Guayaquil

Coronavirus en Ecuador: Amor de madre, infinito hasta en pandemia

Dolores de luto, distancias y preocupaciones envuelven la fecha, por la emergencia sanitaria.

Familia de luto. día de la madre
La familia Flores Banchón perdió a su madre, Flora, a inicios de abril.Valentina Encalada / EXPRESO

Hoy, muchos se abstienen de visitar a sus madres, para evitar contagios por COVID-19, otros, ni siquiera pueden imaginarse cerca, pues quedaron atrapados en una tierra lejana al hogar donde espera una madre preocupada, algunos, los más afortunados, podrán abrazar a sus progenitoras y otros tantos debieron decirle adiós en el marco de esta emergencia.

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La pandemia abrió una herida que costará sanar. EXPRESO se acerca a cuatro historias que reflejan diferentes realidades en este Día de la Madre, y aproxima a muchos hijos a casa en esta edición especial, que incluye un buzón de mensajería para que las madres lectoras de este Diario reciban el saludo de sus hijos hoy.

El virus ha trastocado la vida a todos y la tradición de las rosas y la serenata, en muchos casos deberá esperar a que pase la tormenta, no solo por la decisión misma de cada hijo de evitar el contacto con su progenitora, sino por las medidas de restricción de movilidad que, al menos en Guayaquil, siguen en rojo.

Será un día de la madre marcado por la distancia, que intentará acortarse a través de conexiones en videollamada para quienes tienen la suerte de tener aún la posibilidad de hablar y ver sonreír a la mujer que los trajo al mundo, como lo harán Bismark Arana y Lina Ortega. El primero por no poder salir de casa y la segunda por haberse quedado atrapada en Guayaquil y no poder volver a su natal Colombia.

En ciertos hogares, la fecha pasa factura con una madre enferma, postrada junto a un tanque de oxígeno tras ser contagiada del virus, pero que se niega a ser derrotada por la enfermedad, como es el caso de Ángela Zambrano, un roble de 94 años que sigue en pie y que hoy es homenajeada por sus hijos, en casa.

En cambio, será un domingo amargo para la familia de Karla Flores. Su madre, Flora Banchón, fallecida por presunto COVID-19 a inicios del mes pasado en el hospital del IESS de Ceibos, dejó la casa en silencio. Karla, sus hijos y sus hermanos, respetan la integridad del dormitorio de Flora hasta hoy, porque, dicen, “es como si aún estuviera allí”.

Para todas, el amor de sus hijos sigue intacto. Infinito. Eterno.

Homenaje a Flora Banchón: “Ella era todo para nosotros” 

Flora Banchón
Un retrato de Flora Banchón conservan sus hijos en su casa de Durán.Valentina Encalada / EXPRESO

El sillón rojo vació, al pie de la cama tendida. La cama, vacía también. La máquina de coser cubierta con una tela. Flora Banchón ha muerto hace un mes; pero sus hijos no han movido nada de su dormitorio.

“Es que parece que ella sigue allí”, dice Karla, su hija mayor. Viste de negro aún. La ausencia duele y el dolor transmuta en lágrimas apenas habla de Flora.

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Respira. No lo entiende. Todo pasó tan rápido. Primero esos síntomas, luego la hospitalización, luego la muerte. La muerte que duele, que desgarra como la tos seca que tuvo a su madre postrada en una cama del IESS de Ceibos hasta el 3 de abril pasado, cuando murió.

Mi madre era mi amiga. La extraño, la amo. Esto ha sido un golpe que no puedo describir. Mi abuelo también murió”.

Karla Flores

Los Flores Banchón perdieron todo con la partida de Flora. Así lo resume Karla. “Era padre, era madre, era un consejo, era el apoyo de la familia, de sus hijos y sus nietos. Siempre pendiente de todos”.

Si alguien enfermaba, Flora estaba al frente, si alguien cumplía años, Flora estaba al frente, si a alguien le faltaba algo, Flora llegaba y se lo daba. Flora muere y deja a todos los que la conocieron sin el jardín de su solidaridad y entrega. Deja el sillón rojo vacío.

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“Este pesar... este dolor es inexplicable”. Habla Karla de nuevo. Roger, su hermano, prefiere no hacerlo. Dice que no llorará frente a la cámara; pero también está de negro completo. Su ropa llora por él. Igual que las prendas de sus sobrinos, los hijos de Karla, que viven en casa.

Rolando y Gabriela, los otros hijos de Flora, están cada uno en sus hogares. No han podido abrazar a sus hermanos. Gabriela espera un bebé estos días. El nieto nuevo, el que Flora no conocerá.

La Primavera 2, en Durán, calla también la ausencia de Flora. Era de esas vecinas que mantenía la tradición de pasar platos de comida a los de al lado. Su comadre, Azucena Suárez, fue de las primeras en llorar su muerte. En el barrio, los vecinos, algunos, se conocen tantos años que casi son familia; pero nadie pudo ir a decirle adiós a Flora. El virus les robó la despedida.

Hoy, los hijos de Flora Banchón guardan en el cajón de la nostalgia la celebración tradicional que rodeaba a su madre todos los años. “Ni siquiera podré llevarle flores”, lamenta Karla que mira el sillón rojo vacío, la cama vacía... que siente el alma vacía y grita al cielo: Feliz día, Flora Banchón.

Homenaje a Ángela Zambrano: “nos ha dado a todos una lección de vida”

Ángela Zambrano
Edilma y Miguel Saénz, junto a su madre, Ángela.Valentina Encalada / EXPRESO

Contra todo pronóstico, Ángela Zambrano, paciente de COVID-19, pasa con 2 de sus 7 hijos vivos, de los 10 que parió, este Día de la Madre, a 3 días de cumplir 95 años.

Tiene casi un mes postrada en la cama y su sobrevivencia es hoy símbolo de fortaleza para su hija Edilma Sáenz, quien junto a su hermano, Miguel Sáenz, y toda su familia, ha luchado para mantener estable a Ángela, el roble al que hoy le rinde honores y bienaventuras.

El aparato para medir el oxígeno está encendido en el dedo índice de Ángela. Sigue delicada, pero ahora come más, está lúcida y mucho más tranquila que cuando empezó esta pesadilla.

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Lo peor ya pasó, dice Edilma sentada en la sala de la casa que la vio crecer. “Ahora más que nunca puedo reconocer y valorar la fortaleza de mi mamá. Tiene una determinación por vivir que no imaginábamos. Pese a todo, ella sigue luchando. Es una valiente”.

Este Día de la Madre no llevará a Ángela a comer, ni a escuchar los conciertos del malecón del Salado; pero será una jornada mucho más especial. “Hay personas para las que será un día triste. Yo amaneceré agradeciendo a Dios que mi madre está con vida”.

Las personas que escuchan la historia de mi madre coinciden en que es un verdadero milagro que esté viva.

Edilma Sáenz

Describe a la mujer que la trajo al mundo como un ser solidario. “Incluso de adulta mayor cuidó hasta el final a uno de sus hermanos”. Esa virtud la sembró muy bien en sus hijos, asegura Edilma.

Ángela es tan dada a la familia, que, no importa el parentesco, siempre es la que primero recuerda las fechas de cumpleaños. De hecho, así, convaleciente como está, el 28 de abril le cantó el ‘Happy birthday’ al yerno que vive con ella, el esposo de Edilma, Vidal López.

Cuando EXPRESO llegó a casa de Ángela, ella estaba despierta. “Aquí estoy, dando guerra. Mejorándome. Bien fuerte. Ya mismo es mi cumpleaños. Quiero me manden un saludo. Es el 13 de mayo, cumplo 95...”.

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A Edilma y a Miguel, los hijos que la acompañan en esta emergencia, los emociona esta actitud. “Nos ha dado a todos una lección de vida, de lucha, de perseverancia...”, resalta Edilma. “Ha sembrado bien”, repite Miguel.

Contra todo pronóstico, Ángela Zambrano, paciente de COVID-19, celebra un Día de la Madre diferente, en medio de una pandemia en la que se inmortaliza como heroína.

Homenaje a Petita Mite: “Me toca disfrutar a mi mami por llamada”

Bismarck Arana
Bismark Arana acomoda un retrato de su madre, Petita, en la pared.Valentina Encalada / EXPRESO

Cada amanecer del segundo domingo de mayo, Bismarck Arana Mite, un comunicador y catedrático universitario, viajaba de Socio Vivienda 1, donde tiene su casa, a la Floresta, adonde creció y vive su madre, Petita Mite; pero la pandemia, como a todos, le arrancó la tradición.

Si no hubiera aislamiento, Bismarck hoy habría llegado con un obsequio y, horas más tarde, habría agasajado con una serenata a mi mamá. A cambio de eso, hará una videoconferencia, cuenta a EXPRESO.

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“Me toca disfrutar a mi mami por llamada”, dice con resignación, consciente, sin embargo, de que le salió barato el Día de la Madre. A diferencia de otras familias, no ha tenido a su progenitora enferma y mucho menos ha tenido que lidiar con un luto dentro de la familia más cercana.

A Petita Mite le encanta la música. En años anteriores, Bismarck le llevó al imitador de Ricardo Arjona, uno de sus cantantes favoritos, y en otra ocasión, a un grupo de vallenato bailable. Su único varón reconoce que será un Día de la Madre diferente, pues el contacto a través del celular no se compara al presencial.

Cada uno de mis logros se lo dedico a mi madre, que siempre ha estado allí, siendo el pilar más importante de mi vida”.

Bismarck Arana

No la tengo cerca. No le voy a poder a dar ese abrazo y ese beso”, lamenta.

Petita es de esas madres que cuidan tanto a sus hijos que su presencia es inevitablemente invaluable. Ahora que tiene que marcar distancia para evitar contagios, Bismarck reconoce, por ejemplo, que ha tenido que pedirle asistencia para aprender a cocinar.

Es a ella que le atribuye todos sus logros profesionales. “Mi mamá es todo. Es una luchadora. Defiende lo que considera justo siempre. Y es muy fuerte para lograr todo lo que se propone”, describe.

“Quisiera seguir disfrutando muchos años más el segundo domingo de mayo con ella, que nunca me falte. Hoy me gusta estar en con ella, pero no puedo”.

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Este amanecer, Bismarck tiene previsto llamar a su mami temprano y disfrutarla por llamada.

Homenaje a Rosa Soto: "No sé cuándo regresaré a casa, pero tenerla viva es una bendición"

Lina Ortega
Lina Ortega, durante una videollamada con su madre, que está en Colombia.Valentina Encalada / EXPRESO

Hoy Lina estaría en casa celebrando a su mamá, Rosa Soto; y no solo eso, también cumple 37 años. Viajó a Guayaquil desde Colombia para pasar sus vacaciones donde una tía, pero no imaginó que una semana de paseo, se convertiría en casi dos meses de cuarentena.  

El día que se supone Lina regresaría a Medellín, se convirtió en una pesadilla. “La aerolínea en la que se supone viajaría canceló mi vuelo y nunca tuve respuesta, me quedé en el aire". Fue cuestión de semanas para que Guayaquil fuera noticia internacional, anunciada como el epicentro del coronavirus en América Latina, eso angustió a todos en su casa.

La sensación de no poder regresar a su país para ver a su familia le provoca sentimientos encontrados. Tristeza, impotencia, ansiedad y confusión. "Cuando intenté volver al aeropuerto para comprar un boleto, me enteré que la alcaldesa había ordenado el bloqueo de la pista; en ese momento me puse a llorar". Pensó en todo, pensó en mamá.

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En medio de una pandemia que no le asegura nada, peor aún su bienestar, sabe que tiene algo más importante, el amor de madre. Y aunque de distancia se trate, la siente casi como si estuviera a su lado; porque siendo la menor de casa, estar lejos en esta situación, nunca estuvo en sus planes.

Su comunicación con su mamá es constante, la llama al despertar y en las noches antes de dormir. Estos días de aislamiento, le han permitido recordar por qué hoy más que nunca le agradece sus cuidados y su amor incondicional. "Los abrazos serán muchísimos cuando nos encontremos".

De su mamá destaca su comprensión y fuerza que le da cada día que pasa. La anima a no perder la esperanza de un vuelo humanitario que la regrese a casa con su familia.

Al igual que ella, más de 100 colombianos se quedaron atrapados en Guayaquil. Siguen esperando una respuesta por parte del consulado. 

"Los abrazos serán muchísimos cuando nos encontremos".

Lina Ortega