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La trampa del “final feliz” marcó toda una generaciónFREEPIK

Síndrome de los “finales felices”: quienes nacieron en los 80 y 90 fueron engañados

La idea de que la felicidad llega al cumplir ciertas metas sigue influyendo en la vida adulta de toda una generación

Ya sea a través de películas infantiles, cuentos clásicos o comedias románticas, el mensaje del “y fueron felices para siempre” se instaló con fuerza en la cultura popular de los años 80 y 90. Para muchos niños de esa época, ese cierre narrativo se convirtió en una referencia sobre cómo debía funcionar la vida adulta: estudiar, formar una familia, lograr estabilidad económica y, con ello, alcanzar la felicidad.

Con el paso del tiempo, esa idea se trasladó a distintos ámbitos de la vida cotidiana. La felicidad empezó a asociarse con la consecución de objetivos concretos y medibles, más que con experiencias emocionales variables. Psicólogos advierten que esta forma de entender el bienestar sigue teniendo efectos visibles en la adultez, especialmente en la forma en que se gestionan la frustración y las expectativas personales.

El psicólogo Tal Ben-Shahar, profesor de la Universidad de Harvard y especialista en psicología positiva, definió este fenómeno como la falacia de la llegada. El concepto describe la tendencia a pensar que, al alcanzar una meta específica, la satisfacción personal será estable y duradera. Según sus investigaciones, esta creencia no se sostiene en el tiempo y genera desajustes entre lo que se espera y lo que realmente se experimenta.

La falacia de la llegada según la psicología

Desde la psicología, la falacia de la llegada se explica como una expectativa equivocada sobre el efecto emocional de los logros. Ejemplos frecuentes son creer que un matrimonio, un ascenso laboral o un aumento de ingresos eliminarán las preocupaciones de forma permanente. En la práctica, la sensación de bienestar asociada a esos eventos suele ser temporal.

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Diversos estudios sobre ganadores de la lotería muestran que, meses después del premio, la mayoría reporta niveles de felicidad similares a los previos. Este proceso se conoce como adaptación hedónica, y describe la capacidad del cerebro para ajustarse rápidamente a los cambios, incluso cuando son positivos.

Este mecanismo también ayuda a entender por qué muchas personas experimentan desánimo después de cumplir objetivos importantes. La expectativa previa suele generar una carga emocional mayor que el resultado final. Al comprobar que el logro no resuelve todos los problemas, el estado emocional tiende a estabilizarse.

En la actualidad, desde la psicología se propone una revisión de estas creencias. La atención se desplaza hacia la importancia del proceso, la flexibilidad ante el cambio y la aceptación de que la satisfacción personal varía con el tiempo. Esta mirada reduce la presión asociada a cumplir metas y permite interpretar los momentos de vacío sin asociarlos automáticamente con fracaso.

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