
Lo que toda mamá primeriza debería saber desde el primer latido
Entre la concepción y los primeros meses de vida, la ciencia y el cuidado temprano pueden marcar la historia de un hijo
Convertirse en madre por primera vez es una experiencia tan transformadora como abrumadora. El cuerpo cambia, las emociones se intensifican y aparecen preguntas que nunca antes parecieron urgentes: ¿cuándo comienza realmente la vida?, ¿qué influye en el desarrollo del bebé?, ¿qué señales no deben ignorarse al nacer? Para el doctor Leonardo Verduga Zambrano, especialista en Pediatría y Neonatología, la clave está en combinar ciencia, prevención y acompañamiento humano.
Con décadas de experiencia atendiendo recién nacidos -muchos de ellos prematuros o con condiciones complejas-, el médico insiste en que la información clara puede cambiar el destino de un niño. “Desde el instante mismo de la concepción ya estamos frente a un nuevo ser humano. No es parte del cuerpo de la madre ni del padre: es otra vida, con un ADN propio e irrepetible”, afirma.
¿Existe realmente un ‘destello’ al inicio de la vida?
En los últimos años, imágenes científicas captaron un fenómeno que llamó la atención del mundo: un halo de luz durante la fecundación. Para algunos, este hallazgo despertó interpretaciones simbólicas o espirituales. El doctor Verduga aclara su origen desde la ciencia: “No se trata de una explosión literal. Es una emisión de zinc que ocurre cuando el espermatozoide penetra el óvulo. Ese zinc crea un halo de luz cuya función es impedir que ingresen otros espermatozoides”.
Este fenómeno fue documentado por equipos liderados por la doctora Teresa K. Woodruff, en Estados Unidos, y confirmado por investigadores de la Universidad de Navarra (España) mediante microscopía electrónica. “La ciencia no inventa nada: descubre lo que ya existe. Las leyes de la química y la física ya estaban ahí”, señala el especialista.
El ADN: un mensaje único desde el primer segundo
Desde el punto de vista médico, el inicio de la vida no genera dudas. “En el momento de la unión del óvulo y el espermatozoide ya queda definido el código genético: sexo biológico, rasgos físicos, estatura y muchas características futuras”, explica el neonatólogo. Ese ADN es distinto al de la madre y al del padre, y comienza a multiplicarse desde el primer instante.
Sin embargo, este proceso puede verse afectado por múltiples factores. “La mayoría de las enfermedades tienen relación con los hábitos: lo que comemos, cómo dormimos, cómo manejamos el estrés y cuánto cuidamos nuestro cuerpo”, señala el médico.
Factores que pueden alterar el desarrollo embrionario
El especialista advierte que el desarrollo del embrión es especialmente vulnerable durante las primeras semanas de gestación. Entre los factores de riesgo más frecuentes menciona:
- Infecciones bacterianas o virales.
- Déficit de ácido fólico y hierro.
- Mala alimentación y consumo excesivo de ultraprocesados.
- Alcohol, tabaco y drogas.
- Estrés intenso y falta de descanso.
- Exposición a contaminantes ambientales.
- Falta de controles prenatales oportunos.
La consulta prenatal pediátrica: un paso clave que pocos conocen
Uno de los puntos que el doctor Verduga considera fundamentales -y aún poco difundidos- es la consulta prenatal pediátrica. “Lo ideal es que los padres conozcan al pediatra entre el cuarto y sexto mes de embarazo, especialmente cuando es el primer hijo”, recomienda.
Este encuentro no es solo médico, sino humano. “Ahí se construye la confianza. Ese será el profesional que acompañe a su hijo en los momentos más decisivos de su vida”, explica. En casos de embarazos de riesgo, añade, es preferible que el seguimiento lo realice un neonatólogo, pediatra con subespecialización en recién nacidos.
Un último punto que resalta es que, gracias a los avances médicos, hoy es posible salvar bebés que antes no sobrevivían. “Hace 60 años, un niño prematuro de menos de un kilo no tenía posibilidades. Hoy logramos sacar adelante bebés de 800 o 900 gramos”, comenta. Incubadoras, ventiladores y protocolos especializados han cambiado la historia de miles de familias.
Señales de alarma que no deben ignorarse
Tras el nacimiento, hay signos que requieren atención inmediata y que los padres primerizos deben conocer:
- Coloración amarilla antes de las 24 horas de vida.
- Dificultad para alimentarse.
- Llanto inconsolable o apatía extrema.
- Cambios de coloración (palidez o tono morado).
El especialista insiste también en la importancia de los tamizajes neonatales. “Unas gotas de sangre pueden prevenir muchas lágrimas”, dice sobre la prueba del talón (o pesquisa neonatal), que permite detectar enfermedades metabólicas tratables si se diagnostican a tiempo.
Mitos frecuentes en el cuidado del recién nacido
“Muchos errores se cometen con buena intención, pero con mala información”, advierte. Entre las creencias que más le preocupa desmentir, el doctor Verduga menciona:
- “Un niño sano no necesita ser despertado cada tres horas para comer”. El descanso es fundamental tanto para el bebé como para la madre. Si el recién nacido duerme y gana peso adecuadamente, la madre puede aprovechar ese tiempo para recuperarse y dormir también.
- El ombligo debe limpiarse únicamente con agua y jabón, no con alcohol. El alcohol puede irritar y quemar la piel sensible del recién nacido. Al tratarse de una herida en proceso de cicatrización, lo ideal es mantenerla limpia, seca y descubierta para favorecer su curación natural.
- Envolver o amarrar al bebé de forma rígida puede aumentar el riesgo de dislocación de cadera. El recién nacido debe permanecer boca arriba, con libertad de movimiento y las piernas ligeramente abiertas, respetando su postura natural.
El entorno emocional también alimenta
Más allá de la nutrición, el entorno afectivo tiene un impacto profundo. “La madre no solo gesta un cuerpo: también gesta bienestar”, afirma. El bebé percibe el estrés, la calma, la voz y el afecto desde el vientre, y después del nacimiento el vínculo sigue siendo esencial.
Para el doctor Verduga, el avance médico es más efectivo cuando va acompañado de empatía y acompañamiento humano; y para una mamá primeriza, comprenderlo puede ser el primer gran acto de cuidado consciente hacia su hijo.
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