
El clásico 'Cumbres Borrascosas' vuelve a la pantalla envuelta en polémica
La adaptación cinematográfica de Emerald Fennell ya genera críticas y reacciones adversas. Se estrena el 14 de febrero
Emerald Fennell tenía 14 años cuando leyó Cumbres borrascosas por primera vez. Más de dos décadas después, esa experiencia adolescente -intensa, visceral y difícil de explicar- es el punto de partida de su nueva película, que se estrena a nivel mundial este sábado 14 de febrero. La directora británica ha insistido en que no buscó una adaptación fiel del clásico de Emily Brontë, sino recrear la sensación física y emocional que le produjo la novela en esa primera lectura. “Quería hacer algo que me hiciera sentir como me sentí cuando lo leí por primera vez. Es una respuesta emocional. Es primal, sexual”, dijo la directora a fines del año pasado.
Esa declaración resume el espíritu de una adaptación que, desde antes de su estreno, ha estado rodeada de debate. La elección de Margot Robbie como Catherine Earnshaw y Jacob Elordi como Heathcliff, así como el énfasis en una lectura erótica y estilizada del relato, han provocado reacciones encontradas entre críticos, lectores del libro y espectadores potenciales. Lejos de esquivar la controversia, Fennell la ha asumido como parte del diálogo que su cine propone.
Ganadora del Óscar por el guion de Una joven prometedora (2020) y responsable de Saltburn (2023), una de las películas más discutidas de la década por su provocación estética y temática, Fennell se ha consolidado como una autora interesada en los excesos emocionales, la violencia simbólica y las zonas incómodas del deseo. Cumbres borrascosas continúa esa línea, trasladando al cine una historia que la propia directora define como “completamente singular, devastadora y horrible”.
Las polémicas comenzaron con el casting. Robbie, de 35 años, interpreta a una Catherine que en la novela es apenas una adolescente, mientras que Elordi fue cuestionado por no ajustarse a la descripción original de Heathcliff como un personaje de piel oscura. La actriz australiana se refirió abiertamente a estas críticas: “Lo entiendo. No hay nada más a lo que aferrarse hasta que la gente vea la película”, comentó en una entrevista. Sobre su coprotagonista añadió: “Lo vi interpretar a Heathcliff… y él es Heathcliff. Confíen en mí. Creo honestamente que es el Daniel Day-Lewis de nuestra generación”. También hubo quienes criticaron la inclusión de personajes asiáticos, que corresponden al componente racial de la época retratada.
Fennell, por su parte, defendió sus elecciones apelando al carisma y la fuerza escénica de los actores: “Cathy es una estrella. Es cruel, provocadora, alguien a quien el público debe perdonar a pesar de todo. Necesitaba a alguien con ese tipo de poder. Margot lo tiene”. La directora aclaró además que su versión de Catherine, muy distinta a la de la obra original, no es una adolescente, sino una mujer en la veintena, una decisión que reconfigura la dinámica entre los protagonistas sin alterar, según ella, la intensidad obsesiva de su relación.
Una tesis sobre el amor tóxico
La trama, reducida a su eje central, se centra en el vínculo obsesivo y destructivo entre Catherine y Heathcliff, un amor marcado por la diferencia de clase, el resentimiento y la imposibilidad. Fennell evita expandirse en subtramas y apuesta por una lectura concentrada en la intensidad de esa relación, que varios críticos han descrito como un estudio del amor tóxico, más cercano a la pulsión que al romanticismo idealizado.
Algunas escenas resaltan la violencia emocional y física que atraviesa la pareja, mientras que otras reflejan momentos de dependencia extrema y celos desmedidos. La directora ha explicado que su interés radica en explorar la fuerza visceral de esos sentimientos: “Es material muy personal para todo el mundo. A mucha gente le incomodará lo que se ve retratado, aun cuando la forma en que nos relacionamos con estos personajes sea privada. Por eso sabía que no podía gustarle a todos, porque nos enfrenta no solo a la historia, o a lo que sucede en la pantalla, sino también a los recuerdos que nos genera y a nuestros prejuicios y miradas sobre el amor y el deseo”.
Robbie, por su parte, reconoce que interpretar a Catherine implicó enfrentarse a emociones intensas y complejas: “Cuando leí el guion, me sentí destruida y plena al mismo tiempo. Cathy es un enigma, alguien que entendía y no entendía a la vez. Era un reto emocional que no podía dejar pasar”. La actriz subraya que, más allá de la provocación, la película busca capturar la fuerza arrolladora de un vínculo que combina pasión y conflicto, donde cada sentimiento parece amplificado hasta sus límites más extremos.

La estética también se cuestiona
Las primeras críticas han subrayado tanto el impacto visual de la película como su libertad frente al texto original. Algunos elogios destacan su propuesta estética “anacrónica, sensual y deliberadamente excesiva”, mientras que otros señalan que la película funciona mejor si se deja de lado la expectativa de fidelidad literaria. Un crítico la describió como “una Cumbres borrascosas para la generación de Los Bridgerton: vulgar, provocativa, empapada de colores abrasadores y gravemente trágica”.
Otra reseña apuntó que la película “efectivamente captura la experiencia de leer el libro en la adolescencia y la convierte en un espectáculo visual, aunque a costa de la complejidad emocional del original”. La propia Fennell ha reconocido que muchas de las decisiones creativas que tomó, incluidas las de la creación de la escenografía y el vestuario, nacieron de esa memoria juvenil: “Hay cosas que pensé que estaban en el libro y no lo estaban. Eran los huecos que yo rellené cuando tenía 14 años”. Para ella, el proyecto ha sido “un acto de masoquismo emocional” y una confrontación con un texto que considera inagotable.
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