
Daniel Noboa rompe con Cuba porque puede y es gratis
Distrae al país con la historia de los papeles a la parrilla para evitar hablar del fondo: su necesidad de brillar en Miami
Las razones por las que el gobierno decidió romper relaciones con Cuba (o congelarlas, más exactamente, pues no ha habido ninguna ruptura oficial aparte de la expulsión de toda su misión diplomática) siguen siendo un misterio. Este jueves, en la entrevista de griterío y chacota que ofreció el presidente a una de sus radios incondicionales, no hubo ni el ambiente ni el interés para tratar con seriedad este tema (o cualquier otro). Se limitó Daniel Noboa a burlarse de la quema de papeles en la terraza de la embajada, captada en video desde los edificios vecinos y viralizada en las redes sociales.
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-Yo no sabía que parte de la dieta cubana era cocinar papeles y servirlos como plato típico -dijo, visiblemente cómodo en el ambiente relajado de la entrevista-.
-¡Jaaa! ¡Eeeh! ¡Oooh! ¡Jo, jo, jo! ¡Je, je, je! ¡Ji, ji, ji! -respondieron a coro sus anfitriones, casi agotando el vocabulario promedio de su programa.
-A lo mejor era algún tema espía -trató de articular torpemente uno de ellos-.
-Puede ser -respondió el presidente-, no creo que sea nada positivo si andaban quemando toneladas de papeles ahí arriba.
El gobierno de Daniel Noboa declaró non grato al embajador de Cuba y ordenó que todo el personal diplomático abandone la embajada en Quito. Tras el anuncio, funcionarios de la misión comenzaron a quemar documentos en la terraza. ¿Fue legal esta decisión?
— Diario Expreso (@Expresoec) March 5, 2026
Te lo contamos:… pic.twitter.com/xVOEHwAE49
Luego cuestionó que no se llevaran esos documentos a Cuba en valija diplomática en lugar de incinerarlos “a la parrilla” (“¡Jaaa! ¡Eeeh! ¡Oooh! ¡Jo, jo, jo! ¡Je, je, je! ¡Ji, ji, ji!”): una cortina de humo para distraer la atención de los ciudadanos y casi que justificar la ruptura diplomática, como si la quema de documentos en la terraza de la embajada lo explicara todo: esa imagen sintetiza la maldad de los diplomáticos cubanos y hace innecesaria cualquier rendición de cuentas sobre la decisión adoptada.
La verdad es que la incineración de papeles es un clásico de toda retirada de sede diplomática. Las embajadas son siempre depositarias de una gran cantidad de secretos que ni hace falta llevar de vuelta a los países de origen ni resulta conveniente dejarlos en el extranjero para que los encuentre cualquiera: lo más práctico es quemarlos. Si este rato mismo el gobierno de Colombia expulsara a la misión ecuatoriana de Bogotá, ya los veríamos quemando papeles como locos.
Esto es tan obvio que da grima tener que explicarlo. Sin embargo, el presidente Noboa conduce las cosas hasta ese punto. El hecho de que todas sus declaraciones sobre un asunto tan serio, tanto en su cuenta de X como en su aparición radiofónica en el ruidoso estudio de radio Canela, estén dedicadas a sembrar suspicacias con respecto a la quema de papeles (un tema absolutamente intrascendente que él pretende magnificar en su habitual ejercicio de desinformación), revela el interés del gobierno por mantener ocultas las verdaderas razones de la ruptura con Cuba. O la falta de ellas.
La misión de Cuba también fue expulsada de Perú
Por lo demás, Ecuador no es el primer país de Sudamérica en expulsar al representante diplomático cubano en los últimos meses. El pasado 7 de noviembre, el ministerio peruano de Exteriores notificó unilateralmente la culminación de las funciones oficiales de Carlos Zamora, un reconocido agente de inteligencia cubano que fungía como embajador en Lima. En ese caso hubo, por lo menos, una formalidad: la cancillería convocó a Zamora para hablar de sus actividades y, al término de esa reunión secreta, Zamora estaba empacando maletas. En el caso ecuatoriano, ni eso.
Que las sedes diplomáticas cubanas han funcionado, desde hace décadas y en todo el continente, como centros no sólo de espionaje sino hasta de conspiración política, es algo que sabe todo el mundo. En el Ecuador, el antecedente más reciente (de lo que se sepa) es de octubre de 2019, cuando la Conaie dirigida por Leonidas Iza, en complicidad con el correísmo, provocó un intento de golpe de Estado contra el entonces presidente Lenín Moreno y hundió en el caos a la República. Decenas de agentes cubanos que habían ingresado con pasaporte diplomático para participar en la intentona golpistas fueron expulsados sin contemplaciones. Pero no se llegó al extremo de la ruptura, aunque razones no faltaran.
En esta ocasión el gobierno ecuatoriano no ha hablado ni de conspiraciones ni de tramas de espionaje, que por lo demás serían perfectamente verosímiles. Simplemente, de buenas a primeras, sin citar antecedentes ni señalar causa alguna, el presidente notificó a los diplomáticos con su expulsión. Y se dedicó a armar chacota con el asunto de los papeles quemados.
En vísperas de la cumbre “Escudo de las Américas”, convocada por Donald Trump para el sábado próximo en Miami, es imposible no establecer una relación entre esta sorpresiva ruptura del Ecuador con Cuba y la imagen que Daniel Noboa aspira a proyectar en ese escenario, en presencia de los principales jefes de Estado de la derecha continental y bajo el manto protector del nuevo gran policía del mundo.
La seguridad regional es el tema principal de la cumbre y Noboa tiene ya en marcha un convenio de cooperación militar con Estados Unidos. Ahora, al romper con Cuba, espera además poner sobre la mesa un ejemplo que los demás presidentes del hemisferio puedan seguir en apoyo a los planes estadounidenses de acabar con la dictadura cubana. Eso lo convertiría en uno de los favoritos de Trump, es decir, en aquello que el académico, diplomático y teórico de la política Carlos Rangel, venezolano, llamó “caudillo consular” en toda regla: aquel que sabe que su propensión al abuso de poder puertas adentro sólo se puede desarrollar si cuenta con el apoyo explícito de Washington.
Escudo de las Américas es el punto de partida de lo que será un bloque ideológico continental a la sombra de Donald Trump. En ese marco, la iniciativa de Noboa de romper con Cuba sin que medie razón aparente, lo convierten en una figura visible aún antes de que empiecen las reuniones. Y lo mejor: no arriesga nada.
Cuba, que alguna vez fue un poder al que había que tomar en cuenta, para bien o para mal, se encuentra hoy en la peor de sus crisis y dejó de contar en todo sentido: ya no es un socio comercial, ni una fuerza geopolítica, ni un aliado importante para nadie. Perdió todo poder real e incluso simbólico: sólo una docena de trasnochados comunistas se manifestaron frente a la embajada de Quito en su apoyo, mientras que el comunicado público del correísmo (“Cuba no está sola”) no le interesa prácticamente a nadie. Eso parece haberlo entendido bien Noboa: romper con Cuba sale gratis.
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