotros con vívidas paletas de colores que nos hacen salivar en un acto inconsciente que comulga con nuestras ganas de comer. Cuidado, no recomiendo ver Street Food con el estómago vacío. Los colores de los fiambres se entrelazan con las maravillosas tomas de las ciudades que los albergan. Días y noches se nos presentan para no solo hacernos dar ganas de comer, sino también de viajar.

Actualmente, Street Food tiene dos temporadas. La primera dedicada a Asia y la segunda dedicada a Latinoamérica. Netflix las considera como dos series diferentes, para este servidor se entienden mejor como una sola. Es una serie que resalta por la gran riqueza cultural que nos propone. Dicen que más culto es el que más viaja y creo que por series como esta se empieza. Debo terminar manifestando mi decepción al no ver que mi país fue visitado por los productores de la serie. Me hubiera encantado ver un bolón, un bollo, un tigrillo o un caldo de bolas coloreados en la pantalla de Street Food. Sin embargo, nada de esto puede restarle puntos a esta gran serie. La recomiendo, siempre y cuando ya haya comido algo antes, o ¿quizá no?