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Danely Aguas
De conectarse con su historia a crear esculturas de identidad en cabello.Foto: Kath Guerrero

Danely Aguas: entre trenzas y talleres, transmite la herencia afro

Estilista, escultora de cabello y educadora, su trabajo como trenzadora destaca en producciones locales e internacionales.

“Trenzar es un acto político”, con esa certeza trabaja Danely Aguas, escultora de cabello con raíces en la comunidad de Carpuela, en el Valle del Chota, y hoy radicada en Quito.

Ser trenzadora va más allá del acto de tejer y trenzar en sí. De ahí que sus obras, hecha de trenzas, fibras orgánicas, memoria y territorio, no son solo estilismo de cabello: son escultura viva. “El trenzado no es dolor ni sacrificio, sino un proceso que implica amor y autocuidado”, refiere.

Bajo su emprendimiento Treasure Braids, ha ocupado espacios que antes parecían ajenos. Su trabajo ha sido publicado en editoriales de revistas internacionales y ha formado parte de producciones locales junto a diseñadores ecuatorianos. Entre sus más recientes trabajos consta el haber sido Directora de Peinados para el desfile de Lorena Cordero, donde sus estéticas afro tuvieron libertad creativa y protagonismo.

Pero su impacto no termina en la imagen final. Desde Quito, Danely también construye comunidad y pedagogía. Da charlas, talleres y acompaña a mujeres afro en procesos de reconexión con su cabello natural, convencida de que enseñar es también una forma de resistencia. “Trenzar es conectarte con tu raíz”, repite, como quien deja una huella clara: la de una artista que teje memoria, futuro y orgullo en cada hebra.

En un mundo de moda que históricamente ha exotizado estas estéticas, ella insiste en cambiar el enfoque: “Que se nos contrate desde el respeto, no desde lo exótico”, subraya, consciente del peso político de cada imagen.

Danely Aguas
Entre trenzas y talleres construye identidad desde la raíz.Foto: Cortesía
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Talleres con identidad afro

Durante su adolescencia, el cabello de Danely fue un territorio de negociación social. Apenas entró al colegio pidió alisarlo para encajar en un entorno donde era la única estudiante afro. El gesto, repetido durante años, respondía a un estigma profundamente instalado sobre el cabello afro.

El punto de quiebre llegó con el cuerpo hablando. Frente al espejo, entre prueba y error, empezó a investigar su textura, a hidratar, a trenzar.

Con el tiempo, ese camino personal se convirtió también en colectivo. En Quito, donde encontrar especialistas en cabello afro era difícil, Danely empezó a convertirse en esa persona para otras mujeres.

En el Centro de Arte Contemporáneo de Quito ha dictado talleres de trenzado, y ha sido parte de eventos como Afrofuturismo.

Memoria e identidad

¿Qué la lleva a decir “hasta aquí” con el alisado?

Fue un trabajo interior muy fuerte, sobre todo relacionado con la autoestima. El alisado era un proceso invasivo y doloroso: llegué a tener quemaduras de segundo grado en el cuero cabelludo, ampollas, costras, sangre. Todo eso para encajar en un estándar que no me representaba.

Es durísimo escucharlo. Literalmente su cuerpo estaba pagando ese intento de encajar.

Exacto. Era violencia normalizada. Y en ese momento parecía el precio a pagar para pertenecer.

Ese momento es clave: dejar de cambiar y empezar a crear desde quien es.

Sí. Empecé a investigar mi tipo de textura, cómo hidratarla, cómo trabajarla sin dañarla. Fue una reconciliación conmigo misma y con mi negritud. Amar mi cabello fue amar mi historia.

En su trabajo cotidiano, ¿con cuántos tipos de trenzas sueles trabajar?

 Aproximadamente con seis: trenzas corridas, trenzas africanas o sueltas, twists, faux locs, boho braids y box braids. Son las que más aparecen en mis estéticas.

 ¿Qué simbolizan los trenzados?

Las trenzas corridas o cornrows, antiguamente se usaban como mapas y rutas de escape hacia la libertad. Hoy esas estéticas siguen teniendo ese sentido: ya no frente a la esclavitud histórica, sino frente a las esclavitudes modernas.

 Hay algo muy poderoso en la versatilidad estética de la mujer afro.

 Totalmente. Somos muy versátiles: trenzas, pelucas, turbantes. Además, los estilos protectores permiten cambiar de color o de look sin dañar la hebra natural. Puedes ser rubia, pelirroja, lo que quieras, sin exponer tu cabello.

En su trabajo aparece mucho la idea de comunidad. ¿Se apoya en otras emprendedoras o marcas afines a su universo creativo?

Siempre estamos haciendo comunidad. Creo mucho en eso: lo que a mí me puede faltar, otra lo tiene. Procuro trabajar con marcas de personas afro y, sobre todo, con emprendimientos liderados por mujeres negras. Es una forma de reivindicación, pero también de valorar estas prácticas como arte.

Después de todo este recorrido emprendiendo en Treasure Braids, ¿qué es hoy trenzar para usted?

Trenzar es mucho más que una técnica. Es un arte, pero también es un acto político. Es una forma de conectarme con mi raíz, con la memoria, y de ocupar espacios desde ahí.

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