Loly apoya el aprendizaje de 2.100 niños de cuatro escuelas
El loro robot fue creado por docentes de la Espol. La plataforma, con aplicaciones móviles, presenta videojuegos con historias animadas y desafíos

El grupo de docentes de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol) da a conocer cómo funciona el robot Loly y los beneficios que ofrece en la educación de los niños.
Un robot verde, en forma de loro, se ha convertido en el tutor ocasional de 2.100 niños que se educan en cuatro colegios fiscales y privados de Guayaquil. Se llama Loly y fue diseñado por un grupo de docentes e investigadores de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol).
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El robot presenta videojuegos con contenidos curriculares, historias animadas y desafíos para niños con edades comprendidas entre los 4 y 7 años. Funciona como herramienta complementaria en el desarrollo de habilidades sociales y cognitivas para menores que reciben educación regular e inclusiva, principalmente con síndrome del Trastorno del Espectro Autista (TEA).
A través de tabletas y celulares, los menores se conectan con él en una plataforma que incorpora la inteligencia artificial. Loly los motiva a jugar captando su atención al reproducir movimientos mecánicos, audios y gesticulaciones en tiempo real, conectados a la base MIDI (multimedia, interactivos, didácticos, infantiles).
Población
En la cabeza del robot hay una cámara para que los niños autistas fijen su mirada y no se entretengan en otra actividad. La cámara rastrea el nivel de atención hacia el robot, y su aspecto externo permite crear un entorno más amigable.
Identificar qué alimentos son buenos para el ser humano, clasificación de los seres vivos y no vivos, y cómo armar un botiquín de primeros auxilios son solo tres de los 12 juegos que contiene Loly.
La interacción se da cuando el robot de plumas verdes, con su agraciado movimiento de ojos y cabeza y su dulce voz femenina, da instrucciones para que los niños contesten las preguntas. Si responden correctamente, los felicita. En caso de equivocarse, los anima para que no se den por vencidos y continúen con el desafío.

A través del robot los niños desarrollan la observación, concentración y la atención, lo que favorece así sus capacidades lógicas.
El proyecto, que en 2020 recibió cuatro premios de la Unesco por el empleo de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) en la educación, fue desarrollado por la facultad de Arte, Diseño y Comunicación Audiovisual, en conjunto con el Centro de Investigación y Desarrollo de Sistemas Computacionales.
Está liderado por la profesora politécnica Nayeth Solórzano (en el componente de investigación); Diego Carrera, de la facultad de Arte, Diseño y Comunicación Audiovisual (vinculación con la sociedad); y Dennys Paillacho, de la facultad de Ingeniería en Electricidad y Computación (en el componente de robótica social).
Solórzano asegura que el trabajo ya se ha aplicado en cuatro colegios de Guayaquil, ubicados en sectores urbano-marginales: la Unidad Educativa Fermín Vera Rojas, en Bastión Popular; Nuestra Señora de Lourdes, en Mapasingue; y Sagrada Familia de Nazareth y Pedro Vicente Maldonado, en Nueva Prosperina. A ellos se han sumado la Fundación Sonrisa Naranja, en El Fortín; además de la Federación Ecuatoriana del Espectro Autista (Fedea) de Quevedo, provincia de Los Ríos.
Allí se han beneficiado más de 2.100 niños, junto a sus familias y maestros de escuelas inclusivas y centros de apoyo a infantes con TEA, que han recibido la visita del robot. No obstante, hay delegaciones de niños que, antes de la pandemia de COVID-19, tuvieron la oportunidad de ir a las instalaciones de la Espol para interactuar con él en forma directa.
“Esto es un gran ejemplo para Ecuador y Espol de lo que se puede hacer entre el sector académico, investigativo y creativo, siempre pensando en el apoyo a la sociedad, a la educación regular e inclusiva”, remarca Solórzano.
Diego Carrera agrega que este trabajo vincula mucho más a la academia con la sociedad. “Luego de un trabajo de campo se escogió a los centros educativos que se beneficiarían de este proyecto”, manifiesta.
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Dennys Paillacho destaca las aplicaciones del prototipo mejorado, que permiten complementar la enseñanza del menor y recopilar la información del avance de los conocimientos adquiridos, a través de una plataforma online.
Durante la pandemia, Loly ha implementado historias y juegos sobre distanciamiento social, lavado de mano y cuidados preventivos para la nueva normalidad. Los niños los han seguido desde casa, través de las aplicaciones móviles.
“Con los juegos mejoran su aprendizaje, mientras aprovechamos su habilidad con la tecnología. Se logran clases más interactivas usando material digital”, dice Adela Villacrés, rectora de la Unidad Educativa Sagrada Familia de Nazareth.
Al momento, el grupo de investigadores de la Espol gestiona fondos que permitan aplicar este proyecto en más centros educativos a nivel nacional, para que se beneficien niños regulares y autistas.