
Juan Pablo Castro festeja sus 35 años de carrera con una reflexión sobre su obra
El autor pasa revista por la novela policial, el tiempo y el país a partir del detective que atraviesa su obra reciente
El teniente Veintimilla persiste en la búsqueda de la verdad en un entorno atravesado por la violencia y la corrupción. No responde al molde del detective heroico ni al policía institucional: es un personaje que avanza con una ética frágil pero obstinada en un país que parece negarla. Desde La curiosa muerte de María del Río (2016) hasta La máscara del alacrán (2024), este investigador se ha convertido en uno de los ejes narrativos más reconocibles de Juan Pablo Castro Rodas, escritor ecuatoriano que este diciembre cumple 35 años de trayectoria literaria.
La conmemoración no fue planificada. “No me imaginé una celebración como tal. Estaba arreglando mis libros y me di cuenta que cumplía 35 años de carrera”, cuenta el autor. El descubrimiento lo llevó a revisar portadas e inicios de sus libros, más como un ejercicio de constatación que de celebración. “Uno piensa en los 35 años de una manera tan fácil, porque cuando miramos hacia el pasado lo hacemos con cierta ligereza, pero no es tan sencillo”, dice.
Nacido en Cuenca en 1971,el autor creció en un entorno vinculado al arte y al teatro. Es hijo del poeta y dramaturgo Eddy Castro y de la intelectual feminista Raquel Rodas. En 1982 se trasladó a Quito, estudió Ciencias de la Comunicación, realizó estudios de cine en España y obtuvo un doctorado en Literatura Latinoamericana. Desde mediados de los años noventa ha desarrollado una obra sostenida que atraviesa la novela, el cuento, el teatro y el ensayo, y que ha sido reconocida con premios como el Joaquín Gallegos Lara —en dos ocasiones—, el Miguel Donoso Pareja y el Aurelio Espinosa Pólit.
Un autor, dos líneas narrativas
Al revisar su trayectoria, el autor identifica dos líneas de trabajo que conviven en su escritura. “En algún punto me di cuenta que tenía dos líneas poéticas. Una que estaba dada por mis primeros libros, que eran más bien experimentales, centrados en la exploración del lenguaje, y otra de mayor conciencia narrativa”. Para Castro Rodas, esta convivencia no implica una superación de etapas. “No es una evolución en un sentido darwiniano, sino la constatación de que en una escritura siempre laten otros escritores. En mi caso, uno más experimental y otro más argumental, que en algunas novelas se juntan”.
A pesar de la conmemoración, el autor evita releer su obra. “Releer sería un acto de desvergüenza. Un escritor siempre está bordeando el fracaso porque la gran maquinaria del lenguaje es imposible de dominar. Por respeto a la lengua y a la tradición del español, yo nunca releo”, afirma. Para este ejercicio de memoria apenas volvió a las primeras líneas. “Si me leyera por completo, encontraría más zonas de silencio o de fracaso y me daría un poco de vergüenza”, confiesa.

La novela policial ocupa un lugar central en su producción reciente. Lector de la tradición norteamericana y europea, Castro Rodas encontró en el género un espacio para narrar el país. “Este es el género que puede dar cuenta de la realidad ecuatoriana. Ese Ecuador que antes parecía una isla de tránsito y que ahora tiene un rol protagónico en una historia violenta y perversa puede aparecer latiendo en el fondo de la novela negra”. Para el autor, se trata de un género complejo: “Exige un mapa lógico, verosimilitud y tensión. La búsqueda de la verdad sigue siendo un paradigma universal”.
Veintimilla también ha atravesado una transformación. “Al principio era un policía más cercano a la búsqueda de la justicia. Ahora es un personaje más intimista, con mayor conciencia de la existencia. En un mundo de corrupción, el detective se vuelve un idealista, casi un personaje romántico”. Esa línea continuará en La reina diabla, la novela que actualmente escribe y que cerraría la trilogía. “Es imposible alejarse del narcotráfico y la violencia. Este teniente es más viejo, ha dejado de fumar, pero sigue con la relación con los gatos y con la búsqueda de la justicia, que es su gran destino”.
Además de la escritura, Castro Rodas ha trabajado como docente. “El aula es un espacio intenso de debate y confrontación. Yo incentivo a que mis estudiantes destruyan el sueño de vivir de la escritura, para que se queden quienes realmente no pueden dejarla”.
Treinta y cinco años después de su primer libro, la obra de Juan Pablo Castro Rodas continúa expandiéndose entre géneros, personajes y preguntas. La conmemoración, surgida casi por azar, funciona como un punto de observación desde el presente, mientras Veintimilla sigue avanzando en un país que insiste en ponerlo todo en contra.
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