
Así es Memento Vivere, un filme nacional que pone el duelo en escena
El cortometraje de Alberto Pablo Rivera aborda la pérdida, la memoria y la persistencia de los vínculos
Una mujer avanza hasta la orilla del río con una urna negra entre las manos. El agua corre con una calma que no alcanza a ordenar lo que ocurre dentro de ella. Abre el recipiente, deja que las cenizas caigan y, en ese gesto íntimo y definitivo, cree cerrar un ciclo. Pero cuando levanta la mirada, él está ahí. No como un recuerdo abstracto ni como una imagen del pasado, sino como una presencia concreta, casi física, que se instala frente a ella. No hay sobresalto ni grito. Hay, más bien, una suspensión del tiempo. Así comienza Memento Vivere, el cortometraje dirigido por el cineasta Alberto Pablo Rivera, una obra que coloca el duelo en primer plano y lo explora desde la persistencia de la memoria.
El título, que en latín significa ‘recuerda vivir’, propone desde el inicio una reflexión sobre la pérdida y la forma en que los vínculos continúan operando incluso después de la muerte. “El duelo es un estado casi permanente, incluso cuando ha pasado mucho tiempo. Uno puede estar festejando su cumpleaños, puede estar en un lugar alegre, con amigos, divirtiéndose, pero el ser querido está ahí, como una sombra, en una esquina. Entonces no eres 100 % feliz ese día”, explica Rivera. Esa convivencia entre lo real y lo recordado constituye uno de los ejes narrativos del filme.
El origen del proyecto se remonta a un encuentro íntimo con la lectura. En medio de su propio proceso de duelo, Rivera leyó 42 poems, it’s all about the context, un libro de la autora cubanoamericana Maura Abad, a quien había conocido años atrás. “Leí el libro, conecté, hice clic y le dije: ‘¿Qué tal si hacemos un film sobre esto?’”, recuerda.
A partir de ese primer intercambio, Rivera asumió los roles de director, productor y coautor del guion, mientras Abad se integró como productora ejecutiva y coescritora. La historia del cortometraje se construyó desde la experiencia real de la autora y el tránsito emocional que implicó la muerte de su padre.
De lo público a lo privado
En Memento Vivere, el duelo no aparece como un evento aislado, sino como una presencia que se filtra en la vida diaria. Rivera señala que el proyecto surge también como una reacción a un contexto marcado por la violencia y la repetición de la muerte en el discurso cotidiano. “Nos hemos acostumbrado a que la gente se muera. Ya no pausamos, ya no respiramos. Se murió fulanito, se murió el papá de alguien, y lo vemos casi como chisme”.
Frente a esa normalización, el director buscó abordar la muerte desde la empatía, desde la necesidad de detenerse y mirar el dolor sin artificios ni espectacularidad. Ese enfoque se articula a través de una narrativa cercana al realismo mágico, donde el recuerdo y la realidad conviven sin anunciarse como ruptura.
“No es solo lo que se percibe con los cinco sentidos, sino el recuerdo distorsionado puesto en escena con la realidad. La protagonista se imagina al papá constantemente mientras va pasando por las etapas del duelo”, explica Rivera. El filme no intenta explicar la ausencia, sino mostrar cómo esta se instala, persiste y transforma la experiencia emocional de quien se queda.
Hurgar en la herida
El trabajo actoral fue fundamental para sostener la carga emocional del filme. Frances Swett, quien interpreta a la protagonista, comparte con Abad una experiencia vital: ambas perdieron a sus padres en el mismo año y a la misma edad. “Había una coincidencia muy grande. Tanto la autora como la actriz vivieron exactamente lo mismo. Las dos perdieron a su papá a los 40 años y atravesaron el proceso de una forma muy parecida”, cuenta el director.
Para construir esa intensidad, el equipo recurrió a ejercicios de memoria e imaginación relacionados a la pérdida. “Fue como meter la mano en el fuego y dejarla ahí. Buscar el dolor a propósito. La única forma de que algo se sienta genuino es describir la emoción desde adentro”.
Memento Vivere marca un punto distinto dentro de la filmografía de Rivera, conocido por proyectos de mayor circulación comercial, entre ellos las películas Sexy Montañita y Minuto final. El director reconoce un proceso de transformación personal y artística.
“Antes estudié cine desde las fórmulas. Con el tiempo, con la paternidad, el matrimonio y las pérdidas, mis intereses cambiaron. He tratado de que mi arte refleje lo que estoy viviendo en ese momento”, señala. En ese tránsito, este cortometraje se inscribe como una obra más íntima, pensada para el circuito de festivales y la exploración emocional.

Una ruta internacional
Con una duración de diez minutos, el cortometraje fue concebido específicamente para competir en festivales internacionales. Se estrenó en Florida, Estados Unidos, y posteriormente fue compartido en Instagram, buscando un contacto directo con la audiencia.
“Queríamos ver qué respuesta recibíamos de la comunidad, sentir cómo se conectaba la historia con la gente”, explica Rivera. La respuesta llegó desde distintos ámbitos, confirmando la resonancia del relato.
En febrero, Memento Vivere iniciará su recorrido por festivales en Europa y Norteamérica.
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