Ocio

Olga Arias, emprendedora machaleña
El matrimonio y su hijo jamás han sido impedimento para que Olga supere los retos que se le han presentado.Cortesía

Olga Arias: "Siempre voy a apostar por Machala"

Empezó a emprender a los 22 años. Su más reciente negocio conquista a los amantes del vino y la cocina de autor

Un letrero de ‘Se arrienda’ marcó un antes y un después en la vida de Olga Arias. Apenas tenía 22 años y ese fue un momento transformador. Si bien se había dedicado por varios años a la ayuda social y en su destino pensaba que estaba centrarse en la filantropía, se dejó llevar por otros planes.

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Sobre todo porque en aquel entonces el ‘bichito’ de emprender la estaba inquietando y no hizo más que dejarse llevar cuando vio una oportunidad. “Usé todos mis ahorros” dice al recordar ese momento. Y agrega: “La dueña del local me preguntaba qué negocio iba a poner. Yo le contesté que no sabía, pero que confiara”.

Todo esto sucedía en calles céntricas de Machala, su ciudad natal. Allí empezó de a poco a tomar forma Gardenia, un estudio de cuidado de cabello y uñas que guarda el gusto de Olga por querer verse y sentirse bien.

Cinco años después llegó el segundo emprendimiento: The Wine Concept, con el fin de incentivar en los machaleños la cultura del vino.

Cuando mira atrás se enorgullece de cómo fue escalando en jornadas que han durado más de ocho horas diarias. Pues no solo emprendió negocios, también se casó y tuvo un hijo. Todo eso en escenarios que fueron tocados por la pandemia, eventos telúricos e incertidumbre por la situación del país. Pero ¿bajar los brazos?¡Jamás!”, afirma como única respuesta posible.

Machala es su centro. “Siempre voy a apostar por mi cuidad... Es donde nací y todo lo que emprenda quiero que sea aquí”, enfatiza.

Hoy, con 29 años, cuenta a EXPRESIONES cómo es el lado humano de los negocios que ha construido.

  • EN EL MUNDO DE LA BELLEZA

Aquel local en alquiler que encontró casualmente cuando tenía 22 años se convirtió en su primer reto, pero también en un lienzo en blanco.

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No sabía exactamente qué haría allí, pero tenía algo claro. “Era muy fan de los salones de belleza. Pero sentía que en mi ciudad faltaba uno más completo, con buena decoración, productos en tendencia y de calidad”, comenta. Así nació Gardenia, Hair and Nails Studio.

Puso en esa idea todos sus ahorros y en los primeros años pudo contratar cuatro empleadas, a quienes les ha dado un trabajo digno. “Antes de emprender, era voluntaria activa de fundaciones y eso me hizo conocer el lado más necesitado de las personas. Por eso cuando emprendí, me mentalicé que siempre debía generar empleo con sueldo justo y beneficios”, expresa. 

De ahí que ha empoderado a mujeres con diversas historias. “Algunas venían de trabajos donde les pagaban $ 200 al mes, o de entornos laborales donde las exponían a los gritos, otras, en cambio, eran madres solteras”, refiere.

Con ellas comenzó a armar equipo. “Mi mano derecha es una joven dos años menor a mí es decir, es centennial y nos volvemos coaches para sacar la mejor versión de las chicas y apoyarlas en todo sentido”, ejemplifica.

El bienestar de ellas fue clave para que Gardenia haya crecido. La necesidad de encontrar un local más grande cinco años después y el lanzamiento de un nuevo emprendimiento dan cuenta de ello.

  • ROMPER LA TRADICIÓN

Las oportunidades nacen de las crisis, dicen, y hace siete años, los días que transitaba Olga hicieron que entendiera ese dicho al extremo. Estaba próxima a terminar su carrera de ingeniería comercial en Guayaquil. “Haberme mudado por estudios y luego enfrentarme a decidir qué rumbo tomar era algo que me tenía llena de dudas”, dice.

Por tradición, su ciudad es conocida como la capital bananera del mundo, y el padre de Olga ya tenía constituida una empresa en el sector agrónomo. Ella, en cambio, quería hacer algo diferente. Fue así que en los últimos años de carrera empezó a soñar con algo propio y entonces decidió lanzarse a emprender.

Siempre me ha gustado ver qué es lo nuevo, lo que está en tendencia... Y eso es algo que reviso antes de montar un negocio", explica. A esto le suma una pregunta clave: ¿Qué más necesita Machala?.

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Tras años en los negocios confiesa orgullosa: “Hoy todo mi equipo es machaleño... Y si vuelvo a emprender lo seguiría haciendo en mi ciudad, sin dudar”.

The Wine Concept, su segundo emprendimiento, tiene detrás la historia de amor con su esposo. “Él es amante del vino y en cada cita o viaje nunca nos faltaba una copa... Notamos que en Guayaquil comenzaron a abrir lugares de vinos y nos parecía un concepto maravilloso”.

En 2022, en asociación con su esposo, abrió en Machala un lugar que atrae a los ‘wine lovers’ (amantes del vino), donde encuentran una amplia oferta de vinos y tomarse una copa en un ambiente acogedor.

Fue un gran reto iniciar esto en mi ciudad. Los importadores nos preguntaban asombrados si en Machala se consume esa bebida, pues ellos no tenían clientes allí. Y cuestionaban si nos iría bien”.

Empezaron comprando dos mil vinos provenientes de Francia, Italia, Portugal, entre otros países. “En medio camino conocimos un chef espectacular y decidimos agregar gastronomía”, explica. De ahí que en el lugar no solo pueden elegir un vino, sino también degustar un plato de autor.

Aunque el emprendimiento lo abrieron después de la pandemia, no han faltado los inconvenientes. En el sismo del 18 de marzo, cuya magnitud fue de 6.8, se les quebraron 150 botellas. “La imagen era para llorar”, dice Olga. Tenían solo seis meses y el local no estaba asegurado.

Las redes sociales fueron clave en esos días, ya que ella mostró la realidad de lo que significa emprender. “Se sintió la solidaridad... Hubo quienes nos visitaron para degustar en muestra de apoyo”. Eso hace que su gente la inspire. “Esta ciudad no solo es el lugar donde nací, sino que ha sido fundamental en mi crecimiento”, precisa.

  • ADIÓS A LOS PREJUICIOS

Considera que ser mamá, esposa y empresaria es un reto inmenso, pero maravilloso. Cuando se le pregunta sobre lo logrado desde sus 22 años, responde con una frase de Snoop Dogg.Quiero agradecerme por creer en mí”, dice.

Y agrega: “Antes tenía muchos miedos, en un momento de mi vida lloré sin parar y tuve que arriesgarme a hacer algo diferente para que mi vida tomara un buen rumbo”.

Esto lo ejemplifica con lo que ocurrió mientras trabajaba en la pandemia. “Me di cuenta de que el machismo aún es imponente. Mi hijo tenía ocho meses de haber nacido y hubo personas que me cuestionaban por qué no cerraba el negocio y me dedicaba a mi bebéYo les respondía: ‘Yo puedo’, y con palabras adecuadas les decía que hoy las mujeres somos capaces de todo... Además, tenía que pagar el arriendo y el sueldo de mi equipo”.

Ahora sabe que todo el esfuerzo ha valido la pena. “Tengo la vida que quiero, no solo por lo que hice conmigo, sino por los demás”, concluye.