Jóvenes Deportistas: Frustración o sueños cumplidos

  Guayaquil

Jóvenes Deportistas: Frustración o sueños cumplidos

Los aspirantes a atletas profesionales describen sus experiencias, las dificultades y dudas que tuvieron

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Matías Nader no abandona su sueño y busca ser un profesional de las artes marciales mixtas y llegar hasta la UFC. Viajará a los EE. UUChristian Vásconez / EXPRESO

Para muchos jóvenes ecuatorianos, el deseo por seguir una carrera deportiva los ha invadido al menos una vez en su vida, y existen aquellos con el talento para lograrlo, pero por su entorno no son capaces de perseguir su sueño.

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Como es el caso de Sebastián Merizalde, de 22 años, quien desde pequeño tuvo el deseo de jugar fútbol de forma profesional. Practicaba desde joven, fue constante por años y participó dentro del fútbol formativo, ganó torneos interbarriales, de formativas, y con equipos de categorías menores; para los 14 fue parte de Rocafuerte Fútbol Club, un equipo de segunda categoría.

Sin embargo, para 2017 dejó de practicar profesionalmente. “Yo tenía cualidades para avanzar de categoría, incluso las demostré, pero yo ya sabía que no me dedicaría al fútbol”, comenta Sebastián.

Sus padres le explicaron la dificultad de dedicarse a esta actividad de forma seria, profesional. Le dijeron que debería centrarse en sus estudios.

Relata que cuando tenía 15, después de terminar un partido, se acercó un reclutador a preguntar por él, y su padre le preguntó si de verdad quería ser futbolista y le respondió con un sí, a esto su padre contestó lo contrario.

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Muchos jóvenes ven truncadas sus aspiraciones de ser deportistas, muchas veces, para cumplir los sueños de sus padres que ven esta actividad como algo pasajero.Christian Vásconez / EXPRESO

“No, primero debes llegar a casa con título universitario”, años más tarde le explicó que no quería que salga muy joven de su hogar. “Tomé decisiones erróneas”, piensa.

Pese a esta experiencia, él no quiso alejarse del deporte, y buscó mantenerse cerca de su pasión estudiando Periodismo Deportivo.

Por un tiempo olvidé mi meta, me desenfoqué. Ahora estoy comprometido por completo y listo para llegar alto con lo que realmente amo.

Matías Nader, 21 años

Mientras que Juan Cañarte, de 22 años, graduado de Comunicación Social, comenta que está a gusto con su carrera cursada, pero que tiene cierto arrepentimiento como atleta. Lamenta nunca haberse enfocado en un solo deporte y volverse un profesional en el mismo, pese haber demostrado cualidades físicas destacables.

Cañarte es de origen colombiano, pero a los 6 residió en Perú hasta los 14, que llegó a Ecuador debido al trabajo de su padre.

Ya es muy tarde para seguir ese sueño que tuve, pero debo reconocerlo, a veces pienso en él, ¿y si lo hubiese hecho? ¿Dónde estaría hoy?

Juan Cañarte, 22 años

Se interesó por el ejercicio gracias al fútbol, como la mayoría de niños, pero se inclinó por otras disciplinas, siendo el basquetbol uno de estos. Participó en equipos locales de baloncesto a sus 8 años en Perú, hasta llegar a Ecuador, donde retomó sus prácticas de fútbol y por un tiempo fue parte de 9 de Octubre FC, un equipo de segunda categoría.

Con 15 años, su presencia en equipos de fútbol bajó y se interesó más por el voleibol, deporte que lo llevó a ser parte de la preselección de Guayas jugando torneos internos.

SoporteHay quienes se arrepienten de no haber seguido su sueño y de no haber tenido, sobre todo, un guía más completo para ayudarlos a descubrir y entender si el deporte que practicaban era su meta y pasión futura.

Sus padres nunca lo desalentaron, pero siempre se le expresó que un título universitario era primordial. “Yo mostré las aptitudes de un buen atleta, además, de que no jugué en simples equipos de colegio”, dice Cañarte, quien tuvo la ilusión de vivir de alguno de los deportes que tanto ama.

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Sin embargo, no todos los atletas han dejado de lado sus sueños, hay aquellos jóvenes que han dado sus primeros pasos, como Matías Nader, de 21 años.

Él se inició en el jiu-jitsu brasileño como un medio para defenderse de agresiones, pero este deporte le mostró cuál es su pasión, las artes marciales, y desde entonces no ha parado. Práctica desde los 14 y tuvo su primera competencia poco tiempo después de comenzar a entrenar.

Nader ha ganado la mayoría de sus concursos, obteniendo reconocimiento en el mundo del jiu-jitsu, pero fue el torneo IBO e IBI, ambos certámenes deportivos muy conocidos de la disciplina en Ecuador, que impulsaron su carrera profesional.

Pese a sus logros, por un tiempo no estuvo en su mejor forma. “En 2017 me descarrilé en mi entrenamiento, pero seguía muy presente. Para 2019 ya no era así, de 5 días de práctica iba 3 o 2 y mi dieta la dejé de lado”, relata.

Esto, explica, debido a las amistades que tuvo en su momento, que lo impulsaron a tener conductas no propias de un atleta.

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Comenta que estuvo así hasta finales de 2020, que decidió darle un alto a esta conducta y comprometerse por completo a su sueño.

Nader busca ser un profesional de las artes marciales mixtas y llegar hasta la UFC, para esto decidió ir a EE. UU. a perseguir ese sueño, ahora tiene la oportunidad de debutar como luchador pro de Artes Marciales Mixtas (MMA por sus siglas en inglés) en Wisconsin, contra Felipe Martínez, quien ya ha participado en Legacy Fighting Alliance, que es transmitido a través de UFC Pass. “No solo será mi inicio, el ganar contra un luchador con más experiencia me dará más prestigio y un gran comienzo para mi carrera…”, cuenta.

Para quienes no han seguido su sueño cuando sentían que brillaban y podían dedicarse a ello en su totalidad, es necesario que, de tener en su momento dudas, hablen con un especialista.

“Yo no lo hablé con nadie y pude ser un jugador profesional. De pequeño, me seleccionaban en el colegio, en las ligas menores de Guayaquil, pero tenía dudas, tenía metido en mi cabeza que no podría vivir de ello. ¡Qué equivocado estuve!”, asegura Alejandro Palacios, de 32 años, quien al no dedicarse a lo que realmente lo apasionaba en la universidad pasó por tres carreras que nunca terminó. Optó por estudiar Diseño, una profesión que no lo llena, pero con la que siente que puede vivir.

“Pasé frustrado mucho tiempo. Fui al psicólogo para entender por qué era tan indeciso y no era capaz de encontrar mi camino. Los expertos me explicaron que viví lo mismo que viven quienes no estudian la profesión que aman de verdad. Mi psiquis, mi autoestima se afectó. Me volví enojado. Me tomó tocar otro rumbo, con ayuda decidí ser diseñador gráfico. Ahora estoy tranquilo, podría decir que feliz. Sin embargo, de vez en cuando me entra la duda de que mi futuro pudo ser otro. Más pleno”, reconoce.