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Diario Expreso Ecuador

Histórico bronce para Ecuador en el International Cheerleading Cup de Orlando

Con una rutina impecable, Ecuador obtuvo el tercer puesto en la categoría All Girl Elite en EE. UU., consolidándose como una potencia regional en la disciplina

El equipo ecuatoriano celebra la histórica medalla de bronce en Orlando.

El equipo ecuatoriano celebra la histórica medalla de bronce en Orlando.Instagram: @fecucheer

Valeria Alvear
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Lo más destacado del bronce en Orlando

  • Histórica remontada: Tras quedar sextos en semifinales por fallos técnicos, el equipo corrigió la rutina y escaló al tercer puesto, superando a potencias de Europa en la final.
  • Hito en la categoría: Ecuador destacó como el único representante de Latinoamérica en el nivel 6 All Girl Elite, logrando el bronce frente a delegaciones de alto nivel mundial.
  • Impulso al deporte: Las seleccionadas ven este triunfo como un llamado para recibir más apoyo institucional, demostrando que el país tiene potencial para brillar en el cheerleading.

La selección de la Federación Ecuatoriana de Cheerleading (ICU) dejó su huella en el escenario internacional tras obtener la medalla de bronce en la categoría All Girl Elite nivel 6, durante su participación en el ICC, International Cheerleading Cup, disputado en Orlando, Florida.

El equipo ecuatoriano compitió ante delegaciones de Alemania, Francia y República Checa, países con amplia trayectoria en esta disciplina. En total, fueron siete equipos en competencia, lo que elevó el nivel de exigencia en cada presentación.

ICU vs. ICC: dos formatos, una misma base competitiva

La participación de Ecuador en el ICC, International Cheerleading Cup, marcó una diferencia clave frente a su experiencia previa en el circuito ICU. Mientras en el formato ICU los equipos compiten como selecciones nacionales —con un solo representante por país—, el ICC responde a una lógica distinta: es una competencia de clubes, en la que pueden participar varios equipos de una misma nación.

Aunque la base del equipo ecuatoriano se mantiene, el cambio de formato implica una dinámica competitiva más amplia y diversa. En esta edición, por ejemplo, hubo países con más de un equipo en la misma categoría, lo que elevó el nivel de exigencia y multiplicó las posibilidades de enfrentamiento.

En ese contexto, Ecuador destacó no solo por su rendimiento, sino también por su singularidad. Fue el único representante latinoamericano en la categoría All Girl Elite nivel 6, frente a delegaciones europeas con mayor presencia numérica. Esta condición reforzó el valor de su desempeño, al competir en un escenario dominado por potencias tradicionales del cheerleading.

Una semifinal cuesta arriba

Ese escenario competitivo se reflejó desde la primera jornada. Durante la semifinal, la selección ecuatoriana se ubicó en el sexto lugar tras recibir penalizaciones por ejecuciones que no se ajustaron completamente al reglamento técnico.

Estas observaciones, conocidas como “ilegalidades” dentro del cheerleading, influyeron directamente en la puntuación. Sin embargo, el equipo logró identificar que, sin esos errores puntuales, el resultado los habría situado en posiciones de podio.

A partir de ese diagnóstico, la estrategia para la siguiente presentación se enfocó en corregir detalles específicos sin reducir el nivel de dificultad de la rutina. El objetivo era claro: mantener el riesgo, pero con mayor precisión en la ejecución.

Ajustes técnicos que marcaron la diferencia

Para la jornada final, la selección realizó modificaciones puntuales basadas en las observaciones de los jueces. Se priorizó la limpieza en la ejecución, especialmente en posiciones y transiciones, sin dejar de lado los elementos de riesgo que caracterizan al nivel 6.

La rutina ecuatoriana destacó por sus elevaciones complejas, la energía del “cheer” inicial y una propuesta equilibrada entre dificultad y precisión. Este enfoque permitió mejorar significativamente la puntuación y escalar posiciones en la tabla general.

La fortaleza mental que impulsó el bronce

Pero el ajuste no fue únicamente técnico. También implicó un cambio en la gestión emocional del equipo. Con la rutina ya interiorizada y tras superar la primera presentación, las deportistas lograron desenvolverse con mayor seguridad en escena. “Después de la primera presentación te sientes más segura, más tranquila, puedes disfrutar más la rutina”, explicó Génesis Casanova, integrante del equipo. 

Esa confianza se trasladó directamente a la ejecución. La sincronización, la limpieza en los movimientos y la firmeza en los elementos de mayor dificultad marcaron una diferencia en la presentación final. Aun así, el resultado permanecía abierto.

Cuando nombraron a Ecuador en el podio fue muy impactante, no lo esperábamos por lo que habíamos visto en la hoja de calificación”, recordó Casanova. El anuncio rompió la tensión acumulada y dio paso a una reacción inmediata, atravesada por la emoción y el alivio.

El salto del sexto lugar en semifinales al tercer puesto final evidenció no solo una mejora en lo técnico, sino también una respuesta sólida ante la presión. “Este logro es como una palmada en la espalda, una forma de ver que todo el esfuerzo sí se reflejó”, concluyó.

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Más que una medalla: un mensaje para el país

El bronce conseguido en Orlando no solo representa un logro deportivo, sino también un punto de inflexión para el cheerleading ecuatoriano. Para las integrantes del equipo, el resultado tiene un alcance mayor: visibilizar una disciplina que aún busca consolidarse dentro del país.

Este resultado nos pone en el mapa como deporte en Ecuador”, afirmó Génesis Casanova, quien además subrayó que la medalla funciona como una señal directa hacia quienes toman decisiones en el ámbito deportivo. “Es una forma de alzar la mano y decir que este es un deporte en el que el país tiene mucho potencial y mucho futuro”, añadió.

El bronce en Orlando impulsa la visibilidad y consolidación del cheerleading ecuatoriano.

El bronce en Orlando impulsa la visibilidad y consolidación del cheerleading ecuatoriano.instagram:@fecucheer

Desde dentro del equipo, el análisis es claro: el crecimiento ha sido sostenido, pero aún limitado por las condiciones. Casanova reconoce avances progresivos, aunque insiste en que el respaldo institucional sigue siendo insuficiente. “Con más apoyo podríamos incluso traer mejores resultados. Si hemos logrado esto con poco o casi nulo respaldo, imagínense lo que se podría alcanzar con mejores condiciones”, sostuvo.

Entre las necesidades identificadas, menciona la importancia de fortalecer la infraestructura y la formación técnica. “Se requieren mejores instalaciones, más presupuesto para capacitar a los coaches, contratar coreógrafos y desarrollar campamentos o clínicas para las atletas”, detalló.

Más allá de lo competitivo, el impacto también se proyecta en lo social. Para el equipo, este tipo de resultados puede abrir nuevas puertas dentro del país. “Este logro influye de manera positiva para que más ecuatorianos sepan que este deporte existe”, explicó Casanova, quien considera que la visibilidad es clave para atraer a nuevas generaciones.

En ese sentido, el bronce no solo cierra un ciclo deportivo, sino que plantea un nuevo escenario para el cheerleading en Ecuador: uno en el que el talento ya ha dado señales claras y ahora espera respaldo para sostener su crecimiento.

Un logro que inspira a nuevas generaciones

El impacto del resultado no se limita al podio. Para el equipo, la medalla también representa una oportunidad para que el cheerleading motive a nuevas generaciones a integrarse en la disciplina.

Que más niñas, niños y jóvenes se sientan motivados a unirse al deporte y también tengan ese sueño de representar al país”, expresó  Casanova, al referirse al alcance que puede tener este logro más allá de la competencia.

En medio de la emoción por la final, el equipo también tuvo un momento de reflexión antes de salir a escena. Según relató la atleta, el grupo decidió dedicar su última presentación como un gesto colectivo. “Nuestra capitana nos dijo, justo antes de salir a la pista, que queríamos dedicar esta rutina a Dios, a nuestros coaches, a los directivos, a nosotras mismas, a nuestras familias y a todos los ecuatorianos que estaban pendientes apoyándonos”, recordó.

Con ese mensaje, la rutina final no solo marcó el cierre de una competencia, sino también de un proceso compartido. La medalla de bronce, en ese contexto, se convierte en el reflejo de un esfuerzo colectivo que trasciende lo deportivo y se proyecta como un punto de partida para el crecimiento del cheerleading en el país.

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