Guayaquil

Testimonios del COVID-19: "Fue un milagro... pero también una negligencia"

La familia de Alba Maruri, la paciente "resucitada", habla con EXPRESO. Acaba de entregar las cenizas del otro cuerpo al Ministerio de Salud. 

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Aura y Laura Maruri, en la entrevista en la que cuentan a EXPRESO que ya se entregaron las cenizas equivocadas.Blanca Moncada / EXPRESO

Alba Maruri ha resucitado para el Registro Civil, luego de haber sido declarada muerta el pasado 27 de marzo, horas después de entrar al Hospital Guayaquil, en el suburbio, con un cuadro que primero fue diagnosticado como cetoacidosis diabética, en un dispensario, y luego como presunto COVID-19, en esa casa asistencial.

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El caso, ahora emblemático para Ecuador y el mundo, tuvo desenlace el pasado 27 de abril, cuando las cenizas de alguien que nunca fue Alba fueron retiradas de la casa de los Maruri por un equipo del Ministerio de Salud.

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Le dijeron a los parientes de Albita, como le dicen en casa, que “ya habían aparecido los deudos” del cuerpo que fue entregado por error y que suplió el de Alba, quien, en cambio, estuvo todo este tiempo en cuidados intensivos con pronóstico reservado.

“Eso (lo de las cenizas) ya se arregló por interno. El Ministerio de Salud dice que ya aparecieron los familiares. No quise indagar, porque no me interesa”, insiste Laura, sobrina de Alba, como quien manda a no meter las narices del curioso en entierro ajeno.

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Aura Maruri, hermana de Alba Maruri, revisa un álbum de fotos.Blanca Moncada / EXPRESO

¿Milagro? Sí, pero no.

Al día siguiente de conocer la noticia de su resurrección por una “comitiva especial” del Ministerio de Salud, una parte de los Maruri fue al hospital a constatar que era verdad, que la persona de la foto en una camilla era su Albita querida.

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“Allí estaban los del ministerio, con el rabo entre las piernas”, recuerda Laura con algo de enojo en su voz, pues afirma que desde el comienzo hubo problemas con ese hospital.

“Primero porque no querían atenderla, después porque no aparecía el cuerpo ni el acta de defunción en el Registro Civil para su correspondiente cremación… Y todo porque en el hospital no gestionaron”.

Si hubo este error con el cuerpo, explica, fue porque cuando los Maruri lo retiraron, casi una semana después, un sobrino de Albita vio al “cadáver de una persona con las características de ella”, pero nunca pudieron verle la cara, porque era foco de contagio y era mejor “verla de lejitos no más”.

El espejo del terror

Por esos días, los Maruri vieron cómo familias enteras desesperaban al pie del hospital por noticias de sus parientes internos. “Y ni qué hablar de los muertos, los amontonaban como saco de papa”, describe Laura.

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“¿Cuántos casos no habrá así?”, pregunta con ironía. Sabe que hay decenas de cuerpos de los que aún no se conoce el paradero en medio de esta emergencia sanitaria que tiene al mundo de cabeza, a Guayaquil, paralizada, con miles de muertos, y a Ecuador con un registro de 24.258 contagios a la fecha y 871 fallecidos oficiales.

“Piden disculpas, bien. ¿Y el daño emocional? Eso queda en nuestros corazones. La gente ha muerto en sus casas durante esta emergencia. De eso nadie va a olvidarse…”

Lo de mi tía fue un milagro… pero también una negligencia. Fue declarada muerta en papeles y eso solo responde a incompetencia.

Laura Maruri, sobrina de Alba.

La recuperación de la niña

Admite que con este "error garrafal", el personal de Salud ha actuado. “Nos prometieron que arreglarían los papeles y así lo hicieron”, cuenta Laura. El documento que declara viva de nuevo a Albita ya está en casa.

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Ella se recupera. Tan buena fue la evolución, que no necesitó entubarse oxígeno, explica la sobrina.

Ella no sabe nada de lo que ha ocurrido. De hecho, cuando vio a los suyos en el hospital, lo primero que hizo fue pedir ir a casa. “Es que Albita es una niña 74 años”, explica su hermana, Aura.

A muy temprana edad, los médicos advirtieron a sus padres que “la niña” crecería en condiciones especiales, por un retraso que le daría problemas en el aprendizaje. “Por eso solo terminó la escuela, por eso nunca se casó y por eso, en su habitación, todavía tiene muñecas y osos de peluche. Es una señorita”, recalca su hermana, de 68 años, quien la cuida desde que sus padres murieron.

Captura
Aura Maruri muestra una foto de Alba.Blanca Moncada / Expreso

Vuelta a la vida

Hubo una indemnización de la que la familia prefiere no hablar, porque para todos el apuro de los trámites mortuorios, las filas en la funeraria para cremar el cuerpo, la agonía por recuperar el cadáver y el luto de haber perdido a Albita aún no se borran, ni aunque ahora sepan que ella nunca murió.

“Todo este tiempo creyendo que estábamos velando la ceniza de mi tía. Las heridas... el trauma psicológico, el estado emocional de mi tía Aura por perder a su hermana… Todo. Ni siquiera nos hicieron prepararnos para la noticia”.

Según el avance de su recuperación, Albita podrá salir del hospital. Su familia ya prepara la bienvenida. Mientras, las autoridades investigan responsabilidades de este hecho catalogado por el ministro de Salud como "espeluznante".