
Fallece Irene de Grecia, hermana de la reina Sofía y figura única de la realeza
Fallece Irene de Grecia a los 83 años, una princesa atípica que vivió lejos del protocolo y cerca de la humanidad
La princesa Irene de Grecia y Dinamarca falleció este jueves 15 de enero en Madrid, a los 83 años, cerrando una vida tan discreta como fascinante.
Hermana menor de la reina Sofía, hija, nieta y tía de reyes, fue una figura singular dentro de la realeza europea: ajena al protocolo rígido, sin ambiciones de poder y profundamente comprometida con causas espirituales, culturales y humanitarias.
Su muerte fue comunicada oficialmente por la Casa del Rey. Irene llevaba tiempo enfrentando un deterioro cognitivo progresivo, una situación que llevó a doña Sofía a reducir su agenda pública en los últimos días.
Falleció en el Palacio de la Zarzuela, donde vivía desde hace décadas, acompañada por su hermana, quien no se separó de ella hasta el final.
Una vida marcada por el exilio
Nacida en 1942 en Ciudad del Cabo, en plena Segunda Guerra Mundial, Irene llegó al mundo lejos de Grecia. Su familia huía del avance nazi y vivía entonces en el exilio. Aquella infancia itinerante, que se desarrolló entre Sudáfrica, Egipto y más tarde Grecia, marcó su carácter independiente y su visión del mundo.
Luego del regreso de la monarquía griega en 1946, creció entre palacios, pero también bajo la conciencia temprana de que la realeza no era un privilegio ligero. “Sabíamos que no habíamos nacido para divertirnos”, recordaría años después.
La princesa sin corona
A diferencia de otros miembros de su linaje, Irene nunca buscó protagonismo. Rechazó el matrimonio, no tuvo hijos y eligió una vida sencilla, sin joyas ostentosas ni lujos.
Esa libertad le permitió explorar múltiples facetas: fue arqueóloga aficionada, pianista casi profesional, estudiosa del hinduismo, animalista, filántropa y entusiasta del esoterismo y la ufología.
Sus sobrinos, incluido el rey Felipe VI, la llamaban cariñosamente “tía Pecu”, abreviatura de 'peculiar', un apodo que reflejaba su carácter libre y poco convencional.
La música, la India y la espiritualidad
Tras el golpe militar en Grecia en 1967, Irene volvió al exilio, esta vez en Roma. La música fue su refugio. Estudió con Yehudi Menuhin y ofreció conciertos en Europa y Estados Unidos.
Más tarde, pasó largas temporadas en la India, donde profundizó en el yoga, la meditación y la filosofía hindú junto a su madre, la reina Federica.
Allí abrazó el veganismo y reforzó su compromiso con los animales, una decisión que definiría gran parte de su obra social posterior.
Mundo en Armonía: su legado
En 1986 fundó Mundo en Armonía, una organización pionera destinada a redistribuir excedentes alimentarios y ganado desde Europa hacia países en desarrollo.
Su proyecto más emblemático consistió en trasladar cientos de vacas desde Alemania y España hasta la India y Jordania, evitando su sacrificio y garantizando alimento a comunidades vulnerables.
Ella misma acompañó los primeros envíos, viajando durante horas junto a los animales. Su labor humanitaria fue reconocida internacionalmente y se convirtió en su mayor orgullo personal.
Los últimos años
Instalada definitivamente en Madrid desde 1981, Irene vivió en el ala derecha del Palacio de la Zarzuela. Fue testigo cercana de la Transición española y del intento de golpe del 23-F. En 2002 superó un cáncer de mama, experiencia que reforzó su visión espiritual de la vida y la muerte.
Su fallecimiento deja la imagen de una princesa distinta: sin trono, sin ambición de poder, pero con una huella profunda construida desde la coherencia, la compasión y la libertad personal.
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