
Guayaquil recibe reliquias del Santo Hermano Miguel en histórica jornada educativa
Estudiantes y autoridades lasallistas participaron en una peregrinación que recordó la vigencia del Santo Hermano Miguel
Guayaquil vivió una jornada de profunda significación espiritual, educativa y ciudadana con la llegada de las reliquias del Santo Hermano Miguel, patrono de los educadores y primer santo varón nacido en Ecuador. El acontecimiento, organizado por la Comunidad de Hermanos de las Escuelas Cristianas de La Salle junto a la Arquidiócesis de Guayaquil, congregó a autoridades eclesiales, comunidad educativa, estudiantes, exalumnos y familias, reafirmando el valor de una educación basada en la fe, el servicio y el compromiso social.
La jornada inició en la Catedral Metropolitana de Guayaquil con una Eucaristía presidida por el cardenal Luis Gerardo Cabrera, marcando el inicio de una peregrinación que trascendió el rito para convertirse en un ejercicio colectivo de memoria, identidad y proyección ciudadana. Desde allí, la procesión avanzó por las calles del centro histórico acompañada por delegaciones estudiantiles, bandas y escoltas, en un ambiente de recogimiento que contrastó con el ritmo cotidiano de la ciudad hasta la reciente inaugurada Unidad Educativa Santo Hermano Miguel La Salle (donde antes funcionó el Colegio San José La Salle y que hoy se encuentra al norte de la ciudad).
Una fe que se educa y se camina
Durante el acto de presentación y bienvenida, el hermano Manuel Gutiérrez, rector de la institución, invitó a la comunidad educativa a contemplar la vida del santo como una pedagogía viva, capaz de dialogar con los desafíos actuales. Al recordar su historia personal, subrayó que, pese a las limitaciones físicas que marcaron su vida, el Hermano Miguel fue un ejemplo de coherencia y entrega: “a pesar de tener los pies torcidos, siempre siguió el camino recto”, una imagen que —señaló— resume la forma en que la fe, el conocimiento y la vocación educativa pueden transformar realidades y marcar generaciones.
Ese mismo sentido fue reforzado por el cardenal Cabrera durante la homilía, al destacar el impacto espiritual y social de la visita de las reliquias, especialmente entre niños y jóvenes. El prelado expresó su gratitud a la comunidad lasallista y afirmó que la presencia del Santo Hermano Miguel en Guayaquil “hará maravillas, como Dios lo hizo en su propia vida”, exhortando a vivir esta experiencia no solo desde la devoción, sino como un impulso para formar ciudadanos con valores, sensibilidad social y esperanza activa.

La comunidad como herencia viva
Para Andrea Ramírez, docente de Lengua y Literatura de la institución, la procesión fue una invitación a reencontrarse con una tradición educativa que ha marcado generaciones. Destacó que la educación lasallista no se limita a la transmisión de contenidos, sino que apuesta por una formación integral, atravesada por la fe, la ternura y el amor por aprender. “El Hermano Miguel hizo de la santidad algo cotidiano: el aula, la disciplina y el acompañamiento cercano a niños y jóvenes”, señaló, al tiempo que subrayó la vigencia de su legado en la labor docente actual.
Desde la experiencia de quienes fueron formados bajo este carisma, Mario Pacheco, exalumno y hoy docente de Matemáticas, coincidió en que la jornada removió memorias y vocaciones. “Recordamos cómo fuimos educados, el valor del servicio, la fe y el sentido de hermandad. Como profesor, fue un llamado a renovar nuestra misión y a educar desde el ejemplo”, afirmó, evidenciando cómo la figura del santo continúa siendo un referente activo para la comunidad educativa.
Voces jóvenes y una fe que inspira
La vivencia también tuvo un profundo eco entre los estudiantes. Geovanna Almeida, alumna de segundo de bachillerato, calificó la procesión como una experiencia gratificante, no solo por acompañar las reliquias, sino por compartir el camino con otros colegios, fortaleciendo el sentido de unidad y pertenencia. En la misma línea, Camila Chichanda destacó que conocer más sobre la vida del Santo Hermano Miguel la motivó a no rendirse ante las dificultades y a confiar en que el esfuerzo y la perseverancia permiten levantarse incluso después de caer.

Más allá del acto religioso, la visita de las reliquias se proyectó como un acontecimiento cultural y ciudadano. En el coliseo institucional se desarrolló un programa artístico que incluyó presentaciones musicales, danzas tradicionales y una obra teatral dedicada al santo, integrando fe, identidad y expresión artística.
Un legado que sigue caminando
Dieciséis años después de su última visita a la ciudad, la presencia de las reliquias del Santo Hermano Miguel dejó en Guayaquil un mensaje claro: la educación sigue siendo una de las vías más poderosas para transformar la sociedad.
La travesía del Santo seguirá por otras provincias del país. Se prevé la siguiente al santuario apostólico de Napo del 1 al 8 de marzo, según informaron autoridades de la institución.