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Rubén Montoya Vega | Todas son víctimas, todas

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La guerra que según Donald Trump “tomará dos o tres días”, lleva ya 20 de locura, regando sus tentáculos en países vecinos

La guerra que desató el presidente de EE. UU. (no su país, no su Senado, no su gente, no sus instituciones) contra Irán es una muestra cabal de que las víctimas en las guerras no son solo “el enemigo”, ni eso que los cínicos llaman “daños colaterales” para justificar el espanto. Las bajas son incontables y muchas de ellas no están donde se arrojan las bombas.

Que “la primera víctima de una guerra es la verdad” deberían enseñarlo en los colegios. Mienten quienes ordenan las guerras o las defienden desde la cobardía de sus escritorios limpios y sus almas sucias. Solo los que sufren en carne propia las maldicen. Porque al soldado lo alientan todos, pero es él quien regresa sin sus piernas.

Que la guerra es un negocio, también deberían enseñarnos. Y que los políticos son capaces de iniciarlas con cualquier pretexto, creíble o no, burdo o no, pero válido para sus cálculos o intereses. Un par de ejemplos para ilustrar: el primero es la guerra absurda entre El Salvador y Honduras por un partido de fútbol, en 1969. La pasión desbordada (¿imaginan a los comentaristas alentándola, con ese lenguaje tan básico de patada/puñete que los caracteriza?) los llevó a masacrarse. Más de 25.000 víctimas, entre muertos, heridos y desplazados. Pero fueron muchas más, ¿no cree? Un muerto tiene hijos, padres, hermanos, amigos…

El segundo es actual y devela al monstruo: el jefe de la lucha antiterrorista de EE. UU. (no un subalterno, no un exaliado, no un enemigo) acaba de renunciar porque está convencido de que la guerra contra Irán es innecesaria, pues este no representaba “ninguna amenaza inminente contra nuestro país”. Impactante.

La guerra que según Donald Trump “tomará dos o tres días”, lleva ya 20 de locura, regando sus tentáculos en países vecinos y en el mundo occidental, por sus consecuencias sociales y económicas. Es la guerra que a título de “daños colaterales” mató a 200 personas en una escuela de niñas, ¡de niñas!, en Teherán. Anote esto: la bombardearon varias veces.

Las víctimas de una guerra son incontables, se lo digo a usted. A usted que sería capaz de ir a una de ellas en cuanto un político cínico lo convoque.