
Jennifer Peterson: Así creó Crookie Bomb, galletas que conquistan Guayaquil
La creadora de Crookie Bomb, convirtió la pasión por las galletas estilo NY en una de las marcas más virales de Guayaquil
La batidora está a máxima velocidad, el aroma a mantequilla y chocolate invade el espacio y, entre bandejas que entran y salen, Jennifer Peterson se mueve diariamente con la naturalidad de quien ha hecho de la cocina su espacio favorito y su lugar de creación.
Desde hace dos años, la guayaquileña decidió arriesgarlo todo por su pasión por las galletas, y dejó atrás la rutina corporativa y la seguridad laboral para dar forma a Crookie Bomb, un sueño que empezó casi sin proponérselo y hoy crece sin freno.
Ahora con 31 años y una comunidad en redes sociales de más de 47 mil seguidores, Jennifer no solo prepara recetas: hornea decisiones valientes, reinvenciones personales y una historia que conecta con miles de personas que, como ella, alguna vez sintieron el impulso de empezar de nuevo.

De un antojo a una marca
Jennifer creó Crookie Bomb en la intimidad de la cocina, a partir de un antojo de su esposo, Alberto. “Él es un amante de los postres y nunca quedaba totalmente satisfecho con los que compraba”, recuerda.
Un día, ella le propuso una solución simple: prepararlos en casa. “Le dije que yo podía hacer varios postres y ver cuál le gustaba”, cuenta. Así iniciaron los experimentos que llenaban el hogar de dulces recetas improvisadas que iban tomando forma entre prueba y error.
Con el tiempo, se dio cuenta de que disfrutaba haciendo galletas. El primero en notar que ahí había más que un pasatiempo fue Alberto... y le regaló su primer hornito profesional.
En noviembre de 2023 comenzaron a vender a amigos y familiares y, en febrero de 2024, ya con la marca creada, se lanzaron al público en general. Desde entonces, el sabor de sus creaciones empezó a correr de boca en boca, y su emprendimiento se volvió cada vez más conocido en redes sociales.
Cuando las redes hacen ruido
Al inicio, Jennifer intentó sostener dos mundos al mismo tiempo, pero el ritmo pronto empezó a pasar factura. “Me levantaba a las 4:30 para preparar masas y hornear, pasaba el día entre reuniones y regresaba a casa entrada la noche para seguir produciendo. Dormía apenas tres o cuatro horas diarias y pasaba muy cansada”.
Todo cambió cuando una influencer hizo un video de taste test (en el que se prueba comida), que se volvió viral en redes. Y, de un momento a otro, los mensajes comenzaron a llegar sin parar.
Eso sí, la emoción vino acompañada de frustración, pues la demanda creció rápidamente. “Llegaba a la casa y lloraba porque no me abastecía”, admite. Fue entonces cuando su esposo le planteó que, si el boom continuaba, había que tomar una decisión. Se dieron seis meses de prueba, pero bastó uno para confirmar que el negocio funcionaba y seguía creciendo. En agosto de 2024, Jennifer renunció a su trabajo e hizo su gran apuesta.
A partir de ahí, todo avanzó rápido. Decidieron participar en ferias donde las personas hacían filas para saborear las galletas, luego se sumaron a las aplicaciones de delivery y el volumen volvió a multiplicarse.
Hoy venden cientos de galletas al día, tienen doce colaboradores, dos locales abiertos y uno más a semanas de inaugurarse. “Si hay algo que podemos decir con orgullo, es que mi esposo y yo nos hemos sabido adaptar en cada situación que se ha presentado”, asegura.

¿Cómo es emprender en Ecuador?
No creo que haya que estar 100 % listo para empezar. Lo importante es hacerlo con lo que tengas y aprender en el camino. Ecuador es un país muy amable con el emprendedor; nos se apoyamos mucho entre sí y ahí hay grandes oportunidades. Para mí, el crecimiento tiene que ser constante, no puedes quedarte parado esperando el momento perfecto.
¿Los ecuatorianos somos noveleros?
Cien por ciento. Todos somos noveleros. Pero ser noveleros nos da la oportunidad de probar sabores nuevos y darle la mano a nuevos emprendedores que cada vez están apostando por crear algo nuevo en nuestro país.
¿Qué le diría usted a quienes creen que todo fue cuestión de suerte?
No voy a decir que todo fue fácil ni que fue solo suerte. La Jennifer que dormía tres horas y tenía dos trabajos para poder comprar los materiales sabe todo lo que hubo detrás. Claro que hay un factor de suerte, pero no es solo eso. Es el esfuerzo constante y las ganas de que la marca salga adelante.
¿Cómo impactó el crecimiento del negocio en su cuidado personal?
Al inicio me descuidé bastante por el trabajo. Estaba tan enfocada en producir y responder pedidos que llegué a hacer solo una comida al día. Con el tiempo me di cuenta de que si quería sostener el ritmo del negocio, también tenía que empezar a cuidarme más y darle prioridad a mi bienestar.
¿Qué papel han jugado las redes sociales en el crecimiento de su marca?
Las redes han sido clave. Es inevitable tener miedo al inicio, pero si no lo haces, nunca vas a saber qué hubiera pasado. Para mí fue importante tener claro qué quería transmitir y cómo quería conectar con la gente. Hay personas que sienten que no pueden hablar a la cámara - a mí me pasaba igual-, pero me reté a hacerlo. Al final, lo que no se ve, no se vende. Quisiera retribuirles a mi comunidad todo el apoyo que me ha dado.
Receta para emprendedores
Desde su experiencia, Jennifer comparte aprendizajes que hoy considera claves para hacer crecer una marca y sostenerla en el tiempo:
- Aprovechar las aplicaciones de venta. Son una gran vitrina para los emprendedores, pero requieren orden. Recomienda siempre tomar fotos de cada pedido antes de enviarlo para asegurarse de que cualquier reclamo sea comprobable.
- Invertir en un buen packaging. No solo ayuda a diferenciar la marca, también permite que el cliente viva una experiencia completa y reconozca el producto desde el primer momento.
- Apostar por los creadores de contenido. Son aliados claves para conectar con nuevas audiencias y construir comunidad de forma auténtica alrededor de la marca.

Ping-pong
- Le gustaría hacer una galleta con... frutas ecuatorianas.
- La galleta inspirada en Ecuador sería de... sabor a humita.
- Su mayor sueño es... la internacionalización.
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