César Febres-Cordero Loyola | 2027: votar, aunque no vaya a importar
La llave del dinero la tiene el presidente de la República, ahora más empoderado que nunca con una reforma al Cootad
Siempre es difícil hablar de persecuciones políticas en un país en el que la corrupción es la norma. Defender a los perseguidos de la arbitrariedad con la que se los trata, investigaciones rápidas y selectivas seguidas de castigos ilegales y desproporcionados, puede sentirse como la entrega de un respaldo político o personal que muchos preferiríamos no dar. Por eso, cada vez más gente prefiere hacerse la desentendida con la política. ¿Para qué desgastarse defendiendo a quienes creemos que, basados en harta evidencia, son por regla corruptos? Peor aún, ¿por qué exponerse a ser estigmatizado junto al político perseguido?
Esta forma de desidia se suma al desencanto por la política electoral. Ya lo vivimos en las presidenciales del año pasado: casi nadie quería poner un real en las campañas. Para algunos, detrás de eso estuvo la polarización, que repentinamente había regresado después de la especie de tregua que se vivió durante los primeros meses del noboato. Para otros, el proceder del presidente Noboa, autoproclamado “mal enemigo”, volvió a los emprendimientos electorales un negocio todavía más riesgoso de lo usual. Probablemente hubo algo de las dos cosas en juego. Pero es claro que nadie quería ser otro Jan Topic. De cara a las seccionales que se vienen, la suerte de Aquiles Álvarez y Cristian Zamora son nuevas advertencias. Quizá Marcela Aguiñaga sea la siguiente.
A esto hay que sumarle lo que ha sido repetido con insistencia: gane quien gane, la llave del dinero la tiene el presidente de la República, ahora más empoderado que nunca con una reforma al Cootad que faculta a su ministro de Finanzas a reducir el dinero que debe transferir a los GAD.
Con todo eso a la vista, se puede empezar a avizorar en el horizonte que las elecciones que vienen serán las menos importantes en años. Es cierto que antes decíamos eso porque la mayoría de los candidatos eran terribles, pero nunca antes los hubiéramos podido llamar irrelevantes. Si el oficialismo pierde, pero las cosas siguen en su curso actual, las seccionales del 2027 no serán más que una encuesta fácil de ignorar.