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Del libro a la gran pantalla@frankensteingdt

¿Libro o película? Cuando una historia cambia de formato y amplía su alcance

Una buena adaptación de un libro no reemplaza a la novela: la expone, la traduce y la acerca a nuevos públicos

Cada vez que una novela llega al cine o a una plataforma de streaming, la pregunta reaparece: ¿es mejor el libro o la película? Para Mariella Manrique, coach de escritura y literatura consciente, la discusión suele plantearse de forma equivocada. Más que una competencia, se trata de entender cómo una misma historia se transforma al pasar de un lenguaje a otro.

“El cine convierte la imaginación en imágenes concretas y eso amplía el alcance de la obra”, explica Manrique. Esa traducción visual permite que personas que no suelen leer se acerquen a una historia a través de una película o una serie. Ella misma observa este efecto de forma recurrente en sus clubes de lectura. “Muchas veces me piden leer un libro porque acaba de salir su adaptación audiovisual”, cuenta.

Ese cruce entre pantalla y papel se ha repetido en los últimos años. Obras de Claudia Piñeiro, como ‘El tiempo de las moscas’ o ‘Las viudas de los jueves’, volvieron a despertar interés tras sus versiones en streaming. “Siempre hay una ganancia en accesibilidad y expansión del público, sobre todo cuando, después de ver la serie, las personas buscan el libro”, señala.

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Este fenómeno no es nuevo. La saga de ‘Harry Potter’ es uno de los ejemplos más claros: primero fue un éxito editorial y luego un fenómeno cinematográfico que, lejos de desplazar al libro, motivó a muchos espectadores a regresar a la lectura. “Eso también influye en que se vendan más ejemplares”, apunta.

Algo similar ocurrió con ‘Romper el círculo’. Tras el estreno de su adaptación, surgió un debate que llevó a muchos espectadores a leer la novela. Manrique trabajó ese texto en su club de lectura del año pasado. “Analizamos la violencia contra la mujer y el círculo de violencia desde el libro, pero el punto de partida fue la película”, explica. En ese sentido, el audiovisual puede funcionar como detonante de lecturas más profundas.

Lo que cambia al adaptar una novela

La adaptación, sin embargo, también implica pérdidas. “En el cine suele reducirse la profundidad interior de los personajes”, advierte Manrique. Las novelas permiten monólogos internos, reflexiones extensas, juegos complejos con el tiempo y la memoria, además de un lenguaje cargado de matices. En la pantalla, esos recursos deben condensarse.

Otro caso reciente es ‘Cien años de soledad’, llevada al formato de serie. “La disfruté mucho y creo que capta la esencia del libro, pero hay cambios evidentes”, señala. Entre ellos, una narrativa más lineal, menor exploración de lo onírico y una profundidad distinta en algunos personajes. “Son ajustes propios del lenguaje audiovisual”, aclara.

Fidelidad al espíritu, no a la letra

Para Manrique, la clave de una buena adaptación está en comprender qué debe mantenerse. “La fidelidad no tiene que ver con reproducir cada detalle del texto original”, explica. Lo importante es conservar los conflictos centrales, la atmósfera y el tono emocional de la obra.

El cine, recuerda, responde a reglas propias: ritmo visual, montaje, fotografía, música y decisiones narrativas pensadas para la pantalla. “Una buena historia por sí sola no garantiza una buena película. Se necesita un guion sólido, una propuesta visual clara y decisiones creativas bien pensadas”, sostiene.

Elementos literarios que suelen transformarse en el cine:

  • Monólogos internos y pensamientos de los personajes
  • Lenguaje figurado y estilo narrativo
  • Estructuras temporales complejas
  • Matices culturales y contextuales

Frankenstein como ejemplo de adaptación

La versión de ‘Frankenstein’ dirigida por Guillermo del Toro ilustra bien este proceso. “Respeta el espíritu de Mary Shelley, aunque modifica gran parte de la historia”, explica Manrique. Personajes se fusionan, otros desaparecen y se crean nuevas relaciones, decisiones necesarias dentro del lenguaje cinematográfico.

Del Toro incorporó recursos visuales propios, como el uso del color para definir personajes y emociones. “En la novela hay largas reflexiones y monólogos. En la película, eso se expresa a través de imágenes y atmósferas”, señala.

Dos lenguajes, un mismo impacto

Para Manrique, tanto la novela como la película pueden dejar una huella duradera cuando están bien construidas. “Cada una conecta con su tiempo y con las inquietudes de quienes la reciben”, concluye. En ese cruce entre literatura y cine, la historia no se pierde: cambia de forma y encuentra nuevas maneras de permanecer.

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