Cultura

MACBETH
La maestría de Shakespeare reside en mostrar esta transformación psicológica: cómo Macbeth pasa de la vacilación moral a un endurecimiento progresivo de la voluntad criminal.Cortesía

'Macbeth' de Shakespeare: ambición, fatalismo y la ética del poder

La obra ahonda en la historia de un hombre que traiciona sus principios y, al hacerlo, se destruye

Por un instante en la penumbra de la historia, la tragedia de Macbeth deja al descubierto las regiones más oscuras del alma humana cuando esta se enfrenta a la seducción del poder absoluto. Entre símbolos, presagios y dagas imaginarias, Shakespeare construye una anatomía del crimen que trasciende el teatro para convertirse en un tratado sobre moral, tiranía y destino.

Escrita entre 1606 y 1607, Macbeth es quizá la tragedia más compacta y, sin embargo, una de las más densamente cargadas de tensiones metafísicas y políticas. Bajo la aparente simplicidad argumental —el ascenso y caída de un guerrero noble consumido por la ambición— late un universo de preguntas sobre la fragilidad humana, la tentación del poder y la inquietante frontera entre determinación y libertad.

DALMACIO NEGRO

La Ley de Hierro de la Oligarquía: El destino inexorable del poder

Leer más

Para comprender la obra, conviene situarla en el contexto de la Inglaterra de Jacobo I, recién ascendido al trono tras la muerte de Isabel I. De origen escocés, su presencia en Londres otorgaba un matiz especial al escenario de la obra. Jacobo, además, estaba obsesionado con la brujería y lo sobrenatural; había escrito incluso el tratado Daemonologie en 1597. No es casual, pues, que las tres brujas de Macbeth no sean simples ornamentos dramáticos, sino figuras que encarnan el caos, la transgresión y una forma pagana del destino que empaña la razón humana. Con ellas, Shakespeare abre las puertas a un universo simbólico donde la voluntad se confunde con la predestinación y donde el mal adquiere una presencia casi ritual.

En la lógica política de la época, la obra también funciona como advertencia contra el regicidio. Para la monarquía jacobea, matar al rey —ungido por la gracia divina— era quebrar no solo la ley humana, sino el orden metafísico del mundo. El asesinato de Duncan, por tanto, no es solo un crimen político: es una ruptura del tejido moral que sostiene a la comunidad. Por eso, tras su muerte, Escocia se hunde en tinieblas, tormentas y presagios: el cosmos entero protesta ante la violación del orden natural.

Macbeth aparece inicialmente como un héroe trágico en el sentido clásico: valiente, leal, victorioso en la batalla y digno del mayor reconocimiento. En su primera mención se le llama “noble Macbeth”, y es celebrado como salvador de Escocia. Pero posee también un hamartia: una ambición latente que, estimulada por la profecía y por su propia imaginación, se convierte en la grieta por donde se filtrará su ruina. La sola idea del trono desata en él una tormenta de imágenes de poder y una lucha interna entre la ética y el deseo.

TOM WOLFE

La Hoguera de las Vanidades: Tom Wolfe

Leer más

La maestría de Shakespeare reside en mostrar esta transformación psicológica: cómo Macbeth pasa de la vacilación moral —“Si se ha de hacer, conviene que se haga pronto”— a un endurecimiento progresivo de la voluntad criminal. El asesinato de Duncan marca un punto de no retorno: desde entonces, Macbeth ya no actúa para alcanzar el poder, sino para sostenerlo a cualquier costo. Su paranoia lo lleva a eliminar a Banquo, su antiguo amigo, y a ordenar la masacre de la familia de Macduff. El miedo se convierte en su consejero, y la violencia, en su lenguaje.

Una de las imágenes más poderosas de la obra ocurre tras el asesinato de Duncan: Macbeth contempla sus manos ensangrentadas y se pregunta si todos los mares del mundo podrían limpiarlas. La respuesta es devastadora: no solo no se lavarían, sino que teñirían de rojo los océanos. Shakespeare insinúa así una verdad atroz: el crimen no solo destruye a la víctima; también corrompe para siempre al criminal. La sangre ya no es materia: es símbolo. Es la huella indeleble de la culpa.

Shakespeare muestra entonces el principio ético central de la obra: el poder obtenido de manera ilegítima jamás puede generar legitimidad. Macbeth se sienta en el trono, pero el trono no le pertenece. Su autoridad es una usurpación, y por eso su alma se desmorona. “Sangre llama sangre”: el crimen engendra miedo; el miedo engendra nuevos crímenes, y la espiral se vuelve incontrolable. El tirano es, en última instancia, prisionero de aquello que hizo para convertirse en tirano.

Para reforzar este contraste, Shakespeare contrapone a Macbeth con Duncan, un rey justo y sereno cuya grandeza moral se percibe incluso en su ausencia. Duncan gobierna sin violencia, inspira lealtad y encarna una autoridad natural que no necesita imponerse. Su asesinato no solo es injusto: es antinatural. Macbeth, al liquidarlo, destruye también la idea misma de un poder orientado al bien común. En esa tensión se revela la tesis política de la obra: el poder sin virtud se convierte en devastación.

CORTOS LIBROS 2_04

Cómo mueren las democracias, la obra de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt

Leer más

El papel de Lady Macbeth añade otra capa de complejidad. Ella es, en muchos sentidos, más audaz que su esposo. Invoca a los “espíritus asesinos” para que la despojen de sus rasgos femeninos y la llenen de crueldad. Su deseo de poder es absoluto, casi teológico. Pero la obra demuestra que ninguna voluntad —por dura que sea— puede neutralizar la fuerza corrosiva de la culpa. Tras el crimen, Lady Macbeth se hunde en un abismo de remordimiento que culmina en su célebre escena del lavado de manos: intenta quitarse una mancha que no existe, porque la verdadera mancha está en el alma. El crimen que ella impulsó la consume desde dentro.

La relación entre destino y libertad recorre toda la obra. Las brujas anuncian lo que “será”, pero lo hacen de forma ambigua, tal vez engañosa. La profecía es semilla, pero la decisión es de Macbeth. Aquí reside la grandeza filosófica del texto: Shakespeare evita el determinismo absoluto y, en cambio, describe cómo la anticipación del futuro puede convertirse en su detonante. Macbeth cae no porque el destino lo empuje, sino porque él mismo decide inclinarse ante la imagen de poder que su mente fabrica a partir de la profecía.

La escena final —el castillo de Dunsinane asediado, Macbeth resistiendo como una bestia herida— posee una resonancia existencial: el hombre que quiso dominar su destino termina atrapado por su propio acto constitutivo. Cuando descubre que las promesas de las brujas eran trampas verbales, su visión de la vida se reduce a un nihilismo feroz: “La vida no es más que una sombra que pasa […] un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que no significa nada”. En esa línea se condensa todo el drama: la conciencia humana enfrentada al sinsentido que ella misma produjo.

CORTOS PARA LIBROS_05

Crimen y castigo: la tragedia de la conciencia moderna

Leer más

Al final, Macbeth no es solo una meditación sobre la política, sino sobre la moral del poder. A diferencia de Hamlet, donde el conflicto es intelectual, o de El rey Lear, donde el error nace de la ceguera emocional, en Macbeth la tragedia es voluntaria: es la historia de un hombre que traiciona sus principios y, al hacerlo, se destruye. La ambición no es condenada en abstracto, sino cuando se desconecta de la justicia, del honor y de la verdad.

Por eso, el castillo de Dunsinane no es únicamente un fortín militar: es el símbolo del poder corrompido, del reino caído en manos de quien lo obtuvo por la violencia, del desorden moral que exige ser restaurado. La caída de Macbeth no es solo el final de un tirano: es la restitución del orden ético quebrantado.

Macbeth es, así, una tragedia profunda sobre la condición humana. Su vigencia se debe a que plantea una pregunta que trasciende los siglos: ¿qué ocurre cuando el deseo de poder deja de ser un medio para servir y se convierte en un fin en sí mismo? La respuesta, sugiere Shakespeare, es devastadora: quien busca el poder para sí mismo termina perdiéndose a sí mismo.

¿Quieres acceder a todo el contenido de calidad sin límites? ¡SUSCRÍBETE AQUÍ!