Guayaquil

El arte de ‘visualizar’ a Guayaquil a través de sus olores y sus sonidos

Cinco niños y jóvenes no videntes relatan cómo perciben al Puerto Principio

Jimmy Montenegro
Jimmy Montenegro, de 11 años de edad, camina por la ciudadela Pradera donde vive.Alex Lima

Ellos identifican los lugares por sus olores y sonidos, no se dejan arrastrar por lo que se ve a simple vista, tienen el arte de desarrollar sus otros cuatro sentidos. Son cinco niños y jóvenes no videntes.

“Guayaquil huele a chocolate”, dice Jimmy Montenegro, de 11 años de edad.

Llega a esa conclusión porque vive en la ciudadela La Pradera, ubicada en el sur de la ciudad, y cuando sale de casa rumbo al centro o norte de Guayaquil, pasa por la calle Domingo Comín donde se levanta una empresa que elabora bombones (Nestlé). Más adelante cuando la calle cambia de nombre a Eloy Alfaro, pasa por una segunda fábrica donde también se procesa el cacao (La Universal).

La opinión de Jimmy trae a la mente aquellos días de los años 1800, cuando la calle Panamá era reconocida porque ahí se secaban las pepas del cacao. “Guayaquil es chocolate”, piensa. Y sí, no se equivoca.

Cuando salgo de paseo percibo que Guayaquil tiene un olor a arroz con menestra y pescado. El Malecón huele a helado de chocolate, ese es mi preferido.

Sergio Palma, niño de 12 años de edad

Sin embargo, el olor con el que estos chicos identifican al Puerto Principal, que cumple 485 años de fundación, varía según el lugar donde viven o transitan. “Para mí, Guayaquil tiene un olor salubre”, indica Luisa Gutiérrez, de 31 años de edad. Y esto es porque ella vive en Durán y para venir al Puerto Principal pasa por los puentes que están sobre el río.

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Para Piero Miranda, de 10 años de edad, el olor que caracteriza a la ciudad es el café, él percibe el aroma cuando va para su casa, en Mapasingue, y la Metrovía pasa por la avenida Carlos Julio Arosemena, cerca de la ciudadela Bellavista.

Otros olores que describen son del arroz con menestra y chuzo, o con pescado frito. Es lo que perciben Josué Mieles, de 19 años de edad y Sergio Palma, de 12. En efecto, ellos describen otra de las características de la ciudad, que es su gastronomía. La percibían cuando antes de la llegada del coronavirus, salían de paseo con sus familias o camino a sus clases. “La ciudad huele a comida deliciosa”, dicen entre risas.

Jimmy concuerda con ellos y a ese punto le agrega un olor adicional: a encebollado. El platillo que le fascina y que, asegura, lo distingue al pie de su casa, fuera de los mercados o simplemente por donde camina, explica.

Josué Mieles y Nancy Mite
Josué Mieles, de 19 años de edad, pasea junto a su madre, Nancy Mite. Al caminar le gusta percibir el aroma de la comida.Alex Lima

Hay sectores de la urbe que tienen un olor característico: a lo largo de la calle Ayacucho huele a aceite de autos; en la calle Los Ríos y ciudadelas como Sauces VI y IX sobresale el aroma de los cangrejos. Y no hay un barrio donde, concuerdan, un asador de pollos no haga llegar a su olfato el perfume de los aliños.

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Luisa, la mayor del grupo, por su edad puede transitar por más lugares de la urbe. Entonces dice que cuando camina por la bahía, “Guayaquil huele a nuevo”. Sonríe y explica que por los productos que allí se venden.

Un amanecer de Guayaquil huele a bolón con chicharrón y queso, tortillas o muchín, ya sea porque sus madres se lo preparan en casa o porque, cada que pisan la calle, escuchan a los comerciantes vocear una y otra vez estos productos.

Al ir a mi casa, que está en Mapasingue, la Metrovía pasa por Bellavista y allí huele a café. El Malecón huele a flores. Suelo escuchar carros grandes y aviones en el norte...

Piero Miranda, niño de 10 años de edad

Y es que a la ciudad, ellos la identifican también por los sonidos. Saben que no han crecido en una metrópoli silenciosa, sino en una donde el claxon de los vehículos y la música que sale de los parlantes, nunca deja de sonar. Y eso, advierten, por ratos los perturban. Pero les agrada el murmullo de las pláticas en la calle, por considerar que ello une a la familia y los amigos.

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El sonido que disfrutan son los aplausos, porque ellos son parte del coro Nota de Luz, de la Escuela Municipal Cuatro de Enero (donde estudian), por eso el lugar preferido de Jimmy es el Palacio de Cristal, donde se ha presentado junto a sus compañeros.

Todos están enamorados del malecón Simón Bolívar por su olor a flores y el cantar de los pájaros. A ellos les encanta ir a este lugar y alegrar el corazón con los aromas y sonidos que hay más allá del cemento.

¿Y para usted, cuáles son los olores y sonidos agradables de Guayaquil?